Charles Chaplin: la leyenda del cine mudo


Un 16 de abril, pero de 1889 Londres vio nacer a una de sus más grandes estrellas, Charles Chaplin, conocido por ser el creador del personaje de Charlot, un vagabundo que se convirtió en un icono universal.

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Charles Chaplin: la leyenda del cine mudo

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Abril 16, 2019 11:23 hrs.
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A pesar de que la infancia de Chaplin estuvo marcada por un padre alcohólico que los abandono a él y su familia, su madre Hanna trató de sacarlos adelanté con su trabajo de actriz de music hall, sin embargo, la falta de recursos fue llevando a Hanna a la decadencia, Chaplin y sus hermanos tuvieron que vivir en un asilo cuando la salud mental de su madre se comenzó a deteriorar. Poco después el joven Chaplin se unió a un grupo de actores juveniles que hacían giros por los pueblos esto en 1897, posteriormente se fue acercando a compañías ambulantes profesionales, aunque modestas y para 1898 ya se le consideraba un actor infantil experto.


A sus 20 años Chaplin cruzó el Océano Atlántico para probar fortuna en los Estados Unidos, fue en el rodaje de la película Aventuras extraordinarias de Mabel donde surgió el personaje de Charlot en 1914. Se presentó al mundo del cine ataviado con la ropa que lo haría famoso y lo convertiría en una estrella.


Después de este nacimiento Charlot participo en diversas películas que le peritieron a Chaplin hacer una critica sutil ante la desigualdad social de ese entonces. Esta critica terminaría en 196 con el filme Tiempos Modernos, la película con la cual millones de espectadores se deleitaron con la utima aparición de Charlot en pantalla.


Con el estallido de la segunda guerra mundial y la consiguiente invasión alemana de Europa, Charles Chaplin, ya sin bombín, se viste de un humilde barbero judío que, amnésico tras un accidente de avión, se convierte en Adenoid Hynkel, un dictador fascista que inicia la persecución del pueblo judío, a quien considera responsable de la situación de crisis que vive el país. La película alcanza su punto álgido con el discurso final, en el que Chaplin denuncia no sólo el nazismo, sino también el antisemitismo y la intolerancia en general.


Chaplin era reconocido y amado por la crítica, en 1972 recibió un Oscar Honorífico a toda su carrera. El auditorio puesto en pie le aplaudió durante doce minutos, un auténtico récord.

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