Opinión

Aquellos años de futboleros en el pueblo

Rodolfo Villarreal Ríos

Aquellos años de futboleros en el pueblo

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Periodismo

Agosto 03, 2018 19:47 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com

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En esta ocasión, como se diría en términos taurinos, previa solicitud de permiso a la autoridad, en este caso usted lector amable, dejaremos de lado los temas históricos, nacionales e internacionales, para entrarle a la nostalgia de aquellos años en el pueblo, cuando al corretear tras un balón íbamos aprendiendo esas cosas que hoy a toda costa tratan de evitar a los chamacos para que no se ’traumen.’ Como en aquellos tiempos la corrección política no existía, entonces había que asimilar la competencia como parte de la vida; ni los triunfos eran eternos, ni la derrota perene, siempre había un mañana por enfrentar. Pero vayamos a los días en que, a la par de los libros, el futbol ocupaba un espacio en nuestra vida de chamaco pueblerino, porque ni modo que vayamos a presumir que nuestra natal Piedras Negras, Coahuila era una metrópoli. Adentrémonos en el recuerdo.
Era los inicios de la década de los sesenta en aquel pueblo más cercano a los Estados Unidos de América que al centro del país. Ello, sin embargo, ayudaba a que día con día, se forjara el carácter mexicanista sin sentirse en momento alguno subordinado, o que nuestras autoridades lo estuvieran, al país vecino. Los acontecimientos nacionales los seguíamos a través de la prensa editada en la ciudad de México, la cual llegaba con un día de retraso. Asimismo, durante las noches, en medio de la estática se lograba sintonizar las radiodifusoras XEW, la XEX o bien la XEB. De televisión mexicana todavía nada, teníamos que conformarnos con las cadenas estadounidenses ABC, CBS y NBC. Pero como aquí el tema son los años futboleros, pues hemos de apuntar que, mediante los diarios y la radio, sin recordar específicamente ni cuando, ni como, terminamos por dar seguimiento a dicho deporte. Eran los tiempos cuando el futbol mexicano era dominado por el Guadalajara. Aun recordamos aquella narración cuando en medio de un ruido intenso fue posible ’captar’ la transmisión del juego en el cual ese equipo enfrentaba al Oro tapatío para definir el campeonato, el cual obtendría este último. Eso sí, no perdíamos las crónicas de cada partido que aparecían publicadas en el Esto, Novedades, Excelsior o El Universal. Y por quien sabe que razones, tal vez porque escuchamos acerca del triunfo sobre el Santos de Pelé, acabamos convertidos en fieles seguidores del Necaxa, aquel que dirigido por Ross alineaba a Morelos, Dellacha, Juárez, Evaristo, Giacomini, Reynoso, Peniche, Baeza, Ortiz y otros. En ese contexto, seguimos el Mundial de 1962, en donde la selección mexicana jugó en Viña del Mar. Y mientras eso pasaba, llegaban los meses iniciales de 1964.
Cursábamos el tercer grado de educación primaria y llegaron al pueblo, provenientes de la ciudad de México, varios profesores a quienes el soccer les apasionaba. Dos de ellos, Víctor Hugo Martínez Rosaslanda y José Carlos Santiago Gómez, fueron a parar a la escuela primaria Francisco Pascual Estrada. El primero de los dos, pronto se dio a la tarea de que en las horas de recreo nos organizáramos y procediéramos a patear el balón. Sobre el piso pavimentado del patio posterior de la escuela referida quedaron restos de piel de quienes acometíamos la competencia como si lo hiciéramos sobre una cancha de pasto. Para finales de 1964, ya como equipo, si mal no recordamos se llamaba Santos, competimos en la Liga Infantil que entonces presidian Heriberto Elizondo y Esteban González. La competencia se desarrollaba en lo que entonces eran unos llanos habilitados de campo futbolero al cual identificábamos como El Latino, pues ahí había estado años atrás un restaurante con dicho nombre. En ese sitio hoy se ubica, por los rumbos de la Avenida Adolfo López Mateos, la Escuela Secundaria Benito Juárez y un poco más adelante el jardín de niños Severino Calderón. Habíamos pasado del cemento al terreno pedregoso en donde el pasto con dificultades se aparecía, pero poco importaba. Lo que valía la pena era sentirse futbolista, aun cuando los resultados para nada nos fueron favorables. Hemos de mencionar que quienes dirigían aquella liga lo hacían por el puro placer de promover el deporte. Ante esto, al año siguiente, se dio el cambio de directiva y pasaron a encabezarla, Santiago Garza Martínez y Hugo Cesar Romero. Las cosas mejoraron, aun cuando el apoyo seguía ausente. Pero, para los chamacos de entonces, lo que importaba era jugar. Pronto creció el número de equipos que participaban en las categorías infantil, juvenil y primera fuerza por lo cual tuvieron que buscar otros sitios. Para precisar esto, tuvimos que recurrir a lo escrito por la única persona quien ha sido capaz de narrar, en dos volúmenes, la historia del día con día de Piedras Negras durante el Siglo XX, Don Rafael Villarreal Martínez quien en su libro segundo ’Piedras Negras, Destino y Origen: Personajes, sitios y recuerdos’ apuntaba que como ’…el campo del Latino no era suficiente para jugar los partidos el fin de semana,… fue necesario buscar otros. Los localizaron en los terrenos del antiguo aeropuerto, en lo que hoy es la guardería del IMSS por el rumbo de la Colonia de las Cien Casas. Entonces aquello [estaba] en las afueras de la ciudad, pero eso no impedía a menores y mayores desplazarse hasta allá para practicar su deporte favorito.’ Efectivamente, varias fueron las ocasiones en que, a bordo de un camión urbano, nos trasladamos a ese lugar.
Entre semana, por la tarde al salir de clases, agarrábamos nuestros liachos y nos íbamos a practicar al campo El Latino hasta que oscurecía. Grato era en un momento dado, cuando el cansancio llegaba, tirarse en algún resquicio de pasto y observar el cielo, mismo que en ningún otro lado, ni tiempo, hemos vuelto a ver tan cercano, ni tan diáfano. Una vez concluido el entrenamiento, si en la bolsa había cincuenta centavos, algo que tampoco vamos a presumir era cosa de diario, cruzábamos la calle y nos íbamos a disfrutar un raspado de hielo al puesto que tenía Don Diego Martínez. Ya con la oscuridad encima emprendíamos el regreso a casa, en donde aún nos quedaba pendiente realizar la tarea escolar para el día siguiente. Durante el primer año que practicamos ese deporte, los partidos oficiales eran los domingos, al año siguiente serian indistintamente sábado o domingo. Como aquello se practicaba en pleno invierno, aun recordamos los días en que antes de las ocho de la mañana, hora en que iniciaban los partidos, estábamos ahí, alrededor de una fogata armada con las varas encontradas en las proximidades, tratando de quitarnos el frio, el cual solamente se iba al momento en que empezábamos a corretear tras del balón y con una década en las alforjas quien iba a recordar temperatura baja alguna.
No obstante estar inmersos en las prácticas futboleras, en lo personal éramos fieles seguidores del beisbol. En ese contexto, en una ocasión platicando con quien era nuestro maestro de cuarto año, José Carlos Santiago Gómez, le exaltábamos la importancia de ese deporte y nos dijo algo que nunca hemos olvidado ’…en unos años, el futbol va a ser mas popular que el beisbol…’ por supuesto que lo rebatimos. Sin embargo, con el trascurrir del tiempo tuvimos que aceptar que tenia razón. Mientras que durante la primera temporada lo único que acumulamos fueron derrotas y este escribidor recibió mas goles que los que podemos contarles, no quedó sino esperar el año próximo para ver si mejorábamos en algo.
Durante la temporada 1965-1966, éramos los mismos, pero nos cambiamos y en lugar de Santos nos convertimos en Estudiantes. Como el color del uniforme de la escuela Estrada, así la identificábamos, era pantalón kaki y camisa guinda, adoptamos un uniforme sencillo, bueno es una forma elegante de decir que no alcanzaba para más, de camiseta blanca, calzoncillos y medias guindas. Este escribidor quien era el encargado de que el balón no fuera a parar al final de la cabaña, vestía todo de guinda. Entre los otros equipos competidores, recordamos a los representativos de la Ford, Escuela Club de Leones, Relojería González, Escuela Rafael Ramírez y no estamos seguros si había uno o dos más conjuntos que competían.
Antes de entrar a lo que sucedió durante la competencia, cabe resaltar algo que nos llamó la atención. Como sucedía en este tipo de competencias, la mesa directiva tenía sus reuniones semanales, la cuales se efectuaban ya fuera en la sede del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la Republica Mexicana, ubicada en la esquina de las calles Guerrero y Morelos o bien en la casa de don Santiago localizada en la calle de Rayón, a un lado del domicilio de los abuelos paternos. A dichas reuniones, se permitía el acceso de todo aquel que estuviera involucrado en los asuntos del soccer local. Y por supuesto que este escribidor, entonces con diez años, no se perdía ninguna a las cuales asistía no solamente en calidad de mirón, sino que fueron varias las veces que alzó la mano para pedir la palabra y emitir su opinión sobre alguno de los temas tratados. Pero vayamos a la acción futbolera.
Quienes se encargaban de dirigir al grupo integrado por dieciséis chamacos eran Arturo Soberón y Andrés Coronado. Y aquello empezó a funcionar mejor de lo esperado, entre triunfos y empates, el grupo iba ahí en el liderato del grupo. Aquí, rescatamos una vieja nota publicada, el 5 de marzo de 1966, en el diario La Voz del Norte editado en Piedras Negras, Coahuila. En el titular anunciaba: ’Estudiantes están en el primer lugar del infantil de futbol.’ En el cuerpo de la noticia, se leía: ’El equipo Estudiantes que viene participando en el Campeonato Municipal Infantil de Futbol Soccer, logró derrotar el pasado sábado 26 [de febrero de 1966] a [la Escuela Club] de Leones. Un trallazo de Mario Frausto [Puente quien se desempeñaba como medio campista] logró anidarse en la meta de los contrarios para que cayera el único tanto del partido. Con esta victoria, los Estudiantes lograron un triunfo mas que les permitió seguir conservándose como lideres invictos del torneo. Hasta el momento suman cuatro victorias y tres empates. Cabe mencionarse que en lo que va del campeonato la meta de los Estudiantes no ha sido violada ya que su portero Rodolfo Villarreal Ríos no ha permitido que sus rivales le anoten.’ Cabe apuntar que hasta ese momento contabilizaban 420 minutos sin que el entonces guardameta aceptara un gol. Posteriormente, se mencionaba cada uno de los nombres de los integrantes del equipo. A partir de eso mencionaremos los nombres de cada uno y la posición que desempeñaban en el campo de juego.
Lo que en el escrito del ayer no se anotaba específicamente era que, en aquello, de evitar goles, había otros responsables quienes actuaban como defensas. Los titulares en esas posiciones eran, como centrales, Gilberto Mata Ríos y José Ángel Rodríguez De La Torre, mientras que por las laterales estaban Rodolfo Ruiz Moreno y José Galdino Rodríguez Galindo. A ellos se unían como sustitutos, Gilberto Aguilera, Luis Alonso Salinas González y Carlos Villarreal. Todos ellos estaban encargados de ayudar a minimizar los problemas del portero quien al final de cuentas era el único responsable si el balón cruzaba el arco constituido por tres postes metálicos y terminaba al fondo de aquella red que ya mostraba los estragos del tiempo. Vayamos a los otros integrantes del equipo. La media cancha, aparte del ya mencionado Frausto Puente, el otro titular era Sergio Guadalupe Muzquiz Villarreal a quienes apoyaban los hermanos Oscar y Arturo Román González. En la delantera estaban Guadalupe Rodríguez Baeza y Pedro Hugo Rodríguez Moore por los extremos izquierdo y derecho respectivamente, mientras que por el centro jugaban Rolando Ruiz Moreno y el goleador del equipo Leobardo González Aranda. Estamos seguros de que si usted, lector amable, llegó hasta aquí habrá de preguntarse por pura curiosidad y ¿Hasta dónde llegó la inviolabilidad de la meta del Estudiantes?
El siguiente partido, el 6 de marzo (domingo) nos enfrentábamos al equipo de la Ford, integrado por los hermanos Octavio y Arturo Carranza Aguirre, Víctor Javier Zacarias González, Humberto García Reyes, Manrique Davalos Rodríguez, Francisco Salazar Mercado y varios más cuyos nombres no recordamos. Eran dirigidos por Heriberto Elizondo y ocupaba el segundo lugar, así que el encuentro era importante. Durante el primer tiempo, Estudiantes logró anotar en un par de ocasiones. Sin embargo, ya casi para finalizar la primera mitad, faltaban dos minutos, se arma una melee en el área chica estudiantil y finalmente los de amarillo, ese el color del uniforme de los de la Ford, introducen el balón en el arco. Hasta este momento no termina de quedarnos claro si fue Humberto u Octavio quien empujó el balón. Lo que si recordamos es la algarabía con la cual Arturo celebró aquello con lo cual concluían 428 minutos sin que el chamaco de entonces, escribidor de hoy, recibiera un gol. Solamente eso festejarían nuestros amigos de la Ford, en el segundo tiempo recibirían otro gol y con ello, se alejaban sus esperanzas de coronarse en ese torneo. Pero tampoco vamos a pecar de presuntuosos, ese mismo año hubo un tropiezo.
En un partido de exhibición, en el que mediaba como premio un trofeo y el orgullo, los Estudiantes perdieron por 1-0 ante la Escuela Rafael Ramírez dirigida por Jesús Ramírez, un equipo al en el torneo oficial derrotarían en un par de ocasiones. La competencia formal la concluirían, el sábado 2 de abril de1966, coronándose invictos.
Al final de cuentas, ese sería un gran año para aquellos chamacos de la Estrada, como se acostumbraba a decir. Bueno, eso fue en el terreno deportivo porque al final del año escolar este escribidor tuvo que ir a estudiar un curso de verano para ponerse a tono antes de entrar al sexto año. Hasta ahí nos alcanzó el futbol cuando en un descanso de las lecciones, le permitieron escuchar por la radio aquel gol de Borja ante Francia y mas tarde los lamentos de don Fernando Marcos González cuando los galos empataban.
Ha trascurrido medio siglo y un par de años, los chamacos de entonces hoy andan en los linderos de la tercera edad. Uno de ellos, economista de origen quien a edad tardía descubriría su verdadera vocación, se fue a los archivos de su disco duro e impresos para recordar a los integrantes de aquella parvada de chamacos quienes tomaban la práctica del deporte, en este caso el futbol, solamente como un vehículo para ir formando el carácter. Por ello, emprendían el viaje hasta allá, casi en las afueras del pueblo, para ir a corretear tras de un balón. De los integrantes de aquel grupo, Gilberto y José Ángel tuvieron llamado adelantado a la cita con el Gran Arquitecto. Hace varios años saludamos por ahí a Pedro Hugo y en otra ocasión a uno de los entrenadores, Arturo. Desconocemos lo que haya sido del resto de los integrantes de aquel grupo, algunos fueron nuestros compañeros hasta la secundaria y preparatoria, pero desconocemos que haya sucedido posteriormente con ellos. Esa es la historia de aquellos a quienes nos bastaba correr tras y patear una pelota para divertirnos y armar sueños. Así fueron aquellos nuestros años de futboleros en el pueblo. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1) El asunto no fue más allá de los linderos de Cuautitlán y ahora nos lo quieren vender como si hubiese sido un evento nacional. Las acciones más sobresalientes fuera de esos límites las realizaron cometiendo fechorías, camino a Guadalajara, en las estaciones del ferrocarril en donde se bajaban a robar a las vendedoras de garnachas. Cuando llegaron allá, ni quien les hiciera caso.
Añadido (2) Los nenes hacen berrinche pues no los consultaron. Creen que en verdad es cierto el cuento del que se han agarrado para sacar raja todo este tiempo. Mal negocio es ese de la realidad alternativa, porque cuando se encuentran con la otra puede que hasta terminen sin nada y entonces con que van a seguir lucrando.
Añadido (3) Hemos conocido de varios casos de servidores del estado mexicano quienes dejándose llevar por el deseo de tomar revancha, vaya usted a saber de qué, fueron y cruzaron la boleta por el color café. Hoy andan, literalmente, dándose frentazos contra la pared. Su esperanza amenaza convertirse en la mitad del sueldo, trabajar seis días a la semana y que los envíen a sitios en donde no serán bien recibidos para terminar convertidos en patitos de feria por aquello de que serán un blanco fácil. Ese es el escenario más halagüeño, el terrorífico es que en diciembre los envíen a filosofar al calor hogareño. Ahí, podrán refocilarse y narrar a sus cercanos como lograron vengarse de los priistas malvados. Pero ni quien los critique, ellos ejercieron su derecho democrático.

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