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Agosto 24, 2019 21:16 hrs.

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La Palabra de Dios

Domingo 25 De Agosto 2019

Primera lectura
Is 66, 18-21
Esto dice el Señor:
"Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua.
Vendrán y verán mi gloria.
Pondré en medio de ellos un signo,
y enviaré como mensajeros a algunos de los supervivientes
hasta los países más lejanos y las islas más remotas,
que no han oído hablar de mí ni han visto mi gloria,
y ellos darán a conocer mi nombre a las naciones.

Así como los hijos de Israel
traen ofrendas al templo del Señor en vasijas limpias,
así también mis mensajeros traerán,
de todos los países, como ofrenda al Señor,
a los hermanos de ustedes
a caballo, en carro, en literas,
en mulos y camellos,
hasta mi monte santo de Jerusalén.
De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas’’.

Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 116, 1. 2
R. (Mc 16, 15) Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.
Que alaben al Señor todas las naciones,
que lo aclamen todos los pueblos.
R. Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.
Porque grande es su amor hacia nosotros
y su fidelidad dura por siempre.
R. Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.

Segunda lectura
Heb 12, 5-7. 11-13
Hermanos: Ya se han olvidado ustedes de la exhortación que Dios les dirigió, como a hijos, diciendo: Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda. Porque el Señor corrige a los que ama, y da azotes a sus hijos predilectos. Soporten, pues, la corrección, porque Dios los trata como a hijos; ¿y qué padre hay que no corrija a sus hijos?

Es cierto que de momento ninguna corrección nos causa alegría, sino más bien tristeza. Pero después produce, en los que la recibieron, frutos de paz y de santidad.

Por eso, robustezcan sus manos cansadas y sus rodillas vacilantes; caminen por un camino plano, para que el cojo ya no se tropiece, sino más bien se alivie.

Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Aclamación antes del Evangelio
Jn 14, 6
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, la verdad y la vida;
nadie va al Padre, si no es por mí, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 13, 22-30
En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?"

Jesús le respondió: "Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ’¡Señor, ábrenos!’ Pero él les responderá: ’No sé quiénes son ustedes’.

Entonces le dirán con insistencia: ’Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él replicará: ’Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí todos ustedes los que hacen el mal’. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera.

Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos’’.
Palabra del Señor
Gloria a ti Señor Jesús

Introducción
La lectura del profeta Isaías es una llamada a la universalidad de la fe en Dios. A pesar de que el templo de Jerusalén ha sido destruido por Nabucodonosor y el culto celebrado en él es muy precario, Dios anuncia que a él acudirán personas de todo el orbe con ofrendas, y les nombrará sacerdotes.

El salmo 116, en consonancia con lo que acabamos de escuchar al profeta Isaías, anima a todos los pueblos a alabar al Señor, pues es misericordioso con todos.

La carta a los Hebreos nos habla de la bondad de las correcciones que Dios nos hace. Debemos aceptar los castigos de Dios con buen ánimo y fortaleza, así seremos sanados por Él y maduraremos.

En el pasaje de san Lucas, Jesús nos habla de quién se va a salvar, y lo hace por medio de la parábola de la puerta estrecha, por la que entrarán personas de toda la tierra, mientras que otros que se tenían por salvados quedarán excluidos.

Fray Julián de Cos Pérez de Camino
Convento de Santo Domingo (Caleruega)

Comentario al Evangelio
Fernando Torres cmf

La fraternidad, condición de salvación

Aquel hombre que se encontró con Jesús estaba preocupado por el número de los que se iban a salvar. Si el cupo de los que van a entrar en el cielo es limitado, es de suponer que las pruebas de acceso serán más complicadas. Para entrar en el cielo tendríamos que pasar por una prueba como la que se hace para entrar en la Universidad. Sólo los mejores lo lograrían.

Pero la respuesta de Jesús no indica eso. No habla de que sea necesario un grado de santidad especial para entrar en el cielo. Por la respuesta de Jesús diríamos, más bien, que el que preguntaba no indagaba por el número sino por quiénes serían esos pocos. Y de alguna forma daba por supuesto que los que se salvasen serían los miembros del pueblo elegido: el pueblo judío. Entendiendo así la pregunta, se comprende perfectamente la respuesta de Jesús. Nadie puede dar por supuesto que está salvado por pertenecer a un determinado grupo. Hay que esforzarse por la salvación. Como se nos dice en la parábola del tesoro escondido en el campo, hay que vender todo lo que se tiene para obtener la salvación. Según Jesús, la puerta de la salvación es estrecha y vendrán muchos, de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur. Muchos que quizá no crean tener derecho, entrarán los primeros. Y muchos de los que se creen con derecho, se quedarán fuera.

¿Qué significa esto para nosotros? En principio, no pertenecemos al pueblo elegido. Somos de esos que vienen ’de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur’. Pero también es verdad que somos cristianos ya de muchas generaciones. Podemos pensar que tenemos derecho a la salvación por la sencilla razón de que ya nuestros abuelos y bisabuelos eran cristianos, iban a misa todos los domingos y cumplían los mandamientos. Jesús nos dice hoy que la salvación, nuestra salvación, depende también de nuestro esfuerzo personal, que no podemos dormirnos en los laureles. Pero sobre todo nos dice que no podemos excluir a nadie de la salvación. Esto es muy importante. En la salvación entramos en cuanto nos hacemos hermanos de todos. Si el mensaje fundamental de Jesús es decirnos que todos somos hijos de Dios, ¿cómo podemos pretender excluir a nadie de esa fraternidad? En la medida en que excluyamos a alguien, nos excluimos a nosotros mismos. No es que Dios nos cierre la puerta del cielo. Nos la cerramos nosotros mismos.

La puerta del cielo es estrecha. Para pasar por ella hay que cumplir con una condición obligatoria: vivir la fraternidad en el día a día de nuestra vida. Es lo que hacemos en la Eucaristía, donde nos juntamos y compartimos el pan como hermanos. Es lo que deberíamos hacer todos los días: vivir como hermanos.
Para la reflexión

¿Estamos preocupados por nuestra salvación o nos sentimos muy bien como estamos y no necesitamos de la salvación de Dios? ¿Qué significa vivir la fraternidad en nuestra vida diaria? ¿Qué detalle de fraternidad puedo tener esta semana con mi familia y amigos?

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