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Diciembre 10, 2018 10:06 hrs.

Ismael Jiménez / Forbes › Emmanuel Ameth Noticias

Clima Nacional › México Ciudad de México


Desde hace al menos dos décadas, la humanidad comenzó la carrera impostergable por contener el cambio climático y sus efectos en el planeta. Sin embargo, en realidad, hace poco más de 30 años se hicieron oficiales los primeros registros de las consecuencias del consumo desmedido de los recursos naturales y las energías fósiles.

Las consecuencias de la contaminación y depredación de la naturaleza derivaron en el incremento de la temperatura de la Tierra, la cual ha venido aumentando de manera constante durante los últimos 40 años, y hoy registra un grado más en comparación con los datos de que se disponía en la década de 1970, lo que ha generado impactos climáticos, naturales y económicos.

Las emisiones de CO₂ derivadas de prácticamente todas las actividades humanas es uno de los factores principales de los daños ecológicos que originaron la alteración climática, que ya amenaza el crecimiento y desarrollo económico de todos los países, debido a que cada año aumentan en número e intensidad las tormentas y huracanes que, a su paso, cobran cientos de vidas y dejan grandes pérdidas económicas.

En el reporte ’Global Warming 1.5 ºC’, que recientemente dio a conocer el grupo de expertos asesores de la ONU en materia de cambio climático, conocido como IPCC (por sus siglas en inglés), se menciona que, de mantenerse la tendencia en el ascenso de la temperatura del planeta, se podría llegar a 1.5 grados más entre 2030 y 2052.

Es decir que, de acuerdo con los expertos del IPCC, la temperatura planetaria se estaría incrementando medio grado más en los siguientes 15 años, tomando en cuenta que, en los últimos 18, la temperatura planetaria ascendió de 0.5 grados a 0.9, de acuerdo con cifras y registros recientes de la Agencia Internacional de Energía (AIE).

Para Fernando Aragón Durand, científico mexicano que participa desde hace 12 años en el grupo de expertos que elabora el estudio sobre cambio climático del IPCC, alcanzar una medición de 1.5 grados de temperatura significa una catástrofe climática que tendrá efectos económicos y sociales en las siguientes décadas.

De cumplirse el escenario anterior, difícilmente se llegaría a los objetivos y compromisos planteados durante los Acuerdos de París, en los que se pretendía que el incremento en la temperatura del planeta fuera únicamente de medio grado para 2100.

Los paliativos

En 2016, durante la COP21 de París, se alcanzaron los compromisos para frenar el aumento de la temperatura de la Tierra y evitar que se llegara a 2 ºC. Se acordó, como meta deseable, situar por debajo de 1.5 ºC la temperatura para evitar impactos climáticos más devastadores.

En ese marco, más de 195 países acordaron y se comprometieron a realizar esfuerzos directos para mitigar las emisiones a la atmósfera de CO₂ e implementar acciones que ayudaran a contener los efectos del cambio climático y adaptar los países y las ciudades a ello.

El cambio climático es el principal reto por vencer en los próximos 20 años, pero su éxito se ve cada vez más lejano. Combustibles fósiles continuarán siendo el principal energético de consumo.

Desde hace al menos dos décadas, la humanidad comenzó la carrera impostergable por contener el cambio climático y sus efectos en el planeta. Sin embargo, en realidad, hace poco más de 30 años se hicieron oficiales los primeros registros de las consecuencias del consumo desmedido de los recursos naturales y las energías fósiles.

Las consecuencias de la contaminación y depredación de la naturaleza derivaron en el incremento de la temperatura de la Tierra, la cual ha venido aumentando de manera constante durante los últimos 40 años, y hoy registra un grado más en comparación con los datos de que se disponía en la década de 1970, lo que ha generado impactos climáticos, naturales y económicos.

Las emisiones de CO₂ derivadas de prácticamente todas las actividades humanas es uno de los factores principales de los daños ecológicos que originaron la alteración climática, que ya amenaza el crecimiento y desarrollo económico de todos los países, debido a que cada año aumentan en número e intensidad las tormentas y huracanes que, a su paso, cobran cientos de vidas y dejan grandes pérdidas económicas.

En el reporte “Global Warming 1.5 ºC”, que recientemente dio a conocer el grupo de expertos asesores de la ONU en materia de cambio climático, conocido como IPCC (por sus siglas en inglés), se menciona que, de mantenerse la tendencia en el ascenso de la temperatura del planeta, se podría llegar a 1.5 grados más entre 2030 y 2052.

Es decir que, de acuerdo con los expertos del IPCC, la temperatura planetaria se estaría incrementando medio grado más en los siguientes 15 años, tomando en cuenta que, en los últimos 18, la temperatura planetaria ascendió de 0.5 grados a 0.9, de acuerdo con cifras y registros recientes de la Agencia Internacional de Energía (AIE).

Para Fernando Aragón Durand, científico mexicano que participa desde hace 12 años en el grupo de expertos que elabora el estudio sobre cambio climático del IPCC, alcanzar una medición de 1.5 grados de temperatura significa una catástrofe climática que tendrá efectos económicos y sociales en las siguientes décadas.

De cumplirse el escenario anterior, difícilmente se llegaría a los objetivos y compromisos planteados durante los Acuerdos de París, en los que se pretendía que el incremento en la temperatura del planeta fuera únicamente de medio grado para 2100.

Los paliativos

En 2016, durante la COP21 de París, se alcanzaron los compromisos para frenar el aumento de la temperatura de la Tierra y evitar que se llegara a 2 ºC. Se acordó, como meta deseable, situar por debajo de 1.5 ºC la temperatura para evitar impactos climáticos más devastadores.

En ese marco, más de 195 países acordaron y se comprometieron a realizar esfuerzos directos para mitigar las emisiones a la atmósfera de CO₂ e implementar acciones que ayudaran a contener los efectos del cambio climático y adaptar los países y las ciudades a ello.

Los gobiernos se comprometieron a implementar sistemas de medición de emisiones de CO₂ para reportarlas y hacerlas públicas con el objetivo de concientizar a las sociedades y generar una cultura de contención ante el principal causante del calentamiento del planeta.

Entre las medidas y acuerdos alcanzados por los países firmantes, se estableció reducir el consumo de energías fósiles y sustituirlas por fuentes renovables, así como destinar 100,000 millones de dólares (mdd) al año a los países menos desarrollados desde 2016 hasta 2020.

Tanto empresas como gobiernos han trabajado para implementar dichas medidas de mitigación y, entre otros, promueven conceptos como el de la economía circular, que busca convertirse en una respuesta para frenar el calentamiento global.

Para Juan Carlos Camargo, subdirector de Sustentabilidad de Walmart de México y Centroamérica, las empresas están pensando en nuevos productos que cumplan con los preceptos de diseño biodegradable o reciclable y que se puedan desensamblar con facilidad. Es decir que los artículos de nueva manufactura deben contener una huella baja de carbono y el menor número de componentes de materiales no renovables.

Y aunque el planteamiento de la economía circular retoma muchas de las normas del registro de la medición de la huella de carbono en la elaboración y diseño de un producto, aún no es adoptado en muchos países, principalmente en aquellos en vías de desarrollo.

Bajo el concepto de economía circular se busca hacer énfasis en la preservación y mejora de los recursos naturales, en la optimización del uso de los recursos y en el fomento de la eficacia de este nuevo sistema de economía sustentable.

De acuerdo con el reporte del IPCC, para alcanzar la meta del umbral de incrementar solamente en medio grado la temperatura de aquí a 2030, los países y las empresas deberán reducir 45% sus emisiones de CO₂ (algo complicado de alcanzar en los próximo 25 años).

Para lograr este objetivo, tanto los gobiernos como las corporaciones empresariales se verán en la necesidad de incrementar sus inversiones para el desarrollo de tecnologías que sustituyan el uso de energías fósiles a un paso más acelerado del que hoy sostienen, y que sectores como el automotriz migren su producción total hacia autos híbridos y eléctricos.

Actualmente, de 98 millones de autos que se producen en el mundo, tan sólo 1.3% son eléctricos o híbridos, de acuerdo con cifras de la Organización Mundial de Constructores de Automóviles (OICA, por sus siglas en inglés). Es decir que, en su mayoría, los automóviles que se manufacturan a escala mundial seguirán utilizando combustibles fósiles.

Además de lo anterior, como una de las tareas pendientes a escala global, será necesario establecer lineamientos claros para la medición y el control de emisiones de CO₂, los cuales tendrán que estar bajo normas y estándares homogéneos que puedan adoptar los países firmantes de los acuerdos de París, esto, con el objetivo de hacer más comparables los volúmenes de dispersión de gases de efecto invernadero.

El dilema es que países como Estados Unidos y, más recientemente, el nuevo gobierno de Brasil, que tomará posesión en enero, desdeñan los compromisos alcanzados en la COP21; desdén al que también se suman naciones como China y Canadá, que no se comprometieron desde el principio con las resoluciones alcanzadas en París.

Proyección de emisiones

Pese a que los gobiernos comprometidos durante la COP21 y un grupo importante de corporaciones empresariales vienen realizando esfuerzos para contener y mitigar el calentamiento del planeta, las cifras van en sentido contrario, pues el consumo de energías fósiles prosigue su ascenso, pese a los esfuerzos y grandes inversiones que se realizan para generar nuevas tecnologías renovables.

De acuerdo con cifras de la AIE, el consumo de barriles de petróleo a escala mundial aumentó 7% entre 2017 y lo que va de 2018, y se estima que, para 2019, la demanda de ese energético habrá crecido al menos 10%. La agencia también reporta que la producción de crudo creció 3% en 2018 y, para el siguiente año, las estimaciones prevén un incremento de 2.6%.

Uno de los principales factores de la demanda de petróleo por parte de los países es el crecimiento de sus economías, lo que explica por qué China y Estados Unidos lideran la demanda mundial de petróleo; y aunque estos dos países han mostrado crecimientos moderados en los últimos años, el tamaño de sus economías justifica el aumento de su demanda de energéticos.

El escenario no es alentador cuando observamos que uno de los objetivos centrales de los acuerdos de París, que era disminuir el uso de energías fósiles para la generación de energía eléctrica, no se ha podido alcanzar, y muy difícilmente se conseguirá. El reporte “Panorama de la Industria Eléctrica 2018” de la AIE revela que sólo 7.9% de la energía que se consume en el mundo proviene de algún tipo de fuentes renovables. Es decir que 42% de la energía que se consume en el mundo proviene de energías fósiles, como carbón (38.3%) y petróleo (3.7%). El gas natural participa con 23% de la electricidad que demanda el planeta, y aunque este energético es considerado sustentable, en términos reales no lo es totalmente, pues su extracción, distribución y almacenamiento generan un importante volumen de emisiones de CO₂ a la atmosfera.

La energía nuclear y la generación hidroeléctrica complementan la oferta de insumos para producir electricidad; ambas fuentes participan con 10% y 23.1%, respectivamente.

El reporte de la AIE también señala que 63.7% de la electricidad que se consume en la Tierra tiene como destino los sectores industrial, comercial y de servicios. La demanda de los hogares representa 31.1%. Tal vez esta intensidad de consumo es lo que da sentido a la disposición de muchas empresas en el mundo para invertir en proyectos de generación de energías renovables, las cuales son adoptadas dentro de sus procesos y actividades.

Sin embargo, pese a los esfuerzos realizados hasta el momento por todos los involucrados en los acuerdos de París, cumplir con las metas de reducción de emisiones de CO₂ en los niveles que marca el reporte del IPCC de la ONU, bajo la tendencia de seguir consumiendo energías fósiles, hace pensar que será inalcanzable la disminución de la temperatura del planeta en los siguientes 30 años.

Esfuerzos en México

Aunque el Registro Nacional de Emisiones (Rene) cuenta con ocho años de haberse implementado en México, todavía no está al 100% para que las empresas del país reporten sus emisiones apegadas a Ley de Cambio Climático que se promulgó en 2012.

Esto se debe a que una de las cláusulas para que las empresas reporten sus emisiones tiene como condición que las actividades de éstas emitan 25,000 toneladas de CO₂ al año.

Es decir, que las empresas pequeñas o plantas industriales que no lleguen a esos niveles no reportan al Rene, con lo que se sesga así el registro del volumen de emisiones del gremio empresarial y del país a la hora de reportar a los grupos de trabajo que se formaron durante la COP21.

Para Raúl Ceballos, director de sustentabilidad de Organización Soriana, es esencial que las empresas migren su consumo hacia energías renovables. En ese sentido, apunta el ejecutivo, el apoyo que los gobiernos canalicen a las pequeñas y medianas empresas será fundamental para eslabonar cadenas sustentables de producción.

En México existe un grupo de empresas que está trabajando y realizando inversiones para migrar procesos y fuentes de energía hacia fuentes más amigables con el medio ambiente. Sin embargo, muchas otras firmas, principalmente pequeñas y medianas, aún no comienzan los procesos de adaptación debido a la falta de recursos para invertir en programas y procesos de cuidado ambiental.

Sin embargo, uno de los principales retos a vencer a escala mundial es la falta de alineación de objetivos y programas encaminados a mitigar el calentamiento global. Fernando Aragón señala que, de no existir interacción entre los distintos actores de la sociedad para actuar ante los efectos y casusas del cambio climático, difícilmente se podrán alcanzar consensos globales para combatir el cambio climático.

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