Hambre de poder

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Julio 28, 2018 14:24 hrs.
Política Nacional › México Guerrero
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Ni en los momentos más álgidos de su campaña se vio tan activo a Félix Salgado Macedonio, como cuando se conoció el triunfo abrumador de López Obrador la noche del primero de julio.

A partir de esa fecha, el activismo de Salgado Macedonio se desbordó al extremo de que se placea por todo Guerrero hablando como si fuera el gobernador del estado. Los medios dan cuenta de encuentros con grupos ciudadanos en Acapulco, en Chilpancingo, en Taxco, en la Tierra Caliente.

En todos los foros donde se presenta actúa como portavoz de AMLO en muy diferentes temas que aborda con un tono doctoral: desde la austeridad republicana, la distribución del próximo presupuesto, los sectores prioritarios de la próxima administración pública, la pacificación, hasta temas más complejos en los que se muestra, aparentemente, como un experto.

E, invariablemente, en todos esos encuentros actúa como si fuera el legítimo y único representante personal del presidente electo. Es un activismo inusitado que, sin embargo, parece contar con una muy lógica explicación: la gubernatura en 2021.
Una postura más pedestre, empero, adopta Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, el virtual coordinador de políticas públicas del próximo gobierno de López Obrador, quien parece competir con Salgado Macedonio en la idea de buscar a toda costa los reflectores para hacer espacio a sus bravatas.

Pareciera que el triunfo de Morena los enloqueció, pero no es así. En realidad ambos ejercen un activismo bien razonado -aunque precipitado, sin duda- para comenzar a posicionarse en dirección hacia un mismo objetivo: la gubernatura del estado de Guerrero en 2021. Ambos, que antes eran compañeros, ahora comenzarán a confrontarse en ruta hacia un mismo objetivo.

Pareciera que estamos ante un desbocado apetito por el poder que ambos personajes pretenden ejercer desde ya, uno a partir del Senado de la República y otro desde una postura equivalente a vicegobernador, con el ánimo de convertirse en la figura política predominante los próximos tres años en Guerrero.

Es una lástima, porque los guerrerenses no se merecen tales despropósitos de dos sujetos que han hecho gala de servir para nada, más que para alimentar sus egoístas deseos personales.

Para quien mire a Félix como un personaje simpático, dicharachero y festivo, habrá que recordarle algunos antecedentes ocurridos en las primeras semanas de su gestión como alcalde de Acapulco, allá por 2005, que revelan un aspecto oscuro de su personalidad.

Como todo mundo sabe, el primero de diciembre de 2005 rindió protesta como presidente municipal del puerto. Menos de dos meses después, el 27 de enero de 2006, la Policía Preventiva bajo sus órdenes montó un punto de control en La Garita para atrapar a un grupo de traficantes, lo que desencadenó una balacera infernal en la que murieron cinco narcos.

Ese fue el principio de la vorágine de terror que, hasta la fecha, mantiene sumidas en el miedo, zozobra e incertidumbre a miles de familias.
Lo que pocos saben es que Félix Salgado instruyó al capitán retirado Eusebio Palacios Ortiz la integración de un grupo especial de vigilancia que, armado y con ropa de civil, por las noches desarrollaba labores de patrullaje e inteligencia. Dada la naturaleza de ese tipo de actividades, en los hechos se desconoce qué hacían realmente esos supuestos policías encubiertos.

En el submundo de la delincuencia organizada, sin embargo, circularon versiones en el sentido de que las bandas criminales en pugna por esas fechas -Los Zetas de Ossiel Cárdenas y Los Pelones del clan Beltrán Leyva- buscaban un ’arreglo’ con el gobierno de Félix Salgado, a quien por interpósita persona enviaron algunos obsequios. Una especie socorrida fue que algunos matones de los Zetas se integraron a las filas de la Policía Preventiva para desde ahí ’cazar’ a los contrarios del Cártel de Sinaloa, al que estaban integrados los hermanos Beltrán.

Como quiera que haya sido, lo cierto es que el día 27 de enero un grupo nutrido de municipales esperaron en La Garita el arribo de vehículos que transportaban a los narcos sinaloenses, que previamente eran seguidos por otros agentes. Videos anónimos grabados durante la balacera permitieron saber que los municipales emboscaron a los traficantes, a cuyo mando principal dispararon a bocajarro.

Quien fungía como jefe de los narcos se hacía llamar Humberto Cortés Álvarez, el primero en caer por un impacto de fusil Galil disparado desde la camioneta en la que viajaba Genaro García Jaimes, el flamante secretario de Protección y Vialidad de Félix Salgado. Un impacto a corta distancia atravesó su brazo izquierdo -con el que pretendió cubrirse- y pegó en su cabeza matándolo en forma instantánea. Eso fue el inicio del tiroteo en el que los municipales acribillaron a los sicarios.

Después fue posible saber que el verdadero nombre de Humberto Cortés era Carlos Landeros, conocido con el alias de El Kalín, uno de los más temibles jefes a cargo de las operaciones de narcotráfico en Guerrero y quien, además, era familiar directo de Joaquín El Chapo Guzmán.
La respuesta a tal actuación no tardó en venir: el 20 de abril siguiente dos cabezas aparecieron junto a las oficinas en La Garita de la Secretaría de Finanzas, con una cartulina con la leyenda: ’Para que aprendan a respetar’. Una de las cabezas pertenecía a Mario Núñez Magaña, del Grupo Relámpago, y la otra al oficial Alberto Ibarra Velázquez. El primero aparecía en uno de los videos cuando remataba a un sicario agonizante.

Luego, la venganza ordenada por El Chapo siguió con la ejecución una decena de policías municipales que participaron directamente en la emboscada. El 29 de junio apareció una cabeza cercenada en las escalinatas del Palacio Papagayo, amenaza personal inequívoca dirigida contra Félix Salgado, quien se mostraba aterrorizado.

El 10 de julio sobre la Costera Miguel Alemán, a la altura del condominio Oceanic 2000, fue ’levantado’ el capitán Palacios. Al día siguiente tocó el turno al teniente de corbeta Marcelino García Nava, adscrito a la Inteligencia Naval. El jueves 13 de julio de ese año ambos aparecieron en el interior de una camioneta con los vientres reventados a golpes.
En el ínter asesinaron también al diputado federal priista Juan José Nogueda, suplente de Ernesto Rodríguez Escalona. Por las mismas fechas asesinaron igualmente a dos empresarios discotequeros aparentemente vinculados con el lavado de dinero.

Fue, en suma, una orgía de sangre que se extendió a todo lo largo de 2006. Las cabezas hincadas en la verja de la Secretaría de Finanzas fueron las primeras decapitaciones que después serían práctica común de los matones del narcotráfico.
Esa fue la herencia de sangre de Félix Salgado Macedonio, sin que ello implique exculpar a ningún otro de los actores políticos.

Pablo Amílcar Sandoval, el futuro coordinador del gobierno federal, no merece mayor comentario: su talante soberbio lo dibuja de cuerpo entero.

Durante los manoteos previos para designar candidatos fue quien protagonizó, junto con Marcial Rodríguez y César Núñez Ramos, un jaloneo mezquino que buscaba imponer a sus propios candidatos a diputaciones y alcaldías, especialmente a la alcaldía de Acapulco.

La puja interna finalmente la ganó Adela Román, quien ha descollado por méritos propios e impuso un ritmo propio a su campaña, sin el auxilio -más bien, con los ánimos en contra- de estos tres jerarcas que sólo buscaban llevar agua a su molino. Destaca aquí la labor metódica, mesurada y leal del profesor Eloy Cisneros Guillén, un verdadero símbolo de la izquierda histórica, para apuntalar a Adela Román.

Tan pronto López Obrador le dio a conocer que sería el coordinador de políticas públicas en Guerrero, el dirigente estatal de Morena se desbocó: se dio cuenta de que esa decisión lo colocaba en la antesala de la gubernatura, e ipso facto, comenzó a trabajar para ese objetivo, agrupando a todos los actores posibles dentro de ese instituto político para convertirse en una especie de vicegobernador.

Arrogante y soberbio como es, no se ha percatado de que su cargo como coordinador del gabinete federal lo ahogará en un mundo de documentos, cifras, decisiones y responsabilidades que derivarán de las 18 secretarías y dependencias del Estado Mexicano, para lo cual de ninguna manera estará preparado (nadie está preparado para afrontar semejante reto). Terminará ahogado y enloquecido.

Y todavía pretende candidatearse a la gubernatura con la actitud despótica y pedestre que le caracteriza. Pobres guerrerenses. Claro que los ciudadanos de Guerrero no merecen sufrir a ninguno de los dos.

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