’ Tus pecados están perdonados…, toma tu camilla y vete a tu casa ’



Dios viene en persona

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’ Tus pecados están perdonados…, toma tu camilla y vete a tu casa ’

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Diciembre 09, 2018 22:35 hrs.
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10 de diciembre 2018

Lunes de la segunda semana de Adviento

La Palabra de Dios

Primera lectura
Is 35, 1-10
Esto dice el Señor:
"Regocíjate, yermo sediento.
Que se alegre el desierto y se cubra de flores,
que florezca como un campo de lirios,
que se alegre y dé gritos de júbilo,
porque le será dada la gloria del Líbano,
el esplendor del Carmelo y del Sarón.

Ellos verán la gloria del Señor,
el esplendor de nuestro Dios.
Fortalezcan las manos cansadas,
afiancen las rodillas vacilantes.
Digan a los de corazón apocado:

’¡Ánimo! No teman.
He aquí que su Dios,
vengador y justiciero,
viene ya para salvarlos’.

Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos
y los oídos de los sordos se abrirán.
Saltará como un venado el cojo
y la lengua del mudo cantará.

Brotarán aguas en el desierto
y correrán torrentes en la estepa.
El páramo se convertirá en estanque
y la tierra sedienta, en manantial.
En la guarida donde moran los chacales,
verdearán la caña y el papiro.

Habrá allí una calzada ancha,
que se llamará ’Camino Santo’;
los impuros no la transitarán,
ni los necios vagarán por ella.

No habrá por ahí leones
ni se acercarán las fieras.
Por ella caminarán los redimidos.
Volverán a casa los rescatados por el Señor,
vendrán a Sión con cánticos de júbilo,
coronados de perpetua alegría;
serán su escolta el gozo y la dicha,
porque la pena y la aflicción habrán terminado’’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14
R. (Is 35, 4d) Nuestro Dios viene a salvarnos.
Escucharé las palabras del Señor,
palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación
y la gloria del Señor habitará en la tierra.
R. Nuestro Dios viene a salvarnos.
La misericordia y la verdad se encuentran,
la justicia y la paz se besaron,
la fidelidad brotó en la tierra
y la justicia vino del cielo.
R. Nuestro Dios viene a salvarnos.
Cuando el Señor nos muestre su bondad,
nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino al Señor
e irá siguiendo sus pisadas.
R. Nuestro Dios viene a salvarnos.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Ya viene el rey, el Señor de la tierra;
él nos librará de nuestra esclavitud.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 5, 17-26
Un día Jesús estaba enseñando y estaban también sentados ahí algunos fariseos y doctores de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén. El poder del Señor estaba con él para que hiciera curaciones.

Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de entrar, para colocarlo delante de él; pero como no encontraban por dónde meterlo a causa de la muchedumbre, subieron al techo y por entre las tejas lo descolgaron en la camilla y se lo pusieron delante a Jesús. Cuando él vio la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: "Amigo mío, se te perdonan tus pecados".

Entonces los escribas y fariseos comenzaron a pensar: "¿Quién es este individuo que así blasfema? ¿Quién, sino sólo Dios, puede perdonar los pecados?" Jesús, conociendo sus pensamientos, les replicó: "¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil decir: ’Se te perdonan tus pecados’ o ’Levántate y anda’? Pues para que vean que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados –dijo entonces al paralítico–: Yo te lo mando: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".

El paralítico se levantó inmediatamente, en presencia de todos, tomó la camilla donde había estado tendido y se fue a su casa glorificando a Dios. Todos quedaron atónitos y daban gloria a Dios, y llenos de temor, decían: "Hoy hemos visto maravillas".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
DIOS VIENE EN PERSONA
El texto es una descarga de alegría que expresa el final de un oprobioso destierro; esto significa que se restaura Judá, el mejor icono de la salvación del pueblo elegido. El creyente judío sabe bien que esta acción solo se puede deber a Yahvé, que demuestra así su poder y su misericordia. El retorno a Jerusalén, la ciudad de la paz, se dibuja en clave de renovación de la casa común (se hermosea lo desértico) y de la misma humanidad (el enfermo sana, el miedoso sorprende con su nuevo ánimo); todo lo que dice deterioro o muerte es excluido de este retorno ilusionante y salvador. Es la alegría del retorno, el horizonte esperanzador del que regresa del exilio, el aceptar el desierto solo como lugar de paso: una forma de ver la belleza y la gloria del Señor, quien camina siempre con su pueblo. Por esto, y solo por esto, se pregona el fin del miedo y el pesimismo, para dejar oír bien claro la voz de la esperanza: Decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis.

Tus pecados están perdonados…, toma tu camilla y vete a tu casa
Es admirable cómo ‘unos hombres’ manifiestan su fe en el Maestro Jesús y cómo eliminan todas las barreras para poner al enfermo frente al dador de la salud y la vida. La reacción de Jesús ante esta osadía confiada es un hermoso ejemplo práctico de humanidad redimida. Perdona los pecados del paralítico y restaura su discapacidad física; recupera al hombre en su total condición, alma y cuerpo, y, de paso, nos recuerda a la comunidad creyente que todo aquello que hace sufrir a la persona, también todo daño que hunde su raíz en nuestro pecado, todo lo que de una u otra forma nos deshumaniza… es tarea prioritaria a atender desde el servicio de la fe, desde la predicación del evangelio, desde la construcción del Reino. Es una declaración teológica y pastoral de obligado cumplimiento la que nos presenta este texto evangélico. Cierto que solo Dios perdona los pecados, que solo Él es nuestra fuerza y salvación, y Jesús de Nazaret bien que lo acredita entre nosotros; pero, por lo mismo, los que nos decimos sus seguidores tenemos que afinar nuestra sensibilidad ante todo el dolor de nuestro mundo, sea de la condición que fuese, y encararlo, acompañarlo y humanizarlo. No tenemos otra opción.

Nuestro oficio no es nuestro destino.
No hay otro oficio ni empleo,
que aquel que enseña al hombre
a ser un Hombre.
(León Felipe)
Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de Santo Domingo de Scala-Coeli (Córdoba)

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