Así lo expuso Carlos Antaramián, doctor en Antropología Social

Cómo contribuyó México a la persecución de los armenios (Primera de tres partes)

Norma L. Vázquez Alanís

Cómo contribuyó México a la persecución de los armenios
(Primera de tres partes)

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Agosto 12, 2018 09:11 hrs.
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Norma L. Vázquez Alanís › diarioalmomento.com

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’Hasta hace relativamente poco, dos o tres años, se situaba a los primeros armenios en México en el año de 1723, pero en 2015 encontré en el Archivo General de la Nación un documento en el que se asienta que Francisco Martín, un tejedor de terciopelos, se aproximó a la Santa Inquisición el sábado santo de 1632 para pedir perdón porque había comprado unas hierbas y peyote para tener suerte en el juego y enamorar mujeres; hizo este acto de contrición y de arrepentimiento para salvarse’.

Así lo expuso Carlos Antaramián, doctor en Antropología Social por el Colegio de Michoacán, al tomar parte en el ciclo de conferencias ‘Los que llegaron inmigrantes a México’, organizado por el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM), de la Fundación Carlos Slim, para dar a conocer cómo llegaron los armenios, pero también los problemas que tuvieron al instalarse en la Nueva España o en México.

Antaramián, quien es descendiente de armenios por la rama paterna y habló de los emigrantes de este antiguo pueblo asentado cerca del monte Ararat (el del Arca de Noé), narró que la Inquisición pidió a ese primer armenio en México que hiciera por escrito su declaración de arrepentimiento, y cuando respondió que no sabía escribir en caracteres latinos, le indicaron que lo hiciera con ’sus garabatos’ y usó el alfabeto armenio, lo cual está asentado en un documento de 1632 donde además escribió: ‘creo en un solo Dios, en su hijo y en el espíritu santo’.

La emigración armenia enfrentó discriminación desde el siglo XVII. El 26 de febrero de 1684 el rey Carlos II firmó un edicto de expulsión de los armenios de España y sus colonias de ultramar, en virtud de que estos extranjeros se estaban apoderando de alguna forma del comercio. De hecho, un armenio ya era el administrador del Estanco de Sevilla; entonces hubo mucha presión para ellos armenios y también los griegos fueran expulsados, pero especialmente los miembros de la Iglesia Apostólica Armenia.

Cabe decir que el 70 por ciento de los armenios pertenece a la Iglesia Apostólica, que es cabeza de sí misma y tiene su sede en Etchmiadzín, muy cerca de Yereván, su capital, esto significa que no reconocen la autoridad del obispo de Roma, aunque hay un grupo católico y uno evangélico, explicó el también investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana, Xochimilco.

Esta cédula real de Carlos II señalaba: ’Mande el rey, nuestro señor, que todos los armenios que se hallaren en nuestra corte y en otras cualesquiera ciudades, villas y lugares de estos reinos, salgan de ellos pasados los seis meses de la expedición de este documento’. Por tal razón ya para finales de 1684 no hay armenios apostólicos en España y sus territorios de ultramar, si bien muchos se reconciliaron, es decir, decidieron regresar a la fe católica.

La mayoría de los casos tuvieron lugar en Filipinas y los documentos están en México porque de alguna manera Filipinas era una colonia de España y todas las actas de la Inquisición terminaron aquí, en el Archivo General de la Nación (AGN). Por eso sabemos de alrededor de 70 procesos de armenios que se reconciliaron con la fe católica, muchos cambiaron sus nombres y quizá también llegaron a México; gran parte de los armenios registrados para el siglo XVIII vinieron de Filipinas en la Nao de China, esa embarcación que llegaba dos veces al año a costas nacionales.

También está el caso interesante de otro armenio, don ‘Pedro de Zárate’, que vivía en la Merced en un cuarto en el convento de Balvanera. Resultó que, en 1723, un monje armenio católico le contó a Juan de Urzúa, procurador de Yucatán con quien se topó en Campeche, que en la ciudad de México había unos armenios cismáticos que eran los que más daño le hacían a la fe católica. Entonces de Urzúa informó de esto a la Inquisición, que investigó a Pedro de Zárate, quien tenía problemas en Balvanera porque consideraba una tontería ahuyentar las tormentas mediante el tañido de las campanas de las iglesias y eso para la gente que vivía en aquel bodegón era una especie de herejía. En 1730 fue llamado a juicio por la Inquisición y, aunque se arrepintió de sus dichos, ya no se supo qué pasó con él y si sus descendientes siguen en México.

Genocidio y persecución contra armenios en el siglo XIX
Los armenios no podían entrar a las colonias de España en América por no ser católicos, pero esta disposición se mantuvo en las repúblicas independientes. En México, por ejemplo, en su edición del 17 de abril de 1889 el periódico ‘El Tiempo’ señalaba que ’la inmigración no católica no sólo no es deseable, sino un crimen social’, comentó el doctor Antaramián, quien es miembro del Consejo Asesor del Seminario Universitario de Culturas del Medio Oriente de la UNAM.

Esta tesis también la sustentaba el maestro Justo Sierra, quien escribió en un texto titulado ‘La hora actual’ lo siguiente: ’Atraer al inmigrante de sangre europea, que es el único con quien debemos procurar el cruzamiento de nuestros grupos indígenas, si no queremos pasar del medio de civilización en que nuestra nacionalidad ha crecido a otro inferior, lo que no sería una evolución sino una regresión’. Para finales del siglo XIX, en opinión de muchos pensadores y científicos en México, se debía mantener la inmigración exclusivamente católica, de ahí que poquísimos armenios estaban instalados en México en esa época.

Para finales del siglo XIX en todo el mundo se dio el nacimiento de los nacionalismos modernos, que llevó a la constitución de los Estados-Nación. Este nuevo modelo político consideraba a los imperios multiculturales como un problema serio y entre 1894 y 1896 hubo una serie de linchamientos multitudinarios premeditados contra la población cristiana, específicamente Armenia, pero también la asirio-caldea, t murieron entre 200 mil y 300 mil personas.

El sultán Abdul Hamid II y luego el gobierno de los jóvenes turcos, pretendían la eliminación de los armenios, por lo que hicieron caravanas de deportación cuya finalidad era llevar a esa población al desierto sirio, donde hoy gobierna el Ejército Islámico; así se inició también la destrucción del pasado cultural y de la arquitectura armenia en el Imperio Otomano y la política de extermino de esta población cristiana continuó durante las décadas de 1920, 30 y 40.

Probablemente durante el genocidio murieron un millón y medio de armenios, pero también perdieron la vida muchísimos griegos y asirio-caldeos. Hacia 1926 no quedaba en las provincias orientales un solo armenio, pero ya había comunidades de esa estirpe viviendo en el sur de Líbano.

(Continuará)



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