Dichoso tú, porque no pueden pagarte


*Dejaos guiar por la humildad

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Dichoso tú, porque no pueden pagarte

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Noviembre 04, 2018 21:43 hrs.
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La Palabra de Dios


Lunes 5 de noviembre 2018

Primera lectura
Flp 2, 1-4
Hermanos: Si alguna fuerza tiene una advertencia en nombre de Cristo, si de algo sirve una exhortación nacida del amor, si nos une el mismo Espíritu y si ustedes me profesan un afecto entrañable, llénenme de alegría teniendo todos una misma manera de pensar, un mismo amor, unas mismas aspiraciones y una sola alma. Nada hagan por espíritu de rivalidad ni presunción; antes bien, por humildad, cada uno considere a los demás como superiores a sí mismo y no busque su propio interés, sino el del prójimo.
Palabra de Dios
Te alabamos Señor

Salmo Responsorial
Salmo 130, 1. 2. 3
R. Dame, Señor, la paz junto a ti.
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos soberbios;
grandezas que superan mis alcances
no pretendo.
R. Dame, Señor, la paz junto a ti.
Estoy, Señor, por la contrario
tranquilo y en silencio,
como niño recién amamantado
en los brazos maternos.
R. Dame, Señor, la paz junto a ti.
Que igual en el Señor esperen
los hijos de Israel, ahora y siempre.
R. Dame, Señor, la paz junto a ti.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 8, 31. 32
R. Aleluya, aleluya.
Si se mantienen fieles a mi palabra, dice el Señor,
serán verdaderamente discípulos míos
y conocerán la verdad.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 14, 12-14
En aquel tiempo, Jesús dijo al jefe de los fariseos que lo había invitado a comer:

"Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado.

Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús.


Reflexión del Evangelio de hoy
Dejaos guiar por la humildad
Filipos es la primera Iglesia fundada por Pablo en el continente europeo. Fue evangelizada por el Apóstol en el 50 d. C durante su segundo viaje misionero. El primer encuentro con la comunidad sucedió el sábado y solo acudieron mujeres, de entre ellas Lidia que ofreció su casa y su hospitalidad a los misioneros. La comunicación de Pablo con la comunidad de Filipos fue muy estrecha: recibió dinero y a sus enviados que le asistieron mientras estaba encarcelado (Flp 1,7.13.17) y deseó regresar a la ciudad en persona para poder visitarlos.

La Carta a los Filipenses nos transmite la imagen de una comunidad en quien Pablo tiene toda su confianza y de quién se sentía amado. Su exhortación deja en sus destinatarios un sentimiento de amistad, haciendo vibrar su corazón al unísono con el de sus interlocutores, superando las distancias y rompiendo todo tipo de cadenas que le aprisionan. Solo así se alcanza la libertad, la alegría del Espíritu.

Una comunidad unida, nos dice Pablo, es aquella que pone el amor en el centro de sus relaciones con Dios y con los hermanos y hermanas. Que se deja guiar por el Espíritu en esa búsqueda común de lo que Cristo quiere para sus seguidores. Y como fundamento y base de esa comunión están la misericordia y la humildad. Cuando la vanagloria o la ambición enturbian nuestras relaciones fraternas, la alegría se aleja de nosotros; sin embargo, cuando el discípulo, la discípula de Jesús busca el bien del otro, lo antepone a intereses personales y actúa como si los demás fueran una opción prioritaria en su vida; se produce esa transformación interior que alegra el corazón del ser humano. ¿Somos personas humildes y misericordiosas?

Dichoso tú, porque no pueden pagarte
La lectura que el Evangelio nos propone hoy forma parte de un contexto en torno a un banquete al que Jesús ha sido invitado. Una curación y una serie de enseñanzas sobre el lugar a ocupar en la mesa y la elección de los invitados, van a poner de manifiesto los valores que tienen que asumir aquellos que quieran participar en el banquete del Reino de Dios.

Un sábado, Jesús es invitado a comer a casa de un fariseo junto con otros doctores de la Ley. Lucas ya nos ha advertido en más de una ocasión que los asistentes conocían la actuación de Jesús y no tenían buenas intenciones, más bien querían ponerlo a prueba. Después de curar a un enfermo y dejarles sin palabra, Jesús se dirige a los invitados con una parábola sobre cómo entender los primeros puestos en el Reino.

Ahora la atención se dirige a aquel que había invitado a Jesús para expresar quienes son los principales comensales en el banquete de Jesús. Su propuesta es una comensalidad abierta a todos, pero especialmente a los pobres, a los excluidos, a los marginados… a todos aquellos que no pueden responderte, ni pagarte con una moneda común, sino con la moneda de la solidaridad, la fraternidad y la comunión. Jesús se dirige al anfitrión de nuestro texto para recomendarle que no invite a los que pueden corresponderle con una comida semejante, sino que para ser dichoso y feliz en esta vida y en la ’resurrección de los justos’ hay que poner en práctica la generosidad, la invitación gratuita, sin paga ni correspondencia. Jesús es nuestro don y recompensa, y nuestros hermanos más pobres nuestra riqueza, responsabilidad y gracia de Dios para nosotros y nosotras. ¿A quiénes invitamos a nuestra mesa?
Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo

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