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Septiembre 13, 2019 00:22 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


Los actuales movimientos sociales, sobre todo callejeros, con poca gente, "aparentemente legítimos", con exigencias que no justifican una movilización, no esconden la mano que les mueve los hilos.


La movilización social se lleva a cabo cuando las instancias legales se agotaron, por lo menos ésta era una condición esencial para salir a las calles. Ahora, que se trata de desgastar al poder enviando desde los elegantes escritorios de las sedes de los partidos de oposición, simplemente la manifestación callejera se expresa como primera instancia, para luego seguir los procedimientos naturales de la exigencia o solicitud.


Esta es la primera de las evidencias sobre la poca autenticidad de las marchas como la de la CNTE que impide los trabajos de las sesiones del Congreso que va a debatir las leyes que contienen sus peticiones, pero tampoco se quedan atrás los bodegueros de la Central de Abasto, quienes impiden las mañaneras como si se tratara de sabotear la comunicación del Presidente que desmiente todo rumores y especulaciones sobre la actual administración pública.


De entrada, ambas manifestaciones son contradictorias y absurdas. Si los profesores de la CNTE pelean que se tomen en cuenta sus peticiones en las leyes secundarias de la Reforma Educativa en la Cámara de Diputados, lo primero que deben hacer es facilitar esa discusión parlamentaria y no cancelarla por la fuerza.


En el caso de los comerciantes de la Central de Abasto, la protesta no corresponde al gobierno federal, de ahí, que la cancelación de la conferencia de prensa del Presidente de la República, con vallas humanas, debería convertirse en una marcha ante la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México o frente al Palacio de Ayuntamiento, sede del gobierno de la capital del país.



Para los partidos de oposición hay dos factores que les impide conformar el contrapeso deseado, al primer que no pueden crear rumores que impacten en la sociedad, a pesar de tener como cómplices a algunos medios; el segundo, no saben cómo dividir la mayoría aplastante de legisladores de Morena en las Cámaras, de ahí que el punto neurálgico de su coraje ideológico sea señalado por sus acciones que denotan y consideran sus propios puntos débiles.


La oposición no puede crecer mientras el Presidente de la República no baje la guardia que significa la conferencia mañanera, porque por ese hueco informativo pueden entrar todos los rumores que son capaces de crear las fantasías de los opositores y la imaginación de los nostálgicos del poder.


Así, manifestaciones callejeras trazadas desde los escritorios de los líderes de los partidos de oposición, el sabotaje a las mañaneras y la barrera humana para impedir que se realicen las sesiones del Congreso, son expresiones de una misma fuente, producto de la imposibilidad de seguir siendo lo que fueron.


La resistencia ha estado no sólo en la persistencia de la mañanera, o en la convicción de los legisladores de Morena sino, sobre todo, en la conciencia de la población que no permitido que esas agresiones ilícitas permeen en su opinión o desgasten su sólida esperanza.

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