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Mayo 06, 2019 02:45 hrs.

Emmanuel Ameth › Emmanuel Ameth Noticias

Política Estados › México Hidalgo


La parte ’sencilla’ de erradicar a la ’Sosa Nostra’ es quitarles las riendas de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH); la difícil, es que no hay un solo grupo externo a quien legar la responsabilidad; incluso internamente, donde sí que sobran los perfiles, no hay quien levante la mano, al menos de manera visible.

Desde hace casi cuatro décadas, el grupo comandado por Gerardo Sosa Castelán se ha apoderado de la UAEH. Antes, cuando el hoy presidente del patronato universitario pertenecía al Revolucionario Institucional (PRI), poco se hizo para acotar su poder; ahora, con miras a la sucesión gubernamental y dado que se alió con Regeneración Nacional (Morena), es flanco del mismo aparato estatal con el que alguna vez negoció y que incluso garantizó su perpetuidad por así convenir a sus intereses.

Las libertades y la democracia son un valor supremo que debe reinar dentro de toda institución educativa, es decir, que debe prevalecer su autonomía y libertad de autodeterminación. A lo lejos, parece que la Sosa Nostra es un mal que debe ser erradicado para conseguir dicho propósito, pero ¿es eso lo que quiere la comunidad universitaria?

Dejemos algo en claro.

El último propósito que debe perseguirse es el de erradicar al Grupo Universidad precisamente para poder mangonear la institución con otros semejantes, respaldados por cualquier figura política, pues no se trata de ’cambiar de correa’, versa un dicho popular.

Actualmente no existen en toda la administración pública estatal ni tampoco en algún Organismo de la Sociedad Civil (OSC) los perfiles suficientes para llevar el timón de la máxima casa de estudios. Para bien o para mal, intelectualmente hablando, lo mejor de la entidad figura ya dentro de la UAEH; así pues, un cambio por agentes externos es un retroceso e incluso un contrasentido.

Lo anterior tampoco quiere decir que en este momento opere de la mejor forma, pues al igual que en la política, los mismos nombres son los que como carrusel encabezan los puestos más importantes de la institución, son los tomadores de decisiones, y ellos no son el grupo intelectual que recién mencionamos, si bien tampoco se encuentran por debajo de quienes ahora quieren mandar en la UAEH.

La universidad debe transitar hacia una verdadera autonomía a partir de la misma comunidad universitaria que se encuentra dentro de sus aulas, a través de maestros y del alumnado, sin injerencias externas, si bien requiere del respaldo de quienes fueron parte de la misma. El movimiento debe ser interno, vivo, de conciencias y no de intereses, mucho menos si son estos electorales. Claro que para que ello ocurra, deben existir investigadores que renuncien a privilegios, se arriesguen por su comunidad viendo más allá de su propia comodidad, que esté tan fortalecido el pensamiento progresista, democrático, el de verdadera autonomía, que precisamente impida que este decante en algún momento por cualquier interés particular.

En resumen, un movimiento así de fuerte como el que se describe, sometería a la Sosa Nostra a sus decisiones e impediría también que se inmiscuyan intereses externos a la institución, estando conformados además, por la élite intelectual de la entidad.

Decir también que si actualmente no existen uno o varios grupos disidentes, o al menos no son visibles, es debido a que los resultados que han entregado quienes hoy encabezan la UAEH han retrasado que esta inconformidad se manifieste en las mayorías. Apenas funciona, si se quiere ver así, pero lo hace lo suficiente como para abandonar el sótano de listados nacionales -ubicándose en algunos incluso en los primeros lugares- y es una condición que no ha emulado ninguna otra institución hidalguense, mucho menos la entidad en su conjunto.

El ataque político desde la UIF

La Cuarta Transformación que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tiene un compromiso con el combate a la corrupción y a la impunidad, entre otros pilares.

Se sabe que la UAEH ha salido “limpia” en las auditorías que le han realizado, siendo probablemente la institución más investigada de la entidad. Por supuesto hay que tener en cuenta que si bien las cuentas institucionales son perfectamente sanas, no se puede decir lo mismo de las del patronato, que es de donde se presume que saldrían los desvíos, pues administra empresas fuera de la figura educativa que no pueden ser sujetas a mayor escrutinio.

Cuando el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) decidió congelar las cuentas del patronato, el mensaje de que habría cero impunidad, así hubiera alianzas políticas, fue en el sentido correcto, aplaudible.

Pero de a poco, mientras se transitaba en la investigación, se hizo ver que los fines eran políticos y no institucionales.

Primero porque reveló los datos de la entidad a la que se le congelaron las cuentas bancarias, algo que podría afectar el debido proceso. Después, porque no fue acompañada de una orden de aprehensión. Regularmente, se tienen las pruebas o indicios suficientes para girar una orden y posteriormente o a la par, se congelan las cuentas precisamente para que el sujeto investigado no realice movimientos que puedan desaparecer los recursos triangulándolos a otras cuentas. Tampoco es que sea ilegal congelar antes de ejercer alguna acción penal, pero se corre el riesgo de que si no se cuenta con los elementos probatorios contundentes, así se encuentren en lo correcto, puedan dejar en libertad al investigado, no pudiendo denunciarse nuevamente por el mismo delito.

Así pues, parece que desde un principio sabían que no había pruebas contundentes que perseguir, o incluso no habría delito, condición por la que decidieron apostar por un juicio mediático.

Ahora se sabe que la cuenta de Suiza (un paraíso fiscal) que recibió transferencias era de banca de segundo piso, es decir, que las operaciones son “normales” -estos operadores invierten en instrumentos financieros de todo el mundo con la intención de diversificar su cartera y también de obtener jugosos dividendos-.

Ahora se sabe que estas cuentas que iniciaron la investigación por presunto lavado de dinero ya se encuentran liberadas.

Pero ahora también se sabe que congelaron las cuentas bancarias de toda la institución, una acción que incluso se cataloga de desesperada. Porque las cuentas institucionales son aquellas que sí están fiscalizadas y en muchas de ellas los únicos ingresos que se tienen registrados son las transferencias de entidades gubernamentales, es decir, que no existe duda sobre la procedencia de los recursos y si se tratase de los egresos, una buena auditoría es más que suficiente para deslindar responsabilidades y es incluso más sencillo para la autoridad perseguir el presunto delito.

¿Por qué congelaron la totalidad de las cuentas de la UAEH entonces si la comunidad universitaria no tenía la culpa de cómo eran manejados sus recursos y si era incluso más sencillo inculpar, en caso de haber delito, cualquier gasto no comprobado? Para presionar a la comunidad universitaria, un movimiento de naturaleza política con el que pretendieron voltear a los adeptos al Grupo Universidad, no hay otra explicación.

También están congeladas las cuentas personales de funcionarios universitarios, de los que hasta ahora sólo se conocen las del rector Adolfo Pontigo Loyola así como del mismo Gerardo Sosa Castelán. Esta medida no afecta a la comunidad universitaria y debe llegar hasta sus últimas consecuencias: si hay delito que perseguir, actuar conforme la Ley; pero si no lo hay, un “Usted disculpe” no es suficiente para resarcir el honor de los imputados -en su caso-, debe venir acompañado de un par de renuncias de la UIF, amén que si esta última alternativa se cumple, ya sea que el presunto delito no sea juzgado por no existir o bien por no haber pruebas contundentes para demostrarlo, políticamente también fortalecerá a los denunciados -a menos que quieran extender la novela hasta el próximo año-.

Para AMLO no deben existir contemplaciones ni miramientos. Si en el Grupo Universidad existen quienes cometieron actividades ilícitas, debe aplicarse todo el peso de la Ley; pero si resultan inocentes, también con todo el peso de la Ley debe castigar a algunos de sus colaboradores y exigir su renuncia, con los que no debe estar tampoco muy contento luego de que tuviera ya que desmentirlos en sus declaraciones, es decir, que gozan de su propia agenda según sus intereses particulares y ello no puede permitirse en la 4T.

Tanto el Grupo Universidad como algunos personajes de la UIF se juegan el pellejo y deben llegar a un desenlace pronto, porque los terceros beneficiados son precisamente el PRIAN.

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