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Mayo 29, 2019 03:06 hrs.

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Amado Nervo es, sin duda, uno de los escritores más conocidos en la historia de la literatura mexicana.

Nació aquí en Tepic y aunque tuvo que marcharse para continuar su preparación escolar, siempre llevó a Nayarit cercano, prendido a su corazón.

Falleció como es conocido en Montevideo, Uruguay, mientras desempeñaba una misión diplomática.

La historia del traslado de sus restos a la capital de nuestro país fue todo un acontecimiento que se narró a lo largo de meses en la prensa nacional, por lo valioso del poeta, por lo que significaba para las letras mexicanas y de América Latina; el cortejo fúnebre y el entierro de Nervo se convirtió en una noticia nacional e internacional, como quizá nunca se había visto en Latinoamérica.

Decenas de miles de personas salieron a las calles a dar el último adiós a este, en efecto, príncipe de las letras.

Un año antes de su fallecimiento otro grande de la poesía lo encumbraba como el gran maestro del verso, su amigo y discípulo Carlos Pellicer escribió que su obra era completa y lógica, de bella sabiduría y de honda sinceridad, y que muchos jóvenes como él, como Pellicer, lo veían tan alto que soñaban y buscaban imitarlo.

Mi paisano Pellicer cuenta que lo vio hincado rezando en la Basílica de Guadalupe, sostiene que Nervo era un poeta religioso que a veces hondamente se acercó al estado místico, en efecto, Nervo vinculaba la palabra sagrada con la palabra poética, lo confirman estos versos: ´Todo yo soy un acto de fe. Todo yo soy un fuego de amor. En mi frente espaciosa lee. Mira bien en mis ojos de azor. Hallarás las dos letras de fe y las cuatro radiantes de amor´.

A pesar de su excepcional talento, de su inteligencia, Nervo apareció poco y no se comprometió tanto como lo hiciera otro nayarita distinguido, Baca Calderón, con la transformación política iniciada en 1910.

Había sido un escritor del círculo porfiriano. Pellicer justificaba este proceder de Nervo, como más tarde lo haría también con su admirado José Vasconcelos, argumentando que el arte, la cultura, no tiene ideología y que no era indispensable participar en luchas sociales para honrar a la literatura, a las letras.

Yo no estoy de acuerdo con mi maestro Carlos Pellicer, el amor a las letras, considero, debe ir de la mano con la política, no sólo es el arte por el arte, quizá yo estoy equivocado, pero esa es mi postura y siempre digo lo que pienso.

De lo que no hay duda es que Amado Nervo, a quien hoy recordamos en este Congreso de Nayarit, fue un gigante de la escritura y tuvo el gozo de ser reconocido en vida. Por ejemplo, su amigo de años, Rubén Darío, le llamó fraile de los suspiros y celeste anacoreta.

Y muchos contemporáneos siguieron su ejemplo al abandonar el positivismo y reconocer la espiritualidad como parte fundamental de la vida, de nuestra vida. Aunque sea más conocido como poeta, este hijo de Tepic fue autor también de ensayos, novelas, cuentos; también cronista de varios periódicos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Escribió en El correo de la tarde de Mazatlán y también en El Nacional, El Universal, El Imparcial y otros periódicos de la capital. Fue precisamente durante el tiempo en que se desempeñó como corresponsal de El Imparcial en París cuando conoció de cerca a otros contemporáneos, que se convirtieron en famosos como él, y de otros que ya nadie recuerda, pero cuyas creaciones artísticas eran en ese entonces devoradas por los lectores: Rubén Darío, Francisco Villaespesa, Juan Ramón Jiménez, Gabriela Mistral, entre otros.

Este día homenajeamos a un gran poeta mexicano y nos da gusto que sus letras se sigan recordando. Un mundo sin poesía es la nada. Nervo apasionó con sus obras a muchas generaciones. Y hoy que conmemoramos los 100 años de su muerte, el centenario de su fallecimiento, entendemos el fervor que le tuvo, por ejemplo, la joven en aquel entonces Gabriela Mistral, quien en una carta en 1916 le confesó: ´Se le quiere a usted en Chile, no somos una raza de nervios sutiles, el más fino de los nuestros, no consigue serlo de cabal manera, pero hay un buen as de buenas almas femeninas, la mayoría, que lo siente a usted con una intensidad que llega a la angustia, usted se adentra, se adentra por el pecho y se queda en la sangre y se hace carne del corazón, ninguno, así se llame Darío o el maestro Lugones o Valencia llega al hondar, hondar que su verso se queda tatuado y vivo´.

Señoras y señores:

No me queda más que decir:

¡Que viva la poesía!

¡Que viva Amado Nervo!

¡Que viva Nayarit!

¡Que viva México!

¡Viva México!

¡Viva México!

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