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Junio 03, 2019 00:54 hrs.

Verónica Nagore › diarioalmomento.com

Medio ambiente Nacional › México Ciudad de México


Ayer iba en un autobús y pase un momento desagradable, sé que tod@s tenemos necesidades fisiológicas, que tod@s sin excepción eructamos, pedorreanos, miamos y defecamos, pero creo también que hay un lugar para todo y debemos respetar a los demás... ¿O no?...
Resulta que por comodidad siempre elijo de los asientos que están atrás, justo junto a la puerta, para que al llegar a mi destino sea de las primeras en bajar sin problemas.
En la fila de asientos íbamos 4 mujeres y un señor, y éste último sin recato alguno comenzó a pedorrearse, si así como lo leen, ni tantito pudor tuvo para emitir esos olores asquerosos, irrespirables, acompañados de unos sonidos cual coetones en procesión.
La señora que estaba al lado de la ventanilla se apresuró a abrirla y ni así se dispersaban esos aromas que superaban cualquier olor de baños públicos.
Después de su primera emisión vino otra, hasta que le dijimos al susodicho que POR FAVOR, fuera consciente de que no iba solo y que nosotras no teníamos que ir padeciendo su jolgorio estomacal.
Él por supuesto hizo caso omiso, y al enterar al conductor dijo que ese no era delito, la adolescente que venía junto a mí le dijo al chófer que fuera a la parte trasera para que oliera y entonces así se diera cuenta.

Un joven bromista le grito que ya hay parches de menta para pedos apestosos.

Y él señor como si nada.
Ya no supe en que acabó aquello porque me baje, mi nariz no pudo más y las nausias que se estaban gestando en mi interior
me tenían Atrapada..
Lo cierto es que si tod@s pedorreamos, pero por favor hagamoslo a solas, o como dijo aquel chico usemos parches de menta, para no fastidiar a l@s demás.

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