Inconmensurables Ratones Verdes

Balón cuadrado

Jesús Yáñez Orozco

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Junio 23, 2018 13:46 hrs.
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Jesús Yáñez Orozco › diarioalmomento.com

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Hace dos años El Tri era, quizá, la peor selección sobre la faz de la tierra. Había caído por goleada 0-7 ante Chile en Copa América. Casi 24 meses después, la selección mexicana, exorcizó aquellos siete demonios que cargaba como cruz sobre sus hombros: en una actuación histórica derrotó 1-0, el pasado sábado, a Alemania, actual campeón del mundo. El arranque del mundial de Rusia parece ser halagüeño. Mañana contra Corea del Sur podría asegurar su pase a octavos de final.

Derrota que nadie quiere recordar y victoria que nadie desea olvidar.

Sin embargo, los Ratones Verdes no son tan buenos, ni tan malos.

Porque, en efecto, los alemanes acabaron dándose un balazo en el pie.

Una golondrina no hace verano.

Ni para bien ni para mal.

Su nivel futbolístico –ha sido, es, y será— lo define un calificativo: mediano. No nos engañemos. Llegar al quinto partido es su mayor aspiración.

Tal vez lo logre.

El domingo 17 de junio será inolvidable. Ese día, los Ratones Verdes fueron sublimes. Inconmensurables. Vencieron aquella ley no escrita en copas del mundo: juegan como nunca, pierden como siempre.

Llegaron como esclavos y se erigieron en Zares del balón. Aunque hayan sido 90 minutos. El oráculo futbolero auguraba, contra Alemania, una derrota o empate. Pocos oteaban la victoria.

De ellos, 70 fueron sublimes. Tuvieron en un puño a sus rivales. Fue una orquesta de piernas que nunca desentonó con y sin el balón a sus pies.

Jugaron, valga la expresión, por nota.

Eso sí, tuvieron de su lado el trébol de cuatro hojas los últimos 20 minutos de juego, echados para atrás. Una curiosa combinación evitó que les arrancaran la victoria: suerte, acierto y entrega de sus jugadores y el desatino y desesperación de los rivales.

Tiene razón el jugador Kedhira, jugador alemán: jugaron como colegiales.

Huérfanos de triunfos –social y deportivamente–, la familia del futbol mexicano –hinchas, prensa, jugadores, entrenadores y directivos– oscilan en los extremos: o son muy buenos o son muy malos.

No hay cabida para la justa medianía, realidad ancestral de balompié nacional.

De acuerdo con las crónicas, Contra Alemania, fue la segunda mejor actuación, en la historia de México en su participación en 17 de 21 mundiales. La primera ocurrió en Chile 1962.

Fue un memorable aquél 7 de junio cuando buriló su primera hazana en estas justas. Dirigida por Ignacio Trelles Campos –a punto de cumplir 103 años de vida— la selección nacional derrotó 3-1 a Checoslovaquia, a la postre subcampeona del torneo.

México había sido uno de los países participantes en el primer Mundial de 1930, y tuvieron que pasar 32 años, 12 derrotas y un empate para saborear los mieles de la victoria.

Ese día alinearon: Antonio Carbajal; Jesús del Muro, Guillermo Sepúlveda e Ignacio Jáuregui; Rául Cárdenas y Pedro Nájera; Salvador Reyes y Alfredo Hernández; Alfredo del Águila, Héctor Hernández e Isidoro Díaz.

Aunque hay otra participación digna de destacar en competencias internacionales, al margen de un mundial.

Sucedió en la Copa América 1993, en Ecuador. Esa vez cayeron 1-2 ante Argentina. Fue una derrota circunstancial. Ambos habían hecho méritos para abrazar la victoria.

Esta vez, los mexicanos, dirigidos por Miguel Mejía Barón, fueron recibidos como héroes nacionales. Carca de 500 mil personas los vitorearon sobre las acercas, en el recorrido que realizaron del aeropuerto internacional de la cuidad de México a la residencia oficial de Los Pinos.

Al otro día el presidente Carlos Salinas de Gortari ofreció una opípara comida en sus salones.

En contraste, los albicelestes tuvieron una gélida acogida: alrededor de 300 hinchas en el aeropuerto de Ezeiza.

Falta ver en el resto del mundial los Ratones Verdes se mantienen, mental y físicamente, en la cresta de la ola. O llegan mansos a la playa.

Eso sí: porque aunque ganen la copa del mundo no reflejaría la realidad del futbol mexicano.

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