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Agosto 22, 2019 17:48 hrs.

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Donde tú vayas yo iré, ... tu Dios es mi Dios»

Viernes 23 De Agosto 2019

La Palabra de Dios

Primera lectura
Rut 1, 1. 3-8. 14-16. 22
En tiempo de los jueces, hubo hambre en el país de Judá y un hombre de Belén, llamado Elimélek, se fue a residir con Noemí, su esposa, y sus dos hijos a la región de Moab.

Murió Elimélek, y Noemí se quedó sola con sus dos hijos. Estos se casaron con dos mujeres moabitas: una se llamaba Orpá y la otra, Rut. Vivieron ahí unos diez años y murieron también los hijos de Noemí, Malón y Kilión, y ella se quedó sin hijos y sin esposo.

Entonces decidió abandonar los campos de Moab y regresar al país de Judá con sus dos nueras, porque oyó decir que el Señor había favorecido al pueblo y le daba buenas cosechas. Se pusieron, pues, en camino, para volver a la tierra de Judá. Entonces Noemí dijo a sus dos nueras: "Vuélvase cada una a casa de su madre. Que el Señor tenga piedad de ustedes, como ustedes la han tenido con mis hijos y conmigo".

Ellas rompieron a llorar y Orpá besó a su suegra, Noemí, y se volvió a su pueblo; pero Rut se quedó con su suegra. Entonces Noemí le dijo a Rut: "Tu concuña se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú también con ella". Pero Rut respondió: "No insistas en que te abandone y me vaya, porque a donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios".

Así fue como Noemí, con su nuera Rut, la moabita, regresó de los campos de Moab y llegó con ella a Belén, al comienzo de la cosecha de la cebada.

Salmo Responsorial
Salmo 145, 5-6. 7. 8-9a. 9bc-10
R. (2a) Alabaré al Señor toda mi vida.
Dichoso aquel que auxiliado
por el Dios de Jacob,
y pone su esperanza
en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto el mar encierra.
R. Alabaré al Señor toda mi vida.
El Señor siempre es fiel a su palabra,
y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona pan a los hambrientos
y libera al cautivo.
R. Alabaré al Señor toda mi vida.
Abre el Señor los ojos de los ciegos
y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo
y toma al forastero a su cuidado.
R. Alabaré al Señor toda mi vida.
A la viuda y al huérfano sustenta
y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente,
reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.
R. Alabaré al Señor toda mi vida.

Aclamación antes del Evangelio
Sal 24, 4. 5
R. Aleluya, aleluya.
Descúbrenos, Señor, tus caminos
y guíanos con la verdad de tu doctrina.
R. Aleluya.

Evangelio
Mt 22, 34-40
En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?"

Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".

Reflexión del Evangelio de hoy
«Donde tú vayas yo iré, ... tu Dios es mi Dios»
En esta festividad de santa Rosa de Lima, mujer admirable por su grandeza de corazón, su clarividencia en el amor a Dios y al prójimo, y su valor en escoger el camino del servicio y la atención a los más necesitados, la liturgia nos presenta esta otra figura bíblica de la tradición sapiencial, Rut. Empieza la historia con Noemí y su marido Elimelek, habitantes de Belén, que huyen por la hambruna a los campos de Moab. Allí sus hijos se casan con dos mujeres moabitas, Orfá y Rut. Elimelek y sus hijos mueren. Pasada el hambre en Judá, Noemí pretende regresar a su ciudad Belén, animando a sus nueras a regresar al seno de sus familias. Pero Rut insiste en acompañar a Noemí y cuidar de ella lo que sea necesario. Esta devoción se celebra en Belén y Rut es acogida como heroína moabita, fervorosa adepta de Yahvé, que posteriormente se convertirá en antepasada de David, al engendrar un varón, Obed, de la estirpe de Elimelek, futuro padre de Jesé, abuelo de David. Esta es la historia de Rut. Y las palabras de esta lectura se nos clavan en el alma: ’No insistas en que te deje y me vuelva. Donde tú vayas, yo iré; donde tú vivas, yo viviré; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios’. Es una postura incondicional, de entrega absoluta y generosa disponibilidad de servicio. Es un mensaje tan radical que nos recuerda la enseñanza permanente de Jesús: ’Sígueme’. Todo lo que Jesús nos exige es esa disposición incondicional que Rut tiene hacia Noemí y hacia su Dios. Tener claro, vivo y exultante esa convicción. Como decía también Sta. Rosa del rosario ’propagarlo con la palabra y tenerlo grabado en el corazón’. Cuando se tiene esa convicción del Dios fiel que cuida de mí, cuando se vive profundamente esa dimensión de ’abandono’ misericordioso, uno vive solo por y para las cosas del Padre.

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu ser»
Es lo que nos dice Jesús en el evangelio de Mateo cuando los fariseos le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley. Amar a Dios, al Dios que Jesús no revela, que es Padre misericordioso, fiel y justo. Y Jesús nos enseña cómo identificar ese amor a Dios. Equipara el primer con el segundo mandamiento de la Ley. Amar a Dios es amar al prójimo. Amar a Dios es procurar que se cumpla lo que Dios quiere para sus criaturas: que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, libera a los cautivos, abre los ojos al ciego, endereza los que ya se doblan... ama a los justos. Amo a Dios no cuando pienso que me vuelve loco, que le invoco continuamente con jaculatorias, o que estoy reconcomido en mí mismo, sino cuando tengo presente su presencia en el prójimo, especialmente en los más desamparados, sufrientes o desvalidos. El respeto, la estima y la bondad que derrochamos con los demás, esa es la medida del amor que le tenemos a Dios. Y esa dimensión generosa de nuestra existencia ha de ser incondicional, sin limitaciones ni fronteras, encontrando permanentemente en los demás el rostro amigable de Dios, su ser paternal. Quien acoge, escucha y abraza a un ser humano, a quien acoge, escucha y abraza es al mismo Dios. Esta es la centralidad de nuestra fe y nuestra identidad diferenciadora. Amamos a nuestros enemigos, respetamos y acogemos al diferente, nos volcamos en el bienestar de nuestros hermanos, porque en todos ellos encontramos al Señor. Es Dios mismo con quien nos relacionamos y a quien predicamos con nuestro comportamiento.

Preguntas:
¿Tenemos esa mirada contemplativa de la creación y presencia de Dios que nos obliga a procurar el bien de nuestros semejantes?
Invocar el nombre de Dios es procurar su Reino de misericordia y hacerlo presente en este mundo.

D. Oscar Salazar, O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de San Martín de Porres (Madrid)

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