’¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!’


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’¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!’

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Noviembre 05, 2018 22:48 hrs.
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Martes 6 de noviembre 2018

Primera lectura
Flp 2, 5-11
Hermanos:
Tengan los mismos sentimientos
que tuvo Cristo Jesús,
el cual, siendo Dios,
no consideró que debía aferrarse
a las prerrogativas de su condición divina,
sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo
tomando la condición de siervo,
y se hizo semejante a los hombres.
Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo
y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
para que al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla
en el cielo, en la tierra y en los abismos,
y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios
Te alabamos Señor

Salmo Responsorial
Salmo 21, 26b-27. 28-30ab. 30c. 31-32
R. (26a) Alabemos juntos al Señor.
Le cumpliré mis promesas al Señor
delante de sus fieles.
Los pobres comerán hasta saciarse
y alabarán al Señor los que lo buscan:
su corazón ha de vivir para siempre.
R. Alabemos juntos al Señor.
Recordarán al Señor y volverán a él
desde los ultimes lugares del mundo;
en su presencia se postrarán
todas las familias de los pueblos.
R. Alabemos juntos al Señor.
Porque del Señor es rey,
él gobierna a los pueblos.
y sólo ante él se postrarán
todos los que mueren.
R. Alabemos juntos al Señor.
Mi descendencia lo servirá
y le contará a la siguiente generación,
al pueblo que ha de nacer,
la justicia del Señor
y todo lo que él ha hecho.
R. Alabemos juntos al Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 11, 28
R. Aleluya, aleluya.
Vengan a mí, todos los que están fatigados
y agobiados por la carga,
y yo les daré alivio, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 14, 15-24
En aquel tiempo, uno de los que estaban sentados a la mesa con Jesús le dijo: "Dichoso aquel que participe en el banquete del Reino de Dios".

Entonces Jesús le dijo: "Un hombre preparó un gran banquete y convidó a muchas personas. Cuando llegó la hora del banquete, mandó un criado suyo a avisarles a los invitados que vinieran, porque ya todo estaba listo. Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse. Uno le dijo: ’Compré un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes’. Otro le dijo: ’Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes’. Y otro más le dijo: ’Acabo de casarme y por eso no puedo ir’.

Volvió el criado y le contó todo al amo. Entonces el señor se enojó y le dijo al criado: ’Sal corriendo a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a mi casa a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos’.

Cuando regresó el criado, le dijo: ’Señor, hice lo que me ordenaste, y todavía hay lugar’. Entonces el amo respondió: ’Sal a los caminos y a las veredas; insísteles a todos para que vengan y se llene mi casa. Yo les aseguro que ninguno de los primeros invitados participará de mi banquete’ ".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús


Reflexión del Evangelio de hoy
Tened los sentimientos entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús
Este himno cristológico continúa diciendo que Cristo se entregó por nosotros en la cruz, y lo hizo por una razón de amor.

Pero, ¿cuáles son los sentimientos propios de Cristo?

Se rebajó hasta la muerte y una muerte de cruz, un sentimiento de entrega se puede deducir de estas palabras, entrega total por la vida, para que otros vivan. Entrega sin apegos a la vida y a su condición divina. Sabiendo que era Dios, no presumió de ello. Al contrario, asumió la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Obediente hasta la muerte. Y la obediencia es morir en la presencia del otro por una razón de amor. Morir a las necesidades personales, a los criterios egoístas, por una razón mayor: para que el mundo crea.

Dichosos el que coma en el reino de Dios
Jesús relata una parábola del reino de Dios, la parábola de la gran cena. A la que todos son invitados. Invitación que muchos rehúsan por que no se sienten miembros activos del reino. Todos tienen una disculpa para no asistir.

Es un gran acontecimiento, el de la salvación, pero no todos los comprenden así. Lo ven como un día normal, donde las preocupaciones diarias terminan ahogando el sentido de salvación.

Hemos de destacar que todos los invitados de alguna manera conocen al rey, pero ninguno tiene una vinculación profunda con él. Todos rechazan la invitación.

Y es lo que nos sucede con Dios, y Jesús refleja en esta parábola. Decimos conocerlo, pero rehusamos su presencia, rechazamos su salvación. Nada aporta su presencia que nos conduzca lejos de nuestros quehaceres diarios.

Son los alejados, los que están al borde del camino los que entran al banquete de invitados. Porque son los elegidos de Dios. Los que sí han aceptado la invitación del banquete. Porque no han rechazado la oportunidad de celebrar la vida con Dios.

De ahí que el mensaje de Jesús será siempre el de restablecer la dignidad a cuantos están al margen de la sociedad. Porque son los que tienen capacidad de acogida y escucha de Dios.

El separarse de Dios conlleva al rechazo de cualquier invitación para celebrar la vida, la vida que Dios nos dona, la salvación que Jesús nos muestra. El egoísmo es lo que se interpone entre Dios y los hombres.

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

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