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El PRI a evaluación

José García Sánchez

El PRI a evaluación

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Política

Septiembre 15, 2018 08:29 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
José García Sánchez › diarioalmomento.com

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Admirable la manera en que algunos priistas superaron la derrota del 1 de julio. En el caso de René Juárez Cisneros debería recomendar a su siquiatra a otros militantes de su propio partido que todavía no se recuperan. Porque no sólo ha superado el dolor de la derrota sino que olvidó todo lo malo que hay en la vida, sobre todo que ya no es mayoría en el Congreso.

Y como todo lo malo lo ha olvidado también dejó de recordar que su jefe Enrique Peña Nieto no quería saludarlo el día de su último informe y ante esa nueva actitud de triunfador arremete contra lo que viene con una lógica que no tiene pies ni cabeza.

Seguramente Juárez Cisneros sigue comiendo las manzanas podridas hasta que no llega una que no esté afectada por el deterioro del tiempo. Asegura, desde su optimismo injustificado y su actitud de ganador, que es una aberración deshacerse de una reforma educativa hasta que no haya una alternativa que la sustituya y entonces él verá si es posible aceptarla o rechazarla.

Porque en su fantasiosa posición de pedagogo tropical no se da cuenta que la reforma daña la dignidad de los profesores y contamina la buena relación entre los mentores y la política educativa que brilló por su ausencia durante el sexenio que agoniza.

Si bien la aplicación de las pruebas a los profesores se puede aplicar en este periodo del PRI en el gobierno, la evaluación no estará concluida para el 1 de diciembre que ya no serán los mismos jerarcas de la SEP sino otros muy distintos.

Cómo podrán evaluar los hombres en el poder, la mayoría priístas si no han conocido la dimensión de su derrota. Las pruebas de la evaluación están diseñadas desde hace meses, el país cambió, con pruebas fehacientes de ese cambio, el 1 de julio. Esos exámenes no están actualizados. La actitud de los profesores, hasta de los más radicales, cambió sustancialmente desde esa fecha, las notas periodísticas lo certifican.

Si los jerarcas de la SEP consideran que pueden aplicar una prueban elaborada antes del 1 de julio a los profesores del país que suelen ser la vanguardia del pensamiento renovador, están tejiendo en el vacío una conclusión que sólo les servirá para adelgazar la nómica del magisterio, proceso administrativo que le llevará meses para concretar.

¿Cómo pueden evaluar a los profesores un partido político que no se ha evaluado a sí mismo ante la realidad de su derrota electoral sin precedente?

El PRI permitió, en su calidad de partido en el poder, la impunidad a personajes como Javier Duarte, a quien acusaban de corrupción desde todos los segmentos de la sociedad, a pesar de que la población pedía agritos por lo menos una amonestación, el PRI nunca le llamó la atención, ni fue capaz de evaluar la honestidad de Duarte, ni la de su cúpula, que permitió tal desfachatez.

En esa conducta de omisión permanente ante los actos más graves de corrupción el PRI permaneció en silencio, un silencio que ahora deberían guardar por respeto a su dignidad. Ahora subrayan las actitudes que los llevaron a la derrota, al descrédito, al deterioro de su imagen como el ex gobernador de Guerrero, quien ahora se da lujo de hablar de educación.

La incongruencia de aplicar una evaluación con el pretexto de una reforma educativa que se reduce a esa simple aplicación, arroja sólo rechazo de la sociedad que considera que el PRI debe primero cambiar de actitud, de hombres, de nombre y luego hacer declaraciones que, al mismo tiempo, atraigan a los mexicanos, sobre todo a quienes se fueron de sus filas que no fueron pocos, y que siguen desertando al ver que al interior de ese partido se repiten los nombres y los hombres y las mujeres, las ocurrencias, las estrategias de lucha y hasta las incongruencias.

Aferrarse a llevar a la práctica una reforma educativa que movilizó a miles de profesores contra su aplicación a dos meses de dejar el poder es propio de quienes deben ser calificadas de todo, menos de ser personas preocupadas por la educación. Y no preocuparse por la educación es no preocuparse por el país.

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