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Mayo 08, 2019 23:21 hrs.

Armando Fuentes Aguirre › guerrerohabla.com

Periodismo Nacional › México Coahuila


¿Quién escribió ese desaforado poema que puso jocundidad y risa en nuestra adolescencia? Nadie lo sabe. Yo he preguntado en el lugar mismo del suceso, y nadie me da razón del autor de esta ingeniosa picardía, una de las mejores joyas de la musa popular en México.

’El ánima de Sayula’ es un relato escrito en verso quizás en los primeros años del pasado siglo. Se compone de 59 cuartetas octosilábicas. Narra la historia de un individuo, pobre de solemnidad, llamado Apolonio Aguilar. Trapero de oficio, compra y vende trapos, papel, botellas y otros objetos de desecho. Su mísero comercio no le da ni para comer: pasa hambre con su esposa y con sus hijos.

Este hombre ha oído muchas veces la conseja del ánima de Sayula, según la cual todas las noches se aparece en el panteón del pueblo un alma en pena que intenta comunicarse con algún humano. Su intento es vano, pues todos huyen espantados cuando la ven. Seguramente, piensa Apolonio, el fantasma quiere revelar el sitio donde enterró un tesoro, para así liberarse del castigo que lo hace vagar en muerte por la vida.

Está convencido el trapero de que quien oiga el mensaje del fantasma se hará rico. Así, comunica a su esposa su decisión de hacer frente al espectro para sacarle el secreto del tesoro. Ella trata de disuadirlo del intento, pero el hombre está desesperado; nada lo apartará de cumplir su determinación.

Una noche, pues, va al cementerio. El autor del poema debe haber sido un hombre de cultura: posee un acabado oficio de versificador. Hay en su estilo ecos de Zorrilla o Espronceda.

Negro toldo cubre el cielo,

y en su fondo pavoroso

brota a veces, luminoso,

un relámpago fugaz.

Lóbrega la noche está...

Al soplo del viento frío

gimen los sauces del río

con quejumbroso rumor...



Se le aparece el espectro, efectivamente, al desdichado Apolonio. Pero no le revela el secreto de un rico tesoro, no. Le pide algo que el trapero no estuvo dispuesto a entregar. ¡El ánima de Sayula era el fantasma de un gay que había pasado a mejor vida, y que buscaba en la otra lo que en ésta no pudo nunca conseguir! Huye presuroso Apolonio para escapar del delicado trance. Y termina el poema con una moraleja:

Lector: por si alguna vez,

y por artes del demonio,

te vieras como Apolonio

en crítica situación;

si tropezares acaso

con alguna ánima en pena,

aunque te diga que es buena

actúa con discreción.

Y por vía de precaución

llévate, cual buen cristiano,

la cruz bendita en la mano,

y en el fundillo un tapón.



Juan Rulfo, el genial inventor de Pedro Páramo, dijo siempre que había nacido en Apulco, cerca de Zapotlán, Jalisco. No era cierto. La verdad es que nació en Sayula. Ahí está su acta de bautismo, que no deja ningún lugar a dudas. Tampoco nació en 1918, como afirmaba, sino en 1917. Se quitaba un año de edad, y cambiaba el sitio de su nacimiento, pues lo molestaba mucho que cuando alguien mencionaba a Sayula siempre salía a colación la famosa historia del fantasma.

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