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Marzo 22, 2026 22:35 hrs.
Luis Manuel Arce Isaac › tabloiderevista.com
Política ›
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo este domingo un anuncio que ha sorprendido y dejado con una expresión tonta el rostro de mucha gente que no ha entendido ni hostia divina de su enrevesado y enigmático mensaje.
Trump escribió en su sitio Truth Social: "Ahora, con la muerte de Irán, el mayor enemigo de Estados Unidos es el Partido Demócrata, de extrema izquierda, ¡y sumamente incompetente! Gracias por su atención a este asunto".
Nunca, en la historia de la llamada ’diplomacia bélica’ —menjunje de pólvora mezclada con retórica de hojalata— la proclamación de una victoria militar ha sido tan indefinible, camaleónica, maliciosa, mentirosa, cínica y tan llena de atributos de la teoría del miedo en su acepción de dos vías: de dar y temer. Ojo, porque él tiene más miedo del que mete.
La justificación de la ’victoria’ se basa en el supuesto del cumplimiento de los objetivos iniciales de su guerra contra Irán: asesinar a los líderes religiosos, políticos y militares de la Revolución islámica, y destruir las instalaciones nucleares iraní para impedir el procesamiento del uranio enriquecido que le permitiera fabricar la bomba atómica.
Pero esos no eran los verdaderos objetivos principales, como él mismo se encargó de desmentir, sino los de Israel, que él adoptó, de cambiar el régimen islámico, y sacar a Irán del camino como el principal estorbo para la expansión del control nazisionista del Oriente Medio, lo cual motivó la fractura dentro del MAGA, su base política y electoral dentro de Estados Unidos.
Trump sabía perfectamente bien que, en las condiciones de desarrollo nuclear con fines pacífico, Irán estaba, como mínimo, a 10 a 15 años de obtener el arma nuclear si es que se empeñaba en continuar ese curso.
Trump jamás dijo que un intento de obtenerla era resultado directo de la disparidad en la correlación de fuerzas de su principal enemigo, el sionismo (no el pueblo hebreo), poseedor del arma nuclear desde el siglo pasado gracias a la ayuda de EEUU y el bloque de la OTAN que les facilitaron todos los medios para construir las instalaciones en Dimona y la materia prima para su enriquecimiento hasta obtener el uranio 235, y usarla como factor de chantaje en la región.
El episodio fue muy bien descrito por Mordechai Vanunu ingeniero del Centro de Investigación Nuclear del Néguev, de Dimona, quien pasó la información al periódico británico The Sunday Times con detalles técnicos y fotografías que confirmaron las sospechas internacionales sobre el arsenal nuclear israelí proporcionado en gran parte por EEUU.
Trump minimiza su participación —incluso obvia la masacre de 170 niñas en el bombardeo a una escuela primaria en plenas clases— en la acción ilegal e ilegítima de Washington y Tel Aviv, que tienen todos los elementos indispensables para que la Corte Penal Internacional los declare criminales de guerra, algo que parece no va a suceder. Eso explica en parte el llamado del presidente iraní Masoud Pezeshkian, a la unidad islámica y concentrar el fuego en Netanyahu.
La declaración de muerte de Irán no es, ni por asomo, una victoria, sino una derrota de muy altos kilates tanto para Trump como para Netanyahu, pero ninguno de los dos lo puede admitir, de allí que su declaración sea como un retruécano con más sutileza que chiste, pero muy peligroso porque es un reflejo condicionado de poder y forma parte de su teoría del miedo.
Es decir, declarar a Irán muerto, y al mismo tiempo proclamar al partido demócrata el peor enemigo y endilgarle el calificativo de izquierda contrario a su naturaleza derechista, lo deja libre como ganador ante los ojos de los supremacistas de MAGA, cuyas simpatías necesita recuperar, y crea preocupaciones e inquietud entre aliados y adversarios fuera de las fronteras estadounidenses. Eso no se refiere tanto a China y Rusia, como a México, Canadá, la Europa aliada, Cuba y cualquiera que forme parte de sus planes de creación de un nuevo orden internacional y de la ruptura de la institucionalidad de su propio país.
Es tan malicioso y está tan convencido de que su proclamación de la irreal muerte de Irán nadie la cree, que no le importa la contradicción que él mismo crea al no retirarse del escenario de guerra y sostener sus amenazas de destruir todas las instalaciones de energía eléctrica, almacenes de petróleo y gas de Irán, y le da un ultimátum de 48 horas a Teherán para que abra el estrecho de Ormuz, al tiempo que mantiene en movimiento a más de cinco mil soldados de infantería.
Aun así, con todo ello busca que Irán baje la intensidad de los ataques a sus bases militares en Oriente Medio y su flota naval —cuya efectividad está en los buques y portaviones que ha tenido que retirar ocultando hasta donde ha podido que son bajas de guerra—, provocando con ello que los concentre contra Israel, y es de imaginar que Netanyahu no esté muy satisfecho con lo que su amigo acaba de hacer.
Ambos saben que los supuestos de Trump para proclamarse vencedor solamente existen en su cabeza y las vacías de su entorno, porque ninguno de los objetivos trazados está cumplido aún con el asesinato de numerosos líderes iraníes, ya sustituidos todos sin que hubiera una interrupción o un vacío en la cadena de mando.
También saben que la batalla del Estrecho de Ormuz va a ser peor que la de Normandía o la de Stalingrado, y que ni los hebreros ni los estadounidenses se los van a perdonar; los dos están indecisos entre invadir o ejecutar una locura nuclear poque con la estrategia actual no llegarán a ninguna parte, más allá de recrudecer una crisis económica global de base energética, que puede conducir a un rajuste territorial del mundo.
Pasar su frente principal del Oriente Medio a territorio nacional al declarar al partido demócrata su "mayor enemigo", es una manifestación de su derrota, y un factor de exacerbación de su supremacismo que debería poner en alerta a los estadounidenses para que no derive en una guerra civil, y a los latinoamericanos para que no perpetre acciones descabelladas y criminales que desvíen la atención de sus graves problemas en política interna, más allá de sus delitos personales.
El término malintencionado y exagerado que usa con los demócratas de ’izquierda radical’ en el fondo lleva esa proyección más global, podría decirse hemisférica, y no se debe descartar que lo que se produzca a partir de este domingo 22 de marzo, sea un intento maligno de una redefinición jerárquica más concentrada en el continente de sus amenazas.
Él sabe que el partido demócrata no es su "mayor enemigo" porque se acabó el paralelismo en la cúpula bipartidista Hay una conjunción de multimillonarios que comparten objetivos e intereses de dominación.
Por tanto, cuando lo califica así, se está refiriendo a la base demócrata, a la gente de abajo mientras que al mismo tiempo busca reivindicarse con el MAGA, acentuar la ya peligrosa división social, y crear un caos que le permita sostener en sus manos el congreso y el poder judicial para tratar de perpetuarse en la Casa Blanca como el gran dictador.
Todo es hipótesis y, en la mayor parte, borrachera de poder. Lo real es que las alertas en el hemisferio deben estar encendidas y en rojo, porque está desesperado, como león herido, y tirando mordidas hasta en su rabo. Irán fue su prueba de fuego y salió con quemaduras de tercer grado.
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