Un parteaguas en la historia

El armenio que falsificó billetes durante la Revolución Mexicana (Segunda de tres partes)

Norma L. Vázquez Alanís

El armenio que falsificó billetes durante la Revolución Mexicana
(Segunda de tres partes)

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Cultura

Agosto 12, 2018 09:05 hrs.
Cultura Nacional › México Ciudad de México
Norma L. Vázquez Alanís › diarioalmomento.com

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El evento que definitivamente fue un parteaguas en la historia de Armenia fue el periodo 1914-18, sin duda un momento en que se definió para todos los armenios el siglo XX; hubo muchas campañas de apoyo a esa población, igual que para sirios y caldeos, sobre todo por parte de Estados Unidos. Se calcula que hubo ayudas por alrededor de 30 millones de dólares para ellos, y para 1920 ya había alrededor de un millón de armenios viviendo en campos de refugiados.

Así lo expuso Carlos Antaramián, doctor en Antropología Social por el Colegio de Michoacán, en la conferencia que sobre los armenios ofreció dentro del ciclo ‘Los que llegaron inmigrantes a México’, organizado por el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM), de la Fundación Carlos Slim, para hacer una revisión histórica de este fenómeno sociopolítico.

Muchos niños llegaron a orfanatos donde les enseñaron oficios que posteriormente les cambiarían la vida. Aprendieron a hacer zapatos, tapetes, o se capacitaron en mecánica y también estudiaron la lengua armenia. Fue entonces cuando se unificaron las 36 variaciones dialectales que había en el Imperio Otomano, y a partir de 1915 ya existía un pueblo armenio occidental más sólido, detalló el ponente.

Poca inmigración armenia en México
Hubo muy pocos casos de armenios en México en el siglo XIX. En sus investigaciones, el doctor Antaramián encontró sobre todo que hubo armenios cruzando la frontera con Estados Unidos entre 1908 y 1918, pero sobre todo muchos lo hicieron entre 1911 y 1914, durante la Revolución Mexicana.

Algunos exploradores llegaron a México, como Jacobo Harootián, un armenio metido en la Revolución Mexicana que primero llegó a Estados Unidos -en 1882- y entró al ejército; en 1891 decidió probar fortuna en México y se convirtió en contratista de los ferrocarriles, por lo cual viajó por Oaxaca y Puebla, pero también tenía la intención de llevar el ferrocarril hasta Acapulco.

Sin embargo, desde que llegó al río Mezcala se dio cuenta que era muy complicado llevar un ferrocarril cruzando las montañas de Chilpancingo porque la pendientes es muy pronunciada. Entonces Harootián llegó a Zumpango del Río, también conocido en la época colonial como Zumpango de las Minas y ahí, como tenía ciertos conocimientos sobre exploración de terrenos, descubrió muchas minas. En el Boletín de Minería de finales del siglo XIX se consigna que tenía alrededor de 54 fondos mineros; uno de estos yacimientos es hoy la mina de oro más grande de Latinoamérica, ‘Goldport’, ahora explotada por canadienses.

De esta manera, para principios del siglo XX Jacobo Harootián ya era un acaudalado minero y seguía con la intención de construir caminos; tenía un contrato para -con otros dos socios- unir por tierra Iguala con Acapulco, y como no pudo hacerlo con los trenes, echó a andar su proyecto por carretera. Este armenio erigió el camino que va de Iguala a Zumpango del Río y el de este punto a Chilpancingo; también tenía el contrato para desarrollar el de Chilpancingo a Acahuzotla. En 1909, un tercio del presupuesto del estado de Guerrero fue a dar al proyecto de Harootián, quien llevó la electricidad a Zumpango del Río, donde construyó una casa muy grande que ahora es un centro cultural que lleva su nombre, expuso Antaramián, quien es integrante del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

Un armenio en la Revolución Mexicana
Para 1910 Jacobo Harootián se incorporó a la Revolución Mexicana, primero con Ambrosio Figueroa en Guerrero, luego fue el segundo de la brigada ‘Aquiles Serdán’ de Juan Andrew Almazán, quien en 1911 tuvo un rompimiento con Madero, y entonces a Harootián se la iba a aplicar el artículo 36 por ser un extranjero pernicioso, pero él comprobó que era ciudadano estadounidense, porque cuando estuvo allá en el ejército se naturalizó e inmediatamente dejó de ser un extranjero pernicioso, porque la protección que le brindaba el gobierno de Estados Unidos era inconmensurable comparada con la que podía darle una inexistente república de Armenia o un gobierno turco.

Jacobo Harootián se enemistó con Madero e incluso hay unas cartas resguardadas en el Archivo General de la Nación (AGN), en las cuales le pide que le devuelva todo lo que él puso para la Revolución, los 200 rifles y numerosos caballos. Y cuando Madero cayó en febrero de 1913, Harootián junto con Andrew Almazán apoyaron a Victoriano Huerta.

Entonces se hizo coronel irregular del Ejército Federal en Guerrero y llegó a ser general brigadier del Ejército mexicano, combatió en la batalla de Zacatecas, la más importante de la Revolución Mexicana, y en algún momento decidió irse al exilio como lo hicieron unos 200 o 300 mil mexicanos a la caída de Huerta.

Harootián falsificaba billetes en Estados Unidos en contra del gobierno de Venustiano Carranza, y su subalterno Miguel Othón de Mendizábal, quien después fundaría la Escuela Nacional de Antropología, los llevaba a Cuba y Guatemala.

Es una historia interesante la de este personaje armenio que estuvo un tiempo en la Revolución Mexicana, porque se fue al exilio y se casó en Nueva Orleans para terminar su vida en la República Dominicana, donde volvió a tener minas y fue nuevamente millonario, pero lo perdió todo cuando Leónidas Trujillo llegó al poder en 1932 y decomisó las minas.

Otro armenio que llegó a México a finales del siglo XIX fue Gabriel Babayán, quien salió de su país como consecuencia de las masacres de Diyarbakir en 1894 y su destino fue Francia, después estuvo un tiempo en España, de ahí decidió ‘hacer la América’ como lo hicieron otros españoles en esa época; llegó a Cuba, pero el incidente del barco Maine que llevó a la guerra entre Estados Unidos y España por la posesión de Cuba, le impidió desembarcar en la isla y su destino fue México. Se casó en Morelia y adquirió una hacienda en Acámbaro.

En 1913 se trasladó a la Ciudad de México y se instaló en el barrio de La Merced, ahí abrió una tienda de licores y alcoholes en la calle de Acequia, hoy Corregidora número 23. Él fue el primer armenio de la época moderna que se instaló en ese barrio del centro de la capital mexicana.

El autor Mardirós Chitjián cuenta en sus Memorias cómo Babayán ayudaba a los armenios recién llegados, servía de aval para que pudieran rentar algún cuarto de vecindad en Corregidora, les prestaba dinero y su dirección para que pudieran recibir cartas de sus familiares, o porque estaban buscando novia y pedían fotos de las chicas armenias casaderas, relató el doctor Antaramián, quien es miembro del Consejo Asesor del Seminario Universitario de Culturas del Medio Oriente de la UNAM.

(Concluirá)



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José Antonio Aspiros Villagómez
Licenciado en Periodismo
Cédula profesional 8116108 SEP
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