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Enero 29, 2020 20:38 hrs.

Jorge Herrera Valenzuela › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


Alguien me dijo en julio de 2018, Morena tendrá vida por seis años. Al pronosticador le pregunté el porqué de su afirmación y la inmediata respuesta fue: ’porque es un partido político de un solo hombre, del que lo fundó’. Seguramente ese analista político vislumbró, con mucha anticipación, lo que hoy están viviendo los superdivididos y ambiciosos, no del poder sino de los 1,760 millones de pesos que el Instituto Nacional Electoral (INE) tiene asignados este año para Morena.
Tres son los personajes que han iniciado el derrumbe de un partido político nacional con menos de 6 años de registro en el INE y que está por cumplir dos controlando el Congreso de la Unión, así como 25 meses de disfrutar la Presidencia de la República, cuyo titular es, al mismo tiempo, el líder moral de lo que primero fue Movimiento de Regeneración Nacional, después se constituyó en asociación civil y desde julio de 2014 en Morena.
El trío lo integran: la empresaria defeña Yeidckol Polevnsky Gurwitz (Citlali Ibáñez Ávila Camacho, en español) que es secretaria general del comité nacional del partido y encargada de la presidencia; el zacatecano historiador, antropólogo y diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar; y la contadora pública chihuahuense Bertha Luján Uranga, mamá de la actual Secretaria del Trabajo y Previsión Social, convocante al congreso o convención donde, el domingo pasado, destituyeron a Yeidckol y nombraron a Alfonso para que en cinco meses ponga orden en Morena y convoque a elecciones de nueva dirigencia nacional, al cuarto para las doce de lo que viene.

El principio del final morenista está más claro que el agua purificada de Monterrey, la mineral de Tehuacán y la cristalina de las Fuentes Brotantes de Tlalpan. Se empieza a repetir la historia de aquel portentoso y apantallador Partido de la Revolución Democrática, fundado el 5 de mayo de 1989 por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez y Hernández. Conquistaron electoralmente el Distrito Federal, hoy Ciudad de México; destronaron al hasta entonces invencible PRI. En las urnas ganaron gubernaturas, senadurías, diputaciones federales y locales, así como importantes presidencias municipales.
Ah, pero no tardó la disputa interna. Los fundadores mencionados dejaron las filas del PRD, Andrés Manuel López Obrador temporalmente dirigió al partido y fue jefe de Gobierno del D.F., pero los dirigentes de las 12 tribus que integraron al PRD entraron en pugna por cargos públicos y prebendas. López Obrador se desligó del perredismo porque ya no era el ídolo, se alió con partidos ’chiquitos’ y después formó el suyo, el propio, donde solo su voz valía y sigue imponiéndose a pesar del canibalismo que está puesto en práctica.
La aparente indiferencia del tabasqueño hacia lo que ocurre por el control de Morena está a la vista y eso más temprano que tarde le afectará mucho al partido en el poder, pues las elecciones del 2021 están a la vuelta de la esquina. La rebatinga (perdón por el término) por las posiciones en las gubernaturas en juego y las candidaturas a diputados federales, provocarán más divisionismo y ahí entrarán en acciones los picos y las palas para cavar la tumba del partido de un solo hombre.
Pero como decía aquel conductor de televisión, ’aún hay más’. Aunque el tabasqueño, el expopular y populachero ’Peje’ tenga sus propios datos, lo cierto es que su impactante capital político sufre bajas considerables, ’las mañaneras’ lo desgastan y su posición de no admitir que la economía no avanza, que hay desabasto de medicamentos, la inseguridad y la violencia se incrementan en todo el país y la ocurrencia distractora de la rifa del avión presidencial le restan popularidad y cae en contradicciones como la de no recibir a Sicilia y a Lebarón ’porque cuida la investidura presidencial’, pero la descuida al dialogar con los familiares de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa y con los chantajistas de la CNTE.
Súmele otro punto y que también está relacionado con la lucha fratricida en Morena. No permitirle al diputado Porfirio Muñoz Ledo subir a la tribuna parlamentaria, para impugnar a la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, significa abrir una brecha más por los propios morenistas, porque Muñoz Ledo es uno de los pocos políticos-políticos que tenemos en este país, donde la improvisación y la falta experiencia legislativa de la mayoría de sus compañeros provoca esos resbalones.
PREGUNTA PARA MEDITAR:
¿Qué sucederá en julio de 2021 cuando Morena pierda la mayoría en la Cámara de Diputados y no triunfe en la conquista de las 15 gubernaturas que estarán en juego?
jherrerav@live.com.mx

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