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A remendar el PRI

José García Sánchez

A remendar el PRI

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Política

Mayo 06, 2018 16:14 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
José García Sánchez › diarioalmomento.com

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Peña Nieto se dio cuenta de que con el PRI desunido, Meade no puede avanzar. Las heridas que dejó su designación han servido para que sus actos de campaña sean desairados y sobre todo saboteados. Por ellos los nuevos nombramientos.

Cómo no va a estar dividido el PRI si en nombre de deshacerse de su desprestigio nombró a dos personajes que no son militantes de su partido para los dos puestos de elección popular más importante del país. El primero, la Presidencia de la República; el segundo, la gubernatura de la Ciudad de México.

Con ello se mostró que la carrera partidista, la disciplina militante que caracterizó al tricolor durante toda su existencia no sirve de nada. Simplemente es una opción de quienes quieran seguir una inercia innecesaria y quienes naden de a muertito esperando una oportunidad. Pero el trabajo partidista ya no es requisito para ser nominado candidato en ninguna de sus múltiples modalidades.

El PRI pareciera haberse quedado en manos de Luis Videgaray o de Enrique Peña Nieto, para quienes su palabra es la ley y cocan von una realidad que seguramente los hizo reflexionar para darse cuenta de que debían realizar eventos en recintos cerrados para que no se notara la baja asistencia, el desencanto, la decepción.

Sin embargo, el grupo de funcionarios en el poder todavía no acaba de entender que mucho de lo malo que le ocurre a Meade se debe a su actuación al frente de la administración pública. Como si no tuvieran conciencia de que su actuación no fue legal, no tuvo congruencia, no es justa, no obedece a la mínima regla ética.

Es por esa cerrazón o miopía que siguen conservando a Nuño y a Eruviel. Como si alguno de los dos hubiera hecho un buen papel en alguno de los puestos que tuvieron en la actual administración. Es como seguir teniendo a Ochoa Reza en el PRI, nada podrá cambiar mientras los rostros de estos dos ineficientes personajes acompañen en su campaña a Meade.

Con la baja asistencia a los actos de campaña el PRI deja, desde ese momento, de ser el partido en el poder. No puede ser lógico que hay poder, que haya gobernabilidad, que haya alguien al mando, con un candidato de ese partido que está en tercer lugar, casi tocando el cuarto sitio en la carrera por la Presidencia de la República.

Debe saber Peña Nieto que el desgaste de Meade, a causa de su mala administración, lo desgasta más aún a él, a su equipo y a su administración, de tal suerte que cualquier declaración, decisión, postura, es no sólo cuestionada sino descalificada, por carecer de valor moral y ético.

El PRI se sabe dividido y quiere cohesionar sus fuerzas demasiado tarde. Colocó a dos candidatos externos precisamente para sacudirse, ante el electorado, la mala fama que el grupo en el poder le impuso. Peña Nieto se alejó de la militancia desde que fue electo, en el poder jamás tomó en cuenta el hecho de pertenecer a un partido, sólo lo utilizó.

La cohesión, en este momento, se antoja imposible, la victoria electoral también.

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