Opinión

Ante la elección presidencial

Rodolfo Villarreal Ríos

Ante la elección presidencial

Periodismo

Junio 22, 2018 21:34 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com

5,244 vistas

Estamos muy conscientes de que este es el último fin de semana en que se puede hablar acerca del proceso electoral próximo. De no respetarse tal disposición, es factible caer en pecado capital y convertirse en portador del sambenito que puede llevarlo al cadalso, la hoguera o, si bien le va, ser sujeto de una multa de varios ceros a la derecha de un digito entre el uno y el nueve. Todo por haber interrumpido el periodo de reflexión al que una ley electoral, propia de algún país en los linderos de la incivilización, ha condenado a sus ciudadanos a quienes considera viven aun en un estado intelectual limitado al grado de que si alguien llega y le comenta algo favorable o desfavorable sobre un candidato puede influirlo a la hora del voto y eso afectaría la santidad en que debe de desarrollarse todo proceso democrático de un país de valores tan altos como el nuestro. Eso que hacen en otras naciones en donde el mismo día de la votación nadie guarda silencio y siguen efectuando proselitismo por sus favoritos es propio de irresponsables que no va con nuestra idiosincrasia electoral, la cual, conforme a los autores de las leyes electorales, se encuentre en un estado de desarrollo infantil cuando se cuenta con cuarenta años. Pero vayamos al evento mas importante dentro de todo ese proceso electoral, la elección presidencial.
Llevamos meses atiborrados por comentarios de todo tipo emitidos por expertos en el tema quienes apoyados en encuestas que, como ya lo hemos mencionado en este especio, dejan mucho que desear y nos han hecho pensar que son realizadas al gusto de quien paga o aquellos que las elaboran las elaboran sin rigor o bien quienes las leen no saben analizarlas y se compran lo que dicen el cabezal de cualquier diario o medio de comunicación. Solamente de esa manera se puede entender que cuando hay entre el 40 y 50 porciento, de quienes se dicen encuestaron, que no respondieron o dijeron que aún no sabían por quien votarían, se nos diga que la distribución del voto es w, x, y o z. Además, hay algo que siempre nos llama la atención, ni nos dicen como determinaron el universo muestral, ni donde realizaron la encuesta, algo que es básico para poder dar o no confiabilidad a ese tipo de trabajos. Ya no digamos que nos expliquen el como y bajo que circunstancias se realizaron los levantamientos muestrales. Pero como vivimos en los tiempos de las generalidades, pues nos dicen que esto ya se acabó y no hay porque molestarse el 1 de julio para ir a votar, todo lo han decidido los encuestadores y aquellos, quienes en base a los datos que les proporcionan, se dan a la tarea de hacer análisis y san se acabó. Ante esto, nos preguntamos: ¿Para qué se gastan miles de millones de pesos en campañas, si todo se puede lograr mediante un par de encuestas y una serie de artículos que las validen y entonces ya sabemos quien ganó sin perder tanto tiempo? Sin embargo, como esto no se da, decidimos dar un repaso breve sobre como vemos a los cuatro contendientes, mismos que abordaremos conforme a la antigüedad en que están colocados en la boleta.
Iniciamos con Ricardo Anaya Cortés a quien algunos calificaron del chico maravilla del sexenio actual, pero al cual sus paisanos queretanos conocían lo bastante como para desconfiar de él. Ni duda cabe, bueno para el verbo fue granjeándose las simpatías de correligionarios, y no, hasta que la ambición se apoderó de él y empezó a mostrar que eso de las lealtades no era su tema. Uno a uno fue dejando en el camino a quienes lo apoyaron en su carrera política fulgurante. En esa forma, se hizo de la candidatura presidencial del PAN y amalgamó un muégano con los restos del PRD que, ante la penuria, demostraron, una vez más, que eso de la ideología es algo en desuso y nada como el pragmatismo para $obrevivir. Al final, ni panistas, ni los pocos perredistas que aun se guardan algún respeto, quedaron contentos con la selección del candidato de su partido. El panismo tradicional ha mostrado poco entusiasmo y los perredistas lo ven ajeno. A ello, se debe de agregar que mientras el candidato Anaya dice ser un adalid del combate a la corrupción, ha sido incapaz de demostrar fehacientemente que las acusaciones que se le hacen, por la misma razón, son únicamente producto de la contienda política. En respuesta ha prometido que, si gana, enviara a la cárcel al presidente Peña Nieto, al candidato Meade Kuribreña y a quien sabe cuántos más. Al parecer, historia es una materia que no cursó el candidato panredista. En este país desde la sucesión del primer periodo del presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori (salvo los asesinatos que se dieron de los presidentes Francisco Ygnacio Madero González y Venustiano Carranza Garza) hasta el actual, quienes han llegado a la presidencia lo han hecho, a pesar de que no necesariamente simpaticen con él, bajo la aprobación-negociación del presidente saliente. Esto podrá sonar incomodo para los adalides de la democracia, pero es la historia y si alguien duda de ella pues que retorne al pasado y la reescriba. Pero regresando al candidato Anaya Cortes, estimamos que a la hora de la votación una gran cantidad del voto duro panista habrá de sufragar por otro y eso seria un golpe muy fuerte para aspirar a la victoria, especialmente ahora que las migajas del perredismo ya cantan la derrota pues se sienten agraviados al verse utilizados simplemente como un logotipo que actuó de pegote.
El caso de José Antonio Meade Kuribreña, su candidatura hasta cierto punto resultó inesperada. Sin embargo, a toro pasado, puede decirse que no lo fue tanto si observamos los cargos diversos que ocupó durante el sexenio, SEDESOL-SRE-SHCP. Dado que el presidente Peña Nieto compró eso de que la imagen de su partido, el PRI, era mal vista por la ciudadanía, decidió que bajo las siglas de este presentaría un candidato ciudadano al cual apoyarían otros dos el PVEM y PANAL. Si bien la parafernalia se cumplió, a la hora de la acción la realidad mostró otra cosa. Alrededor del candidato colocaron tres personajes. Un par de fajadores y un niño bien. Uno de los dos primeros es Enrique Ochoa Reza, quien, como nos dijera un periodista respetable, cada vez que podía se bajaba del taxi para agarrarse a trompones; el otro es Javier Lozano Alarcón, un fajador de barriada quien por quítame estas pulgas ya estaba enfrascado en la refriega dispuesto a seguir la premisa de Don Roque, aquel muñeco que manipulaba el ventrílocuo Paco Miller, ’le rompo la cara a cualquiera.’ Para compensar esto, pusieron a Aurelio Nuño Mayer quien, independientemente de su capacidad intelectual, no puede sacudirse la imagen de un niño bien cercana a la de un pedante, pues la campaña simplemente no iba hacia ningún lado. Los priistas tradicionales, acostumbrados a la disciplina, al sentirse marginados pues simplemente hicieron el vacío a un candidato a quien sentían ajeno. Como aquello pintaba para desastre, finalmente decidieron hacer a un lado a ese trio y traer a un priista, René Juárez Cisneros, para que buscara recomponer aquel desaguisado. Sera el sereno, pero desde ese momento la campaña agarró un aire que no tenia y hasta el candidato se vio mas suelto. Un ejemplo de ello lo dio en los dos últimos debates en donde, sin ser una lumbrera, lució muy por encima de los otros contendientes, algo que por supuesto los analizadores partidarios de uno u otros jamás aceptaran. Esto no implica que ya por eso pueda lucir como un triunfador absoluto, pero ha sido capaz de plantear que hay algo mas que un candidato acartonado que no conectaba con nadie. Tampoco vamos a decir que luce una personalidad arrolladora, pero al menos demuestra que tiene algo más de lo que se apreciaba. Sus probabilidades de triunfo dependen de dos vertientes. Una gran parte originada en el voto duro, el de los priistas si optan sufragar por alguien que viste su logotipo, pero no es su correligionario, antes de hacerlo por otro que no viste su marca, pero actúa como su correligionario de hace cincuenta años. Otra, la del voto duro del panismo resentido por haber sido marginados y que en cierta forma ven a Meade Kuribreña como uno de los suyos que, haciendo uso de su muy personal y respetable concepción de cómo debe de relacionarse con el Gran Arquitecto, domingo a domingo va a misa y comulga. Aquí, cabe recordar que eso no le impidió, cuando estaba a cargo de la cancillería mexicana, mandar un estate quieto al sencillito porteño, Bergoglio Sivori, quien se quiso pasar de chistosito con nuestro país. La otra vertiente es el voto potencial de aquellos que no son dados a manifestarse públicamente, ni pertenecen a ningún partido político, pero que, elección tras elección, cruzan la boleta por quien creen que se asemeja a su muy personal perspectiva.
Por lo que concierne a Andrés Manuel López Obrador, cuando ya no lo dejaron seguir usufructuando la franquicia del PRD, decidió abandonarlo, como antes lo había hecho del PRI, y crear su negocio personal. Al amparo de este, decidió autoelegirse como candidato presidencial, al tiempo que amorosamente abría los brazos a cuanto tránsfuga, no siempre de reputación honorable, provenía de sus antiguos y otros institutos políticos. Así, todos tomados de las manos, fueron alcanzando la purificación de sus pecados hasta convertirse en seres en olor a santidad. Con una maquinaria bien aceitada, cuya procedencia de recursos aun no queda clara para los legos como nosotros, de pronto apareció ungido como el gran salvador de la patria. Fue capaz de vender un discurso de ser antisistema, aun cuando jamás a renunciado al patrocinio de este. En ese contexto, ha proclamado un discurso que apela al regreso de los buenos tiempos de vacas gordas. Sin embargo, lo que no apunta es que aquello se dio bajo circunstancias que en el mundo actual ya no existen y que a retroceder el reloj de la historia ni siquiera los cubanos le apuestan. Se presenta como un ejemplo de pulcritud y trasparencia y deja de lado que cuando ejerció el cargo de jefe de gobierno del DF la nitidez brilló por su ausencia. Es fecha de que no se pueden abrir los expedientes de la construcción de los segundos pisos. Quienes marchan a su lado estiman que por hacerlo la sociedad ha olvidado su pasado, mismo que asemeja la piel de un dálmata. Pero eso seria lo de menos, con preocupación, a pesar de su discurso de ’amor y paz,’ entre sus muy cercanos se aprecia una sed de revancha que a nada bueno conduce. Pareciera por momentos que algunos esperan ansiosos la noche de los cuchillos largos para cobrarse agravios con todo aquel que no comparta su credo, de no eliminarlo físicamente, cuando menos lo expulsan del país. Pobre de aquel que ose en las redes sociales contradecir la verdad eterna de lo que predica su líder, saltan con todo tipo de diatribas acompañadas con la amenaza futura de hacer pagar tal audacia. Dícese ser el heredero del Estadista Benito Pablo Juárez García y ni practica la austeridad republicana, ni mucho menos entiende lo que era la filosofía político-económica de este. Habla de laicismo y promete traer al ciudadano Bergoglio Sivori para que arregle nuestros problemas. A la par, como su socio Norberto Cardenal Rivera Carrera ya anda en desgracia político-religiosa, pues ahora está asociado con los lideres de otras interpretaciones de la fe y por momentos pareciera que nos acercaríamos a un estado teocrático si llegara a ganar. En cuanto a la concepción económica del Benemérito no la entiende, este proponía un sistema generador de riqueza en donde el individuo, con su esfuerzo, fuera capaz de salir de su condición paupérrima y no estuviera esperanzado a la dadiva. Asimismo, como siempre venderá aparecer enérgico con el vecino, pues nos comenta que ira a poner en orden al presidente de aquel país a quien, según sus decires, le ordenará que reinstale, vaya ingenuidad-modernidad-independencia, el programa de la Alianza para el Progreso. De que tiene muchos seguidores, ni quien lo dude. Sin embargo, falta ver si son tantos como los que se nos dicen o simplemente es la percepción que se tiene de la CDMX hacia abajo.
El caso de Jaime Rodríguez Calderón, un candidato supuestamente independiente, luce como un contendiente de relleno. Nadie va a negar que en ocasiones hasta resulta simpático y en los debates pudo haber hecho una o dos propuestas interesantes, pero otras francamente solo pueden dejarse para el anecdotario. Como gobernante en Nuevo León, se vendió como un bronco y acabó como potrillo domesticado. Indudablemente que cumple una función en la contienda presidencial, pero de ahí a que se le considere con posibilidades de triunfo hay un trecho larguísimo. Lo que si demuestra esta candidatura es que los llamados candidatos independientes, ni lo son, ni el hecho de asumirse como tales les aleja de terminar por caer en vicios similares a los de que lo hacen bajo las siglas de los partidos. Su victoria, en términos religiosos, solamente podría darse mediante un milagro y esos, en el siglo XXI, ya no suceden.
Es el punto de vista de este escribidor-historiador quien, aunado a lo expuesto, ha encontrado una división profunda entre la sociedad mexicana, aderezada con una sed de revanchismo enfermizo. Lo que no halla entre los candidatos es una propuesta clara para ver como vamos a salir de los problemas. Todos, sin excepción, acaban por invocar el pobretismo como base de la política para resolver las dificultades económicas. Hay un sector amplio de la población que ya hace cuentas de cuanto va a agregar a sus ingresos, simplemente por respirar, ahora que gane fulano o perengano. Lo que ninguno de los candidatos nos dice es cómo va a enfrentar la problemática, en todos los sentidos, que tenemos con los EUA, porque no es con bravatas, ni con declaraciones efectistas a los medios, como se resuelven las diferencias y eso lo conoce de primera mano uno de ellos, pero ni este se manifiesta objetivamente.
Apostarle a que quienes no compartan mi perspectiva son mis enemigos y por tanto voy a eliminarlos en un acto de purificación, en nada ayuda a plantear el futuro del país. Tampoco nada se resuelve con decir que los otros son corruptos y cuando el acusador es exhibido arguye que le tienen mala fe. El asunto del combate a la corrupción es al final de cuentas una cobija bajo la cual todos buscan cubrirse, pero en cuanto pueden la usan para agenciarse recursos. Quienes, si la hemos combatido, no hablamos de oídas, sabemos lo que ello implica y no anduvimos en busca de quedar bien con nadie, nos queda claro que estos de ahora son simplemente tartufos engañabobos.
Pero en fin, encuestas o no, manipuladas o bien realizadas, lo único que valdrá es lo que cada uno de los mexicanos registrados en el padrón electoral decida hacer al momento de ir a las casillas y cruzar la boleta por quien consideren es la persona idónea para encabezar la dirigencia de este país bajo la premisa de que enfrente tenemos un futuro con retos inconmensurables y que para poder tener éxito debemos de tomar en cuenta lo positivo del pasado, pero jamás tratar de replicarlo tal cual pues este se dio bajo otras circunstancias que se han ido y, como las oscuras golondrinas de Bécquer, jamás volverán. Sin embargo, mejor esperamos al primero de julio, después de todo somos historiadores, aun cuando ello, no impedirá alguna acometida por no haber rendido pleitesías. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1) Esperemos que algún día quien estuvo ahí, en aquella noche-madrugada del verano de 1988, le narre a sus lectores lo que vio, oyó y vivió entonces. Nada tiene que ver con las relatorías inventadas por aquellos que cuentan la historia de oídas, por versiones de terceros o porque creen versiones como la que les presenta el que ya olvidó (¿?) los días en que demandaba a la oficina gubernamental, contra la que hoy arremete, le pagara las notas de la gasolina que consumía, como si se tratara de una Suburban, su Volkswagen. Esos recursos, le eran vitales para poder continuar con su ’lucha’ por la democracia.
Añadido (2) Por un momento, llegamos a creer que presenciábamos una escena de una película coloreada, las originales eran en blanco y negro, en las cuales se reproducía el momento cuando en las vecindades las damas salían a lavar las ropas. Nos equivocamos, era el debate entre los candidatos al gobierno de la CDMX. Solamente faltó que volara un jabón zote y el contenido de la cubeta.

Ver más


Escríbe al autor

Escribe un comentario directo al autor