Desmantelan la escuela revolucionaria


Hay muchas señales que vinculan la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa el 26 de septiembre hace cuatro años con la estrategia gubernamental que ha buscado desde hace tiempo desaparecer la normal rural y con ello la educación nacionalista

| Justo May Correa | Desde enbocaspalabras
Desmantelan la escuela revolucionaria

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Septiembre 25, 2018 06:33 hrs.
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La educación es el único camino para liberar a los pueblos. México ha tenido etapas en que se ha puesto énfasis en la educación nacionalista como plataforma de progreso y libertad. La de Lázaro Cárdenas fue una de esas etapas, entre 1934 y 1940, cuando fue presidente de México.

Un poco antes, la idea de liberar al pueblo mediante la educación se concretó como proyecto en 1920, durante la administración de Álvaro Obregón. Creó la Secretaría de Educación Pública el lunes 3 de octubre de 1921 y puso al frente de ella a José Vasconcelos, con el objetivo de promover un modelo educativo que tuviera como base los principios constitucionales. Así fue como surgió el proyecto educativo de la escuela rural mexicana.

Las mayores necesidades educativas se centraban en las regiones campesinas. Por ello, el 22 de mayo de 1922 surge la primera Normal Rural en México: la de Tacámbaro, Michoacán. Desde el principio se estableció que para conseguir la instrucción del pueblo el maestro rural debía estar preparado para atender no sólo a niños, también a jóvenes y a personas adultas. A la comunidad en general.

El maestro rural debía contar también con conocimientos acerca de la producción de animales y del campo. Este compromiso se sostenía por la enorme convicción del maestro rural en que el trabajo colectivo emanciparía al pueblo. Entonces se hizo patente la participación del maestro rural en la vida de la comunidad.

Además, debía contar con un carácter crítico en el que se fincara su estrecha relación con esa comunidad y le permitiera coadyuvar en la resolución de los problemas de la propia comunidad. Con estos principios se fundó el normalismo rural. Ese carácter crítico fue más allá de las aulas. Por ejemplo, en 1934, la Escuela Normal Rural de Tamatán, Tamaulipas, lanzó un enérgico llamado a todo el estudiantado y campesinado para estar organizados y hacer frente a las injusticias, para tener voz en la transformación de la nueva nación.

Se organizaron los estudiantes hacia este propósito. En junio de 1935, en El Roque, Guanajuato, el estudiantado de origen campesino se organizó en una entidad de alcance nacional llamada Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, organismo que a través de los años ha sido fuertemente combatido.
Este modelo educativo se ha enfrentado a diversos obstáculos y a los intentos de extinguir el normalismo rural desde el sexenio de Manuel Ávila Camacho. Es claro que las normales rurales subsisten porque caminan de la mano del pueblo.

Desde su origen este movimiento ha buscado la liberación de las comunidades al forjar maestros rurales capaces de organizar a los campesinos para alcanzar una mejor calidad de vida. Como en sus orígenes, vela por la formación de maestros comprometidos con la docencia y con los campesinos. A diferencia de las ciudades, los maestros rurales han cumplido su misión en condiciones muy adversas.

En muchas comunidades donde imparten clases no hay agua potable, energía eléctrica, drenaje, caminos de acceso. En esas comunidades es donde participan en la organización y la búsqueda de soluciones. Es ahí donde alfabetizan e instruyen en la agricultura y la producción de animales; por supuesto, la prioridad siempre será formar niños que serán los futuros maestros rurales.

Esta convicción y verdadera vocación de servicio al pueblo no es tan frecuente en los maestros de hoy. La clave de todo esto es que ellos no son como los maestros que decidieron serlo sólo por contar con un sueldo seguro pero no entienden nada acerca de la idea de la educación como medio de liberación del pueblo.

Los ejes en los que se sustenta la función de las normales rurales son cinco: académico, deportivo, cultural, productivo y político. Se imparten conferencias sobre la situación política y social actual de nuestro país y el mundo. El proceso político no le gusta al gobierno y en las últimas décadas han estado cerrando las normales rurales del país.

El gobierno dice que las escuelas normales son semilleros de guerrilleros, pero los promotores de este tipo de educación contra viento y marea sostienen que las escuelas normales son semilleros de buenas personas.

En estos antecedentes encontramos una explicación más clara acerca de lo que pasó en Ayotzinapa: en el ánimo de exterminarlos, de desalentarlos como lo han estado haciendo los agentes del gobierno.

La Escuela Normal Rural ’Raúl Isidro Burgos’, de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, es una escuela de magisterio considerada de ideología revolucionaria. En esa misma escuela se formaron los líderes guerrilleros Lucio Cabañas y Genaro Vázquez.

La escuela es miembro de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México. Ahora podemos saber que se trata de una organización estudiantil semiclandestina de carácter nacional integrada por estudiantes de las escuelas normales rurales de México.

Un reportaje de la AFP del 30 de octubre de 2014 describe a Ernesto Guerrero ’Comandante Malboro’, de 21 años, parado frente a su dormitorio ’pintado por ellos de rojo comunista con imágenes de Karl Marx y el Che Guevara’. Ernesto Guerrero es sobreviviente del ataque del 26 de septiembre de 2014 en el que desaparecieron 43 de sus compañeros en Iguala.

Al dormitorio frente al cual estaba lo bautizaron ’La Casa del Activista’, porque ahí recibían orientación ideológica y política, dice el reportaje de la agencia de información reproducido por La Jornada. El gobierno ha procurado el desmantelamiento de este sistema de educación concebido por el régimen de la Revolución.

En 2003 fue cerrada la Escuela Normal Rural de Mactumactzá, Chiapas. El domingo 6 de julio de 2008 dejó de funcionar, luego de 82 años, la Escuela Normal Rural ’Luis Villarreal’ de la comunidad El Mexe, municipio de Francisco I. Madero, en el estado de Hidalgo. De esta forma continuaba su avance el proyecto gubernamental de cerrar las 16 normales rurales que quedaban en el país. Ese proceso avanzaba también en la década de los noventa con la reducción de la matrícula.

Luego del cierre de su escuela, los alumnos de El Mexe iniciaron una serie de movimientos de protesta para conseguir su reapertura. Esa lucha continuaba en 2018. El presidente electo Andrés Manuel López Obrador ha prometido reabrirla.

Las primeras normales rurales

Las primeras escuelas normales rurales aparecieron en la década de 1920. Luego, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940) recibieron un impulso tan grande que llegaron a 46 en todo el territorio nacional. El cardenismo les legó la educación socialista, que no han abandonado, aunque sus planes de estudios sean similares a los de todas las escuelas normales y universidades pedagógicas del país.

Entre estas escuelas hay internados exclusivamente para mujeres. Andrea es una estudiante originaria de Iguala que estudia en la Normal “Emiliano Zapata” de Amilcingo, Morelos, que es precisamente exclusivo para mujeres, igual que la Normal de Cañada Honda, Aguascalientes.

Andrea dice: “El panorama que tengo es muy diferente al que tenía antes de ingresar a esta escuela. Antes no salía de casa sin mi mamá y ella tomaba decisiones por mí. Aquí he aprendido a ser independiente, pero también responsable. Eso es mucho para una hija de campesinos pobres. Ahora tengo otro futuro”.

Esa es una transformación muy importante que preocupa a quienes no desean que México tenga un pueblo cada vez mejor preparado. Y dice también Andrea: “Amamos a nuestra escuela. Es nuestra casa. Nos ha despertado y ahora nosotros despertaremos a los que son como nosotros, al pueblo, a los pobres”.

Te hacen un examen para ver si tienes derecho a la educación


Es interesante conocer la perspectiva que acerca de la actual política educativa tiene el doctor Hugo Aboites, rector de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, sobre todo cuando señala que en México “no se tiene derecho a la educación, sino derecho a un examen para ver si se tiene derecho a la educación”, según asienta en su artículo “El perfil educativo de México para el siglo XXI”.

Dice el doctor Aboites que este es un problema que se venía enfrentando desde 1996, lo que contribuyó a que en 2012 se aprobara la obligatoriedad de la educación media superior en México. Esto significó que, al menos en teoría, ya no se deben aprobar exámenes para ingresar al bachillerato.

Efectivamente, el 9 de febrero de 2012 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la declaración del Congreso de la Unión que reformaba los artículos 3º. y 31º. de la Constitución, para dar lugar a la obligatoriedad de la educación media superior en México.

El doctor Aboites es enfático al señalar que “No debería haber exámenes, ni cobros ni canalización a escuelas técnicas como ocurre en la actualidad. Sí se han conseguido cosas importantes como el hecho de que se haya reconocido como un derecho, y un derecho no se puede someter a examen; a nadie se le hace un examen para saber si tiene derecho a la vida, el Estado debe garantizar las condiciones para que se pueda ejercer ese derecho (a la educación)”.

Cuando la periodista Valeria Gallardo Muñoz le pregunta al doctor Aboites acerca de si tras el telón de la reforma educativa se oculta la privatización de la educación, el experto responde: “Sí, no en el sentido en el que, creo yo, que equivocadamente el presidente habla cuando dice que no se va a concesionar ni se va a privatizar ni pasar a manos privadas”.

―¿En qué sentido?

Agrega el doctor Aboites que la privatización va en un sentido más profundo: “…en el sentido de qué debe ser la educación, (porque) ya no es la idea de construcción de una nación, sino la idea de construcción de jóvenes competitivos, eficientes en el mercado, es decir, una visión privada de la educación, que está totalmente contrapuesta a lo que dice el Artículo Tercero constitucional cuando habla de una educación democrática, solidaria, que responda a las necesidades nacionales, que tenga en cuenta las culturas, en fin, una educación para formar seres humanos; (una educación) humanista”.

También ha señalado a la revista Contralínea que la actual política del gobierno mexicano es “sumamente dogmática y autoritaria”. Dice también que, desde la perspectiva gubernamental, es la educación técnica la que tiene futuro en este país, mientras que la educación universitaria y la educación para la educación carecen ya de importancia.

La gran interrogante que flota desde hace 4 años

Desde hace cuatro años flota en el ambiente la pregunta acerca de si el gobierno mexicano está involucrado en la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014.

Todavía no está dicha la última palabra. El lunes 25 de abril de 2016 el periódico español El País publicó que “…la desaparición y muerte de los 43 estudiantes de Ayotzinapa le ha vuelto a estallar en las manos al gobierno de Enrique Peña Nieto”.

Se refería a un informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, GIEI, que ha puesto en duda no sólo la versión oficial de la matanza, sino la credibilidad misma del Estado Mexicano.

A lo largo de 608 páginas este equipo, dependiente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, detalla las dilaciones, obstrucciones y bloqueos que sufrieron. Dice el informe que más allá del alcalde de Iguala y sus policías municipales, las “conductas omisivas de los funcionarios públicos” han quedado sin investigar, y ha puesto en entredicho el papel del Ejército, cuyas cabezas y el propio presidente Peña Nieto rechazaron abrir una investigación al 27 batallón de infantería con relación a los hechos.

Según El País, el rosario de males descrito por el GIEI supone un duro golpe al sistema policial mexicano, pero carecería de pólvora sino fuera porque da un paso más y entra en el campo de la acusación. Asienta el periódico: “La investigación tuvo dificultades que no son imputadas de manera exclusiva a la simple complejidad del caso. La lentitud en las respuestas a las solicitudes del GIEI, la demora en la práctica de muchas pruebas, las respuestas formales y no sustanciales a muchas de las inquietudes, la no investigación de otras líneas de investigación, no pueden leerse como simples obstáculos improvisados o parciales. Muestran barreras estructurales”.

Añade El País: “Independientemente de que el Grupo no haya podido entrevistar a los militares del 27 Batallón que estuvieron presentes en los hechos (…), los reportes de inteligencia, las bitácoras, las fotografías y los videos vinculados a los hechos no han sido incorporados a la investigación”.

Con base en ese informe, Washington también está presionando al gobierno mexicano. El Departamento de Estado norteamericano emitió un comunicado, firmado por su vocero John Kirby, en el que expresa: “Confiamos en que las autoridades mexicanas considerarán cuidadosamente las recomendaciones del informe”, y expresa su confianza en que “evaluarán las acciones sugeridas para atender la cuestión de las desapariciones forzadas, proporcionarán apoyo a las familias de las víctimas y continuarán sus esfuerzos para resolver este caso trágico”.

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