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Mayo 13, 2019 19:15 hrs.

Roberto Vizcaíno › guerrerohabla.com

Periodismo Nacional › México Ciudad de México



La semana pasada cerró con fuertes encabezados de prensa que situaban a Ricardo Monreal al pie de la cárcel, por prometer en Aguascalientes lo que todos los candidatos y sus equipos de campaña prometen a todos los electores no sólo en México, sino en el mundo entero: mayores recursos para quienes votan a favor de sus candidatos y fórmulas.

El líder de la mayoría de Morena en el Senado y presidente de la Junta de Coordinación Política, y sin duda el personaje político más influyente dentro del actual Congreso y legislatura, y ni que decir: 1 de los 3 muy incipientes aspirantes dentro de Morena a la contienda presidencial de 2024 –los otros 2 son Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard–, llevaba 63 denuncias ante la Fiscalía que encabeza su amigo y ex compañero de partido, José Agustín Ortiz Pinchetti, titular de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales.

Habría que recordar hoy que Monreal no sólo tiene en política quizá unos 40 años o más, sino que ha sido diputado, senador y gobernador y delegado capitalino además de dirigente político, sino que es doctor en Derecho y uno de los padres de las normas electorales que operan en México.

Claro, a cualquier galgo se le va la liebre. Pudo haber incurrido en un delito al prometer recursos para Aguascalientes desde el Congreso. Pero se da el caso que quienes hacen el presupuesto de Egresos son los diputados y Monreal es senador. Es decir, aunque quisiera no podría conseguir ni un quinto para nada en Aguascalientes ni para ningún otro estado.

Lo suyo fue un pronunciamiento electoral, y nada más.

Si se amplia un poco la perspectiva, habría que recordar lo que prometieron cada uno en sus campañas AMLO, José Antonio Meade y Ricardo Anaya, pues lo mismo.

No se hagan bolas, es la dirigencia de Morena

Así que lo de las decenas de denuncias electorales contra Monreal deberíamos situarlas en otro contexto, el de las fuertes tensiones que se comienzan a dar por el control de la dirigencia nacional de Morena.

Mire Usted, aunque temprano aún, los grupos que van por la dirigencia nacional del partido en el poder, que deberá de renovarse en octubre-noviembre, ya han comenzado a posicionarse.

Y en el juego están ya sabrá Usted, el canciller Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal. Todavía ni se ve que doña Claudia Sheinbaum haya comenzado a moverse.

Monreal, el más avanzado y quizá mejor posicionado, lanzó a su suplente y jefe de asesores Alejandro Rojas Díaz Durán a una campaña por todo el país que trae ya muy dañada a doña Citlali Ibáñez, mejor conocida entre políticos como Yeidckol Polevnsky a quien le quedó grandísima la suplencia de AMLO al frente de Morena.

Polevnsky, quien en su vida había siquiera dirigido ningún grupo político, asumió por prelación la dirigencia de Morena el 13 de diciembre de 2017 a la separación de López Obrador quien se fue de candidato a la Presidencia por Morena.

La presidencia de AMLO al frente de Morena estaba fijada para noviembre de 2018 y, como para entonces ya era presidente electo de la República, obligó a convocar a un Congreso extraordinario que, en agosto de 2018, decidió a mano alzada, darle un año más a Polevnsky. Y eso se cumple en noviembre de este año.

Y como no hay plazo que no se cumpla, pues ya se han comenzado a mover las aguas de la renovación… pero ¿qué creé usted?, pues que Citali se quiere quedar otros 3 años al frente del ahora partidazo en el poder.

El caso es que Polevnsky trae de cabeza a Morena, confrontados todos contra todos y especialmente de todos contra ella, con rupturas en todos los estados con elecciones, con broncas ante el Tribunal Electoral, y con broncas que le estallan a López Obrador en cada una de sus giras de trabajo por el país.

Hacia fines de la semana anterior corrió la versión de que el canciller Marcelo Ebrard le estaba preparando la embajada de México en Pekín, China.

Pero doña Polevnsky respondió desde Ciudad Victoria, Tamaulipas, que la única embajada a la que ella aspiraba era a la de Morena.

Y para dejarlo en claro, agregó: ’No me voy del partido, ‘aquí me voy a quedar’’.

De poca tolerancia, y cero experiencia política, subrayó:

’Ante tanto mequetrefe que quiere acercarse a la presidencia del partido he decidido que me quedo en el partido’.

Ya antes había dicho que había una bola de sabandijas que se querían apoderar de la dirigencia de Morena.

Como ya es costumbre, a su llegada a Ciudad Victoria, y en su recorrido por los municipios de Nuevo Laredo, Ocampo y Guerrero, grupos de morenistas le exigieron con pancartas respeto y la no imposición de candidatos externos.

Ebrard solo es mensajero

La práctica indica que Ebrard sólo está jugando el papel de mensajero. Es obvio que su jefe, López Obrador, es quien designa embajadores y si se menciona a Yeidckol Polevnsky para la embajada de China, pues quien la quiere allá, muy lejos de México, es el tabasqueño.

Pero, bueno, parece que estas cosas no se le dan a doña Citlali.

De colmillo grande, como de morsa como el de Monreal, el del canciller no deja de resaltar al aprovechar el viaje para adelantar su propio juego por la dirigencia nacional de Morena, y junto con el mensaje de que la señora Ibáñez podría ir a dar pronto a Pekin, también se mencionó que el cargo de presidente de Morena podría ser ocupado a fines del año por Mario Delgado, hoy coordinador de los diputados federales de Morena.

Es jugada sería para ambos, para Ebrard y para Delgado, de más de 3 bandas.

Como dirigente de Morena, Delgado podría impulsar cientos, miles de candidaturas a cargos de diputados federales, locales, alcaldes, gobernadores entre 2019 y 2021 lo cual significaría que quedaría más que enfilado para competir en 2024 por la jefatura de Gobierno en la Ciudad de México.

Y todas esas promociones serian la gran base política y electoral para su jefe de toda la vida, Marcelo Ebrard, quien así podría lanzarse con un hándicap inmejorable para la Presidencia en 2024.

En la otra banda caminan igual de rápido y firme Ricardo Monreal, y su alfil Alejandro Rojas Díaz Duránquien no tiene ya conmiseración ninguna para Yeidckol Polevnsky.

Desde su barrera privilegiada, sabedor que es el dueño único de esa fuerza en pugna, Andrés Manuel López Obrador ve todo hasta ahora sin mover ningún dedo.

Sabe que su tiempo camina ya no dentro de Morena, sino desde la Presidencia de la República y que él es quien decidirá lo que ocurra con este movimiento.

La pelea de fondo, dicen quienes saben es clarísima: Bertha Luján podría ser una buena secretaria general que le garantizaría a AMLO el control interno en Morena, independientemente de quien fuese el Presidente de ese partido.

Ebrard y Monreal que podrían colocar dirigente en este partido bajo la supervisión y aceptación de AMLO, quedarían como aspirantes presidenciales en pugna para buscar el apoyo de unos 3,000 legisladores en todo el país locales y federales, la mayoría de 32 gobernadores.

La decisión final sobre el sucesor será así del líder máximo, como en el viejo y efectivo sistema creado por Plutarco Elías Calles, sólo que encabezado por otro Maximato.

El que ya opera desde la misma e histórica silla del águila y la serpiente en Palacio Nacional.

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