’ Si quieres, puedes limpiarme ’


No endurezcáis vuestros corazones

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’ Si quieres, puedes limpiarme ’

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Enero 17, 2019 09:58 hrs.
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Jueves 17 De Enero 2019

Memoria de San Antonio, abad

La Palabra de Dios
Primera lectura
Heb 3, 7-14
Hermanos: Oigamos lo que dice el Espíritu Santo en un salmo: Ojalá escuchen ustedes la voz del Señor, hoy. No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión y el de la prueba en el desierto, cuando sus padres me pusieron a prueba y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras durante cuarenta años. Por eso me indigné contra aquella generación y dije: ’Es un pueblo de corazón extraviado, que no ha conocido mis caminos’. Por eso juré en mi cólera que no entrarían en mi descanso.

Procuren, hermanos, que ninguno de ustedes tenga un corazón malo, que se aparte del Dios vivo por no creer en él. Más bien anímense mutuamente cada día, mientras dura este ’hoy’, para que ninguno de ustedes, seducido por el pecado, endurezca su corazón; pues si nos ha sido dado el participar de Cristo, es a condición de que mantengamos hasta el fin nuestra firmeza inicial.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 94, 6-7c. 8-9. 10-11
R. (8) Señor , que no seamos sordos a tu voz.
Venga, y puestos de rodillas,
adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo,
pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo;
él es nostro pastor y nosotros, sus ovejas.
R. Señor , que no seamos sordos a tu voz.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice: ’
No endurezcan su corazón,
como el día de le rebelión en el desierto;
cuando sus padres dudaron de mí,
aunque habian vista mis obras.
R. Señor , que no seamos sordos a tu voz.
Durante cuarenta años asenti hastío
de esta generación. Entonces dije:
‘Este es un pueblo de corazón extraviado
que no ha conocido mis caminos’.
Por eso juré, lleno de cólera,
que no entrarían en mi descanso’.
R. Señor , que no seamos sordos a tu voz.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino
ycuraba toda clase de enfermedades en el pueblo.
R. Aleluya.

Evangelio
Mc 1, 40-45
En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: ’Si tú quieres, puedes curarme’. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: ’¡Sí quiero: sana!’ Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.

Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: ’No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés’.

Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
No endurezcáis vuestros corazones
Un corazón endurecido es el que se muestra indiferente o indolente ante las desgracias humanas. Indiferente ante la pobreza, la violencia, el odio, la venganza, las guerras. Ante todo acontecimiento de dolor, hemos de buscar lo que la carta a los Hebreos nos exhorta: «ánimaos los unos a los otros, cada día, mientras dure este hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca».

Los acontecimientos de cada cristo sufriente han de ser un revulsivo para nuestra conciencia; no podemos mostrar indiferencia, como tampoco podemos abocarnos a la increencia. Cristo será quien nos provoque un cambio de mentalidad. Es el hoy de nuestra esperanza, el presente de nuestra fe es lo que ha de conducirnos a Cristo firmes en el caminar como al principio.

La increencia deja a un lado valores importantes para la vida como el respeto, la consideración de la vida como un don que hay que preservar, la confianza en Dios y en la humanidad, el sacrificio, el esfuerzo, la bondad, la misericordia de Dios. Dejar fuera a Dios de nuestras vidas implica una ausencia de amor.

Por eso, es importante el ánimo mutuo que encarna la misericordia de Dios que brota de la fe. La fe llama a la ternura, muestra a un Dios que es oferta de amor para todos, y ante una sociedad hostil, el testimonio de amor resulta imprescindible.

Si quieres, puedes limpiarme
En el Evangelio destaca la actitud de humildad del leproso que se acerca a Jesús de rodillas y le pide que lo limpie de su enfermedad. Destaca también una actitud que cuenta con la libertad de Jesús. El leproso no le impone a Jesús ser un Dios milagroso o todopoderoso. El leproso no sólo pone su confianza en él, sino que además le invita a que en su libertad considere la posibilidad de limpiarlo.

En el Evangelio también destaca la afirmación de Jesús: ’Quiero, queda limpio’. Y es que la voluntad de Dios no es que esté la gente postrada o de rodillas. La voluntad de Dios es que la gente esté sana, y pueda caminar con la dignidad integrada y restablecida, que la gente salga de las periferias de la vida, y camine como miembros del pueblo de Dios con toda dignidad.

Otro dato a destacar es la alegría que siente el hombre sanado de la lepra. No puede callar, ha de alabar y bendecir a Dios, ha de contar lo sucedido.

El encuentro con Cristo ha de provocar esa alegría, el desbordar de gozo por la salvación encontrada implica el testimonio, la predicación, la bendición.

Sintámonos invitados como Jesús en nuestra libertad para limpiar lo que no está sano en nuestra vida; vivamos la humildad y la confianza de aquel que acude a Jesús para limpiarlo, porque tenemos necesidad de la acción salvadora de Dios que restablece nuestra dignidad como miembros del pueblo de la fe, y vivamos la alegría de sentirnos sanados por la mano que se extiende y nos toca de parte de Dios en nuestra debilidad, para que en la reconciliación nos encontremos la alegría de la vida.
Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

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