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Junio 07, 2019 01:56 hrs.

Emmanuel Ameth › Emmanuel Ameth Noticias

Política Nacional › México Ciudad de México


México no puede aceptar como moneda de cambio el mancharse las manos en temas migratorios con los pueblos hermanos de Centro y Sur América por una mera negociación arancelaria, que dicho sea de paso será infructífera.

Con el presidente de los Estados Unidos Donald Trump no se puede negociar por dos razones: La primera y más importante, porque es él quien tiene el poder y la sartén por el mango. La segunda, no se puede confiar en Trump, es decir, que incluso llegando a acuerdos no existe garantía alguna de respeto a los mismos (de hecho, él ya tiene sus decisiones tomadas y todo lo que gire alrededor de las mismas no son otra cosa que recursos para exacerbarlas, es César hablando de las Galias).

Desde esa tesitura, el gobierno de México se decidió por ’atacar’ el único punto por el que el mandatario estadounidense sería vulnerable, es decir, por sus votantes. El presidente Andrés Manuel López Obrador, mediante una manifestación de unidad nacional, buscará influir en las conciencias del vecino país para tratar de conseguir su empatía, mismas que supone, presionarían a Trump en materia electoral y sería lo único que le obligaría a cambiar de timón.

La estrategia no es mala conociendo la forma de conducirse de Trump, el problema es que el cálculo es erróneo y por tanto, es un esfuerzo inútil. Porque a Trump no le han faltado escándalos y ello no ha demeritado en forma alguna su popularidad; tiene margen para hacer eso y más, mostrando una invulnerabilidad a la crítica de la que él mismo se jactó al afirmar como candidato en 2016 que ’Tengo a la gente más leal. ¿Alguna vez han visto algo así? Podría pararme en mitad de la Quinta Avenida y disparar a la gente y no perdería votantes", lo cual lastimosamente es cierto.

Sin abundar en la psiquis social estadounidense, simplemente diremos que la razón por la que goza de un apoyo ciudadano mayoritario es por las profundas creencias inconfesables de sus moradores, pues resume todas y cada una de las cualidades negativas que forman parte de ellos y por tanto, una forma de expirar sus propios deseos sin que repercuta directamente su conciencia, algo que practican mucho al justificar las invasiones que realizan con tal de seguir gozando de comodidades, es el chivo expiatorio para todas aquellas ambiciones que ellos mismos no se atreven a confesar.

¿Hay algo que se pueda realizar más allá de una resignación pasiva para evitar una muy probable recesión económica a causa de Trump? Sí, lo hay.

Se equivoca México en ofrecer como moneda de cambio algo que a los estadounidenses no les interesa; a ellos no les importa la forma en la que México trate a los migrantes, les importa que no lleguen a su territorio pese a su condición de nación surgida a través del esfuerzo de seres humanos cuyo nacimiento se dio en otros territorios.

Lo que México puede ofrecer es construir y financiar el muro fronterizo que Trump tomó como bandera dentro de su campaña.

Porque la barrera artificial existe hace mucho.

Porque el muro es un respeto a su soberanía -así sea una concepción equivocada-.

Porque es más barato asumir hoy el 0.2% del PIB nacional, pero diferido a 10 años, que afrontar un retroceso de 5 puntos del mismo, 25 veces más, durante los años venideros, por efectos de aranceles.

Porque un muro es una barrera incapaz de frenar la migración ilegal…

La propuesta aquí expuesta puede ser antipopular dado que es injusta y deshonrosa, pero la política con USA, en especial cuando se trata de Trump, es de control de daños, no de negociaciones con falsas expectativas. A largo plazo aún debe reducirse la dependencia comercial con los vecinos del norte, pero dicha transición debe ser cuidadosa para ser viable.

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