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Diciembre 27, 2018 19:39 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


La actual oposición no está acostumbrada a que sus funcionarios públicos mueran prematuramente y menos de manera violenta. Cuando un hecho así sucede, parecieran tener un solo enemigo y una sola versión de la realidad.

A los partidos de oposición les han matado mucha gente desde siempre. De hecho las campañas de proselitismo en Puebla fueron en donde murieron violentamente más candidatos. Nadie gritó desgarrándose las vestiduras culpando de inmediato a alguna autoridad local, estatal o federal.

Pero esta vez a la falta de experiencia en la muerte de correligionarios, de partidos como el PRI y el PAN, —los demás no pueden siquiera nombrarse como tales dentro de la oposición—, está apoyada por algunos autodenominados analistas, que se hacen politólogos improvisados de tanto leer noticias que ellos no reportean.

Los medios se acostumbraron a anteponer la consigna partidista a la realidad. No pueden transmitir un hecho sin comentarlo, sin colocarle con calzador adjetivos, sin editorializar.

Porque luego de la muerte de Rafael Moreno Valle y su esposa Martha Ericka Alonso, al caer la aeronave en que viajaban. El conteo de los pésames públicos era narrado por los autodenominados líderes de opinión como si fueran goles en un partido de futbol.

Ya dio su pésame fulano, pero no lo ha dado mengano, tratando de responsabilizar el silencio del ausente como signo de culpabilidad. Es decir, en el simplismo pueril de los comunicadores de los medios electrónicos, quienes no expresaban su pésame de inmediato no sólo estaban de acuerdo con la muerte de las víctimas sino que pudieron tener alguna complicidad en el hecho.

Esta manera de ofrecer la información debe indignarnos. El suceso no ocurrió en un día de trabajo. Al contrario, nadie en ese día tenía la obligación de estar atento a los medios para ver qué sucede. Sin embargo, los locutores más conservadores insistían en que los contrincantes en las elecciones de Martha Ericka no habían expresado su sentir ante su muerte.

La tarea de algunos lectores de noticias en algunos medios en este momento es despreciable. Pero se escudan en la libertad de expresión si se intenta normar los excesos o sancionar las agresiones y alusiones directas sin razón.

Las muertes de los políticos son una gran noticia en México, porque son los que están menos expuestos a los peligros, herencia de regímenes que otorgaba protección y vigilancia a todos los miembros de la clase política. Y lo primero que piensa la población es que si eso le sucedió a un político que cuenta con protección y cuidados, qué puede esperar el ciudadano común y corriente.

Aún no se sabe si el desplome de la aeronave fue intencional. Las investigaciones caminan con ritmo propio, pero fueron los medios los que repitieron hasta el hartazgo que la información del hecho sucedía a cuentagotas. Palabra que repitieron todos los medios como si no dar información sobre las casuas fuera algo sencillo y una tarea que se realiza en minutos.

Los medios no contribuyeron a decir la verdad en el asunto del helicóptero caído en Puebla. No lo saben hacer. Necesitan apoyarse en inventos, como el de la niña Frida Sofía en el temblor, para poder moverse en su ambiente de fantasías y tergiversaciones asentadas en una realidad que no permiten conocer a sus televidentes.

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