En las Nubes

Buena colación

Carlos Ravelo Galindo

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Diciembre 18, 2018 20:10 hrs.
Entretenimiento Nacional › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

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Desde Colima nos replica la colega Rusia Macgregor unas Nubes. Y esto es lo que nos dice:
Así andan las cosas hoy en día.
Yo también recuerdo aquellas posadas en la colonia Roma, en las que los padres de todos los chiquillos que vivíamos en la cuadra y las respectivas familias hacíamos las posadas todos los días.
Nos compraban velitas, piñatas de barro, unas llenas de dulces y otras de fruta y texto de la petición de posada en mano, íbamos por todas las casas de la vecindad y las de afuera, clásico de esas privadas, a pedir posada.
Después, nos sentaban en las ventanas que daban a la privada y desde ahí disfrutábamos de la música, nuestros padres bailando y no recuerdo haber visto alcohol por ningún lado. Terminado todo, a dormir y a prepararnos para el día siguiente. Ya eso pasó a la historia.
En cuanto a las espinas, tienes toda la razón. Habrá espinas seguramente en cada una de nuestras vidas, pero es más fuerte el amor.
Das amor y al final, florece hacia el firmamento igual que las flores.
Y nos agrega otro comentario.
’Carlos de mi vida y de mi corazón: he disfrutado de todo lo dicho en tu envío.
Hace bastante tiempo que no leía ni escuchaba lo de "mucha ropa", expresión que siempre me pareció muy adecuada para lo se pedía con ella.
En cuanto a libertad de mis congéneres y por supuesto con respeto a la libertad de ellas para expresarse, defenderse o congraciarse, yo pienso que la mujer siempre ha sido libre de toda libertad.
Obviamente que cada tiempo es diferente, pero la libertad siempre la hemos tenido. Nunca una mujer se ata a lo que no quiere. Ponle el adjetivo que quieras, pero así es.
Te platico: entré a trabajar a la X.E.T.K en Mazatlán a los 19 años de edad. En esa época no teníamos los adelantos de hoy. Abría estación a las 06:00 A.M.
Tenía que poner un disco con la Malagueña de Albéniz y llamar al encargado de la planta que estaba a kilómetros de ahí y pedirle que si encendía la planta.
A los pocos minutos me llamaba y me decía que ya podía iniciar las transmisiones.
Era la única mujer locutora, de hecho fui la primera femenina en la radio sinaloense.
Resulta que el compañero que cerraba estación, se dio a la tarea de dejar todas las clavijas de la consola cambiadas y por la mañana, era un circo para que yo pudiera salir al aire.
Cómo una mujer les iba a hacer la competencia.
A la semana de abrir 10 o 15 minutos después de la hora, de lo cual no se había percatado el dueño, le llamé a esa hora y le comenté lo que sucedía.
Llegó a la radio, me explicó de pe a pá como se manejaba todo y me enseñó inclusive a cambiar bulbos y una serie de chunches de los que yo no tenía ni idea.
Salí de gane porque de ahí en adelante, ni quien me pudiera trastocar mi tiempo.
Los pusieron además en su lugar y yo tan tranquila.
Como esto, te puedo platicar miles de anécdotas sobre el mismo tema en los que dejaba pasar las cosas no más de dos veces y los ponía en su lugar.
Hubo unas bastante agresivas.
De hecho cuando llegué a Colima fue tremendo, porque a la semana de llegar, me llegó a decir el del jurídicos, que prepara todo porque le iba a hacer entrega del puesto nuevamente al que se había ido.
Llamé a México, lo comenté, lo arreglaron y después bajó a pedirme disculpas.
Creo que más bien es asunto de ubicarse, como me decía mi padre.
A la fecha, yo no entiendo el porqué de esa necesidad de medir la capacidad del hombre con la de la mujer.
Somos iguales: reímos lloramos, nos enojamos, nos enamoramos, sufrimos....
La mal llamada liberación femenina no va conmigo, no soy sumisa, pero no soy agresiva.
Que aburrido sería el mundo sin estos detalles, sin lo que no aprenderíamos nada en nuestro camino por este hermoso mundo. He dicho. Beso y abrazo. Rusia Macgregor’.
craveloygalindo@gmail.com

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