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’El Espíritu Santo vendrá sobre ti’


Dios con nosotros

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Diciembre 19, 2018 19:52 hrs.
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Jueves 20 de diciembre 2018

Tercera semana de Adviento

Primera lectura

Is 7, 10-14
En aquellos tiempos, el Señor le habló a Ajaz diciendo: "Pide al Señor, tu Dios, una señal de abajo, en lo profundo o de arriba, en lo alto". Contestó Ajaz: "No la pediré. No tentaré al Señor".

Entonces dijo Isaías: "Oye, pues, casa de David: ¿No satisfechos con cansar a los hombres, quieren cansar también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros".

Salmo Responsorial
Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6
R. (7c y 10b) Ya llega el Señor, el rey de la gloria.
Del Señor es la tierra y lo que ella tiene,
el orbe todo y los que en él habitan,
pues él lo edificó sobre los mares,
él fue quien lo asentó sobre los ríos.
R. Ya llega el Señor, el rey de la gloria.
¿Quién subirá hasta el monte del Señor?
¿Quién podrá entrar en su recinto santo?
El de corazón limpio y manos puras
y que no jura en falso.
R. Ya llega el Señor, el rey de la gloria.
Ese obtendrá la bendición de Dios.
y Dios, su salvador, le hará justicia.
Ésta es la clase de hombres que te buscan
y vienen ante ti, Dios de Jacob.
R. Ya llega el Señor, el rey de la gloria.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Llave de David, que abres las puertas del Reino eterno,
ven a librar a los que yacen oprimidos por las tinieblas del mal.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin".

María le dijo entonces al ángel: "¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios". María contestó: "Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho". Y el ángel se retiró de su presencia.

Reflexión del Evangelio de hoy
DIOS CON NOSOTROS
La importancia de un nombre en la biblia muchas veces implica una misión, en este caso, Isaías nos habla del nacimiento del Emmanuel, que significa Dios con nosotros. Porque Dios no es un ser ausente, sino que quiere estar presente en la vida de los hombres.

Dios no es un ser ausente en nuestros sufrimientos, al contrario, Dios es un ser presente en nuestra historia, padece con nosotros, sufre lo que nosotros sufrimos; así lo demostró con Jesucristo, que asumió en la cruz todo nuestro dolor. Un dolor que reúne el de la humanidad entera.

Pero ese Dios con nosotros, es también un compromiso claro por la vida que él ha creado. Un Dios con nosotros que se hace presente en el nacer y en el morir, aunque nuestros días estén contados. Hacia nosotros viene ese Dios, directo hacia nuestra esperanza. Un Dios que nos plantea retos, que nos cubre con su gracia, y hace que cambiemos de proyectos, por muchos que sean de realización personal.

Dios salva
María atónita, recibe el saludo del ángel. Atónita por ser colmada de gracia, y porque aquel saludo le rompería toda su historia personal. Tendría que hacer suya la historia de Dios. ¿Cómo, desde la pequeñez y la fragilidad que una persona pueda sentir en su vida, albergará la historia de Dios? ¿Cómo comprender aquél ’Alégrate’?

Su misión: ponerle nombre a la vida que nace en ella: ’Le pondrás por nombre Jesús’. Pero no sólo es ponerle un nombre, sino confiarse en la misión de darle vida, de educarlo, de acompañarlo, de amarlo.

No todo será color de rosas. El sacrificio, aunque esté llena de la gracia de Dios, será grande: le llevará a conducirlo a Egipto como un emigrante para evitar la muerte, le llevará a buscarlo entre el gentío por ser considerado falto de cordura, le conducirá al pie de la cruz. Cada paso será un parto lleno de dolor, y el más desgarrador el de contemplar desde el llanto una muerte ignominiosa en la cruz.

María, una mujer que no evitó el dolor de su misión, todo por darle la vida a Dios. Transformó su vida para que Dios hiciera historia con su vida. María a pesar del dolor no perdió la esperanza: el proyecto de Dios y su promesa se cumple. Donde ella veía dolor e incomprensión Dios presenta amor, reconciliación y paz. Su dolor era el sacrificio que el amor supondría, su dolor era el sacrificio donde los pecados del pueblo eran perdonados, su dolor era el sacrificio donde la paz se daría como reino. A cambio la gracia de Dios, el amor de Dios, la Gloria de Dios.

Pero no todo se centra en la vida de María, ella tiene su mérito por permitir en su libertad y en su dolor el inicio de la redención. El centro verdadero es Cristo, el que vino, viene y el que vendrá. El fruto de sus entrañas. Una madre se centra en la vida de su hijo. Así lo hizo María, centrarse en la vida de Cristo.

Ese Cristo, nacerá en un pesebre, en un mundo sin hogar, sin calor, sin acogida. Una familia que le sobrevino la vida en medio del camino, mientras acudían formalmente a cumplir la ley del censo romano. El rechazo fue la primera reacción. Una familia desconocida y extranjera que pide asilo para un parto.

Ese Cristo, será quien presente al mundo la luz de Dios. Luz de los pueblos. Porque Dios iluminará los caminos de los que carecen de ella y quieren llegar a la vida.

Ese Cristo será nuestra esperanza. Dios salva es su nombre. El liberador de nuestras esclavitudes, las que asumimos nosotros con nuestro egoísmo, y las que otros nos imponen con su sinrazón. Su muerte será la ruptura total de todas las cadenas.

Pidamos a Dios que sepamos acoger como María el proyecto de Dios para con nosotros, que no nos dé miedo la salvación propuesta por Dios, y si es doloroso el camino de liberación, sepamos ver sobretodo el anuncio de la vida que se nos propone.
Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

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