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Octubre 05, 2018 13:56 hrs.
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Quien pide recibe

5 de octubre 2018

Viernes de la XXVI semana
Primera lectura
RECONCILIAOS CON DIOS

Job 38, 1. 12-21; 40, 3-5
El Señor le habló a Job desde el seno de la tormenta y le dijo:
"¿Acaso alguna vez en tu vida
le has dado órdenes a la mañana
o le has señalado su lugar a la aurora,
para que ciña a la tierra por los bordes
y sacuda de ella a los malvados;
para que ponga de relieve sus contornos
y la tiña de colores como un vestido;
para que prive a los malvados del amparo de las tinieblas
y acabe con el poder del hombre criminal?

¿Has llegado hasta donde nace el mar
o te has paseado por el fondo del océano?
¿Se te han franqueado las puertas de la muerte
o has visto los portones del país de los muertos?
¿Has calculado la anchura de la tierra?
Dímelo, si lo sabes.

¿Sabes en dónde vive la luz
y en dónde habitan las tinieblas?
¿Podrías conducirlas a su morada
o enseñarles el camino de su casa?
Si lo sabes, es que para entonces tú ya habrías nacido
y el número de tus años sería incontable’’.

Job le respondió al Señor:

"He hablado a la ligera, ¿qué puedo responder?
Me taparé la boca con la mano.
He estado hablando y ya no insistiré más;
ya no volveré a hablar".
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor Jesús


Salmo Responsorial
CONDÚCENOS, SEÑOR, POR TU CAMINO.
Salmo 138, 1-3. 7-8. 9-10. 13-14ab
R. (24b) Condúcenos, Señor, por tu camino.
Tú me conoces, Señor, profundamente:
tú conoces cuándo me siento y me levanto,
desde lejos sabes mis pensamientos,
tú observas mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
R. Condúcenos, Señor, por tu camino.
¿A dónde iré yo lejos de ti?
¿Dónde escaparé de tu mirada?
Si subo hasta el cielo, allí estás tú;
si bajo al abismo, allí te encuentras.
R. Condúcenos, Señor, por tu camino.
Si voy en alas de la aurora
o me alejo hasta el extremo de mar,
también allí tu mano me conduce
y tu diestra me sostiene.
R. Condúcenos, Señor, por tu camino.
Tú formaste mis entrañas,
me tejiste en el seno materno.
Te doy gracias por tan grandes maravillas;
soy un prodigio y tus obras son prodigiosas.
R. Condúcenos, Señor, por tu camino.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Sal 94, 8
R. Aleluya, aleluya.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
"No endurezcan su corazón".
R. Aleluya.

Evangelio
"EL QUE LOS ESCUCHA A USTEDES, A MÍ ME ESCUCHA’
Lc 10, 13-16
En aquel tiempo, Jesús dijo: "¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo".

Luego, Jesús dijo a sus discípulos: "El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús


Reflexión del Evangelio de hoy
Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de Santo Domingo de Scala-Coeli (Córdoba)

Acuérdate del Señor, que es el que te da la fuerza
El autor del Deuteronomio hace una relación prolija de los muchos favores y hechos prodigiosos con los que Yahvé regaló a su pueblo en el difícil caminar por el desierto. Una fecunda historia y, al tiempo, una atinada pedagogía para que el pueblo de la Promesa perfilara su memoria fundante como pueblo elegido, sin dejar de lado el objetivo terapéutico para que el pueblo no se cansara ni olvidara de quien fue enhebrando, día a día, como Padre compasivo el cumplimiento de la promesa, su libertad como pueblo.

Yahvé en ningún instante olvida a sus hijos y recuerda que los mandatos que les dio no pretenden agobiarlos ni hacerlos infelices, sino todo lo contrario, para que en su cumplimiento saboreen el amor y misericordia de un Padre que no solo no los abandonó, sino que los hizo libres. La memoria salvadora no es tanto para fijar una efemérides del pasado, sino para vivir en todo momento la fuerza amorosa que los sacó de Egipto.

Reconciliaos con Dios
En sus escritos, suele recurrir el apóstol Pablo al hecho de la novedad para aludir a nuestra condición como seguidores del Cristo resucitado. En Él es donde se verifica el cambio radical para la historia humana, y sí se puede hablar de un nuevo comienzo si no dejamos de referirnos a Él. Porque Cristo nos ha habilitado para entablar un modo de relacionarnos con Dios Padre totalmente nuevo y diferente; es en Cristo donde se nos ofrece a todos la reconciliación, y bien haremos en acogerla con el máximo cuidado como gracia y regalo; solo así, Dios y nosotros en colaboración, la misericordia surtirá efecto en la comunidad y en los corazones creyentes.

Quien pide recibe
Que la oración orientada y alimentada en la confianza con el Padre que está en los cielos es operativa y eficaz, está fuera de toda duda. El texto pone el acento no tanto en las acciones precisas de pedir, buscar y llamar, cuanto en una actitud previa de búsqueda de Dios y en la seguridad de su providencia.

No es malo pedir, ni buscar ni llamar, por descontado, pero como seguidores de Cristo Jesús precisemos centrar el corazón en la necesidad de la Palabra viva, así como en el innegociable y salvador hecho de ejercer siempre como hijos de Dios. Si, somos sus hijos, y buscadores de su rostro, y necesitados de su amor, y, al tiempo, precisados de la acogida de sus otros hijos, nuestros hermanos, tan necesitados como uno mismo.

Dios Padre no nos engaña, antes al contrario se empeña en mostrarnos siempre su rostro de Padre acogedor, el que tenemos que identificar en nuestra necesidad y en nuestro seguimiento. No es una socorrida Oficina de Demandas, no, es un Padre que sabe amarnos más que nadie y nos conoce como ningún otro ser nos conoce. Y como Padre gusta ejercer de tal.

Las Témporas, en este caso las de otoño, son un espacio litúrgico para agradecer al dador de todo bien la cosecha anterior y el tiempo vacacional; asimismo, la comunidad pide por los frutos de la tierra y por la salud y calidad de vida de toda la humanidad.

¿Incluye la comunidad en su tensión orante que los frutos de la casa común, la tierra, lleguen a todos sus habitantes sin excepción?

Comentario al Evangelio
CR
Queridos hermanos:

A pesar de que, globalmente, nuestra sociedad está marcada por la industrialización y la técnica, y no tanto por la cultura agrícola, es bueno celebrar hoy esta fiesta. Leemos en el Misal que pueden dedicarse hasta 3 días de la semana, para recoger los tres aspectos fundamentales de esta celebración: la acción de gracias, la petición y la conversión. Son días que la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al reemprender la actividad habitual.

Sea cual sea nuestro trabajo, vivamos más o menos de la tierra, hoy es un momento oportuno para reconocer, como dice el Deuteronomio en la primera lectura, que es el Señor quien nos conduce año tras año a una tierra buena; es Él quien nos saca de la esclavitud de la vida, atravesando desiertos de alacranes, y nos da la fuerza para cultivar nuestras riquezas. Es momento para reconocer la inmensa dignidad de nuestra pequeñez, pues estando todo en manos de Dios, en las nuestras confía cuanto ha creado.

Las sequías que agostan los sembrados, las tormentas tropicales y el agua que se impone con violencia llenado todo de muerte y destrucción, el calentamiento de la atmósfera, la sobrecarga de edificaciones o de talas de árboles en algunas zonas... Todos estos son signos de lo poco conscientes que somos de pertenecer a la Creación, como el agua, el aire o los pájaros. Nos recuerdan que no somos los dueños del mundo, por mucha potencia económica o armamentística que tengamos, sino simples administradores de Dios.

Y al leer el Evangelio de hoy desde esta perspectiva, desechamos anuncios apocalípticos de un Dios que castiga no sé qué pecados con muertes indiscriminadas, fenómenos naturales descontrolados o falta de cosechas que producen enormes hambrunas. Parece ser que el Dios de Jesús es el Padre respetuoso que da sobradamente cuanto le pedimos, y está esperando, justamente eso, que sus hijos se dirijan a Él, le busquen y le llamen.

Aunque en algunos lugares del mundo no es época de cosecha ni de recomenzar la actividad habitual, unámonos todos hoy en la oración y en una asombrada acción de gracias por tanto bien recibido. Que en la escasez se acreciente nuestra esperanza activa para seguir adelante y en la abundancia aumente nuestra humildad para repartir lo que gratuitamente se nos ha dado.

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