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Cómo sobrevivir en la capital

José Antonio Aspiros Villagómez

Cómo sobrevivir en la capital

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Cultura

Agosto 27, 2018 09:25 hrs.
Cultura Nacional › México Ciudad de México
José Antonio Aspiros Villagómez › diarioalmomento.com

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Para mi hija Cora Patricia Aspiros Heras
por iniciar una década más de vida (3-IX)
y por agregar un título en museografía,
al anterior de escenografía

Entre 1969 y 1976 el escritor Jorge Ibargüengoitia publicó en el diario Excélsior una serie de artículos que luego fueron reunidos por la Editorial Gandhi-Joaquín Mortiz en un libro titulado Instrucciones para vivir en México.

Con un estilo irónico, más que de denuncia, se trata de relatos que evidencian el rechazo y la crítica del autor a las prácticas y vicios sociales y burocráticos de esa época en la capital del país.

Nada menciona -porque entonces no era algo grave- acerca del terrible problema de movilidad en la Ciudad de México -nuestro lugar de nacimiento-, donde además negocios que suponíamos acreditados han desaparecido, edificios que vimos en nuestra visita anterior desde San Juan del Río ahora están abandonados o son lotes baldíos o con maniobras para levantar nuevas y agresivas torres, y muchos, muchos locales comerciales e inmuebles de viviendas, dañados, cerrados y sin atención alguna tras el sismo del 19-IX-17. Triste espectáculo.

Y por ello creemos que, quienes tenemos necesidad de ir ocasionalmente a la capital del país, es mejor refugiarnos durante el tiempo libre en sitios que no sean traumáticos, como por ejemplo los museos y exposiciones.

Hay bastantes y variados museos en la Ciudad de México dada la centralización cultural. Así que en nuestra visita para asistir al sorteo de la Lotería Nacional dedicado a los 50 años de Notimex, Agencia de Noticias del Estado Mexicano, por la mañana huimos al Palacio de Bellas Artes.

Luego de cruzar desde la calle Rosales hasta la estación Balderas del Metro por un largo pasaje subterráneo, pestilente y con indigentes dormidos al paso, tras recorrer por fortuna sólo una estación llegamos y, para sorpresa, no había las largas filas para entrar como nos han tocado en otras exposiciones, así que fue posible disfrutar durante más de dos horas de los Tesoros de la Hispanic Society of America.

Las cédulas de la exposición mencionan que el estadunidense Archer Milton Huntington se aficionó al arte y la cultura españolas desde los 12 años y comenzó a reunir piezas auténticas; en 1900 heredó la fortuna de su padre, compró pinturas de artistas como El Greco, Velázquez, Murillo, Goya y otros, y fundó la Hispanic Society para resguardar y exhibir su colección.

Varias de esas obras son las que estarán en México hasta el 23 de septiembre y al verlas nos detuvimos en las de temas religiosos para constatar cómo la pintura y la escultura contribuyeron a desarrollar ese concepto maniqueo que existe en torno del bien y del mal: los ángeles ‘buenos’ están representados muy bonitos, mientras que los ‘malos’ -que según entendemos fueron ángeles también, así hayan sido rebeldes- tienen formas demoniacas, colores oscuros y siempre yacen bajo sus vencedores.

Hay, por otra parte, un atractivo y luminoso óleo ’enconchado’, es decir, con incrustaciones de madreperla, hecho en México por Nicolás de Correa en el siglo XVII con el tema de las bodas de Caná, con Jesús y su madre María en primer plano junto a un recipiente de vino, y los desposados en el fondo de la escena.

En las diversas salas dedicadas a la antigüedad de España, la etapa medieval, los siglos de oro, los virreinatos, el fin del viejo régimen y la época moderna, además de pinturas se presentan esculturas, libros, documentos, objetos decorativos o utilitarios, prendas de clérigos, mapas y otras magníficas piezas de finos materiales y cuidadas manufacturas.

También nos llamaron la atención los libros. Su letra, ya sea manuscrita o con tipos dibujados en latín o árabe, en varios casos es abigarrada y, en todos, difícil de leer. En algunos libros las capitulares son grandes y coloridas, adornadas con algún dibujo; sus pastas tienen broches para cerrarlas; en los documentos aparecen las firmas de ciertos monarcas.

Uno de los libros es la Doctrina breve muy provechosa de las cosas que pertenecen a la fe católica y a nuestra cristiandad en estilo llano para común inteligencia, escrito por el primer obispo de Nueva España, Juan de Zumárraga, e impreso por Juan Cromberger en 1544.

Otro es el Auto sacramental del divino Narciso, por alegorías, de la monja novohispana Juana Inés de la Cruz, editado en 1690 ’en la imprenta de la viuda de Bernardo Calderón’ a instancia de la virreina Condesa de Paredes y Marquesa de la Laguna, para llevarlo a Madrid y presentarlo ante la Corte.

Se muestra en otra sala un mapamundi de 1526 del cartógrafo florentino Giovanni Vespucci, sobrino de Amerigo a quien debemos el nombre de América. Le faltan al mapa las costas occidentales de nuestro continente, así como todo el territorio al norte del río Mississippi, debido a que eso era lo que entonces se conocía. Por el lado de China hay otras imprecisiones.

Está además, en esta exposición, un divertido conjunto de 25 azulejos, obra del editor barcelonés Ramón Casas, con caricaturas que presentan los adelantos del siglo XIX tales como el ferrocarril, la bicicleta, el automóvil, la máquina de coser, las mesas de billar, la fotografía, mejoras en los muebles de baño y otras novedades de entonces.

Imposible mencionar todo lo que se exhibe, y que incluye piezas de la era romana obtenidas en expediciones arqueológicas financiadas por Huntington, y algunos de los tesoros que dejaron los árabes durante su dilatada incursión por territorio español.

Mejor meternos a una buena exposición como esta (y ya nos espera la del ‘Vaticano: de San Pedro a Francisco. Dos mil años de arte e historia’, en el Colegio de San Ildefonso), que andar por calles tan deprimentes y llenas, hasta en zonas turísticas, de puestos de baratijas y comida con olores desagradables, en una ciudad ya muy insegura también. Eso no se conocía en los tiempos de Jorge Ibargüengoitia.



PIES DE FOTO:

1.- Ángeles buenos y malos. ‘San Miguel arcángel’, anónimo ecuatoriano, hacia 1700-1725.

2.- Lo que se conocía de México. Mapamundi de Giovanni Vespucci, Sevilla, 1526.

3.- ‘Adelantos del siglo XIX’, Ramón Casas i Carbó, Barcelona, 1903.

4.- ‘Escritorio portátil’, anónimo colombiano, 1684, laca sobre madera.

5.- Misal de Tarragona. Finales del siglo XIV y comienzos del XV.

6.- ‘Las bodas de Caná’, Nicolás de Correa, México, 1696.




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José Antonio Aspiros Villagómez
Licenciado en Periodismo
Cédula profesional 8116108 SEP
antonio.aspiros@gmail.com

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