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Enemigos ficción

José García Sánchez

Enemigos ficción

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Política

Agosto 30, 2018 07:40 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
José García Sánchez › diarioalmomento.com

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Cuando Ricardo Monreal no fue seleccionado candidato a la Jefatura de Gobierno de inmediato se creó y difundió una inexistente enemistad entre él y López Obrador, manejada intensamente por los medios que trataban de convencer a la opinión pública de que no sólo había un pleito a muerte sino una profunda división en el equipo cercano al Presidente electo.

Ante la falta de contrapesos, la urgente necesidad de algunos medios de encontrarle un enemigo de peso completo al nuevo gobierno, inventan enemigos donde no los hay. Y ante la mínima circunstancia interpretan toda declaración de los implicados, o de sus colaboradores, como un enfrentamiento irreconciliable.

Así sucedió con Monreal y está sucediendo con Tatiana Clouthier. A causa de la falta de enemigos y de que el proyecto tiene cada día más adherentes por convicción o por oportunismo, los autodenominados expertos y analistas recurren irremediablemente al imaginario basado en el pasado ante la falta de entendimiento del presente.

La consigna de desgastara a todo lo que huela a nuevo gobierno, la orden de cuestionar todo lo que provenga del equipo del próximo Presidente, crea una serie de abstracciones en los medios en los que muestran que la realidad los rebasó.

Es decir, todavía no se dan cuenta que los grandes derrotados de las elecciones el 1 de julio fueron los medios, y la dimensión de su caída es proporcional al tamaño de su empresa periodística. Es la mentira mediática como contrapeso político frente a un gobierno con un apoyo social sin precedente.

Si los medios de México no hacen consciencia de esa derrota, los voceros del pasado seguirán disparando al aire tratando de cazar enemistades cuando sólo hay diferencias, y a veces ni eso.

Pero los medios castigados económicamente a causa de los excesos del pasado donde gobierno y medios creaban a su antojo una realidad inexistente, no dejarán de buscarle enemigos a quienes forman parte de un proyecto que escogió más de 30 millones de mexicanos. En la transición de Peña Nieto nadie hizo ese tipo de conjeturas ni actuó con tan mala leche, a pesar de que Peña Nieto no llegó ni a los 20 millones de votos a su favor… Si es bueno o malo, mejor o peor, dañino o benéfico, ya lo dirán los hechos, pero desde ahora son juzgados por disposiciones de un gobierno que todavía no empieza, y ante esta urgencia de factores de crítica hacen de los debates titubeos y de las consultas populares fragilidad inexistente.

Pareciera que se trata de una guerra de exterminio contra lo que en mayoría los mexicanos votaron. Los medios en México no están acostumbrados a dar a conocer el sentir de la población, se han dedicado a divulgar los heraldos de la monarquía en el poder, como sucedía hace ya varios siglos. Lo demás no importa. La información de una sociedad harta de lo que se ha repetido toda la vida es para quienes sólo practican el culto a la personalidad información innecesaria de los plebeyos.

Ahora, y a partir de hace unos días, todo lo que diga Tatiana Clouthier será interpretado como una provocación para el nuevo gobierno, principalmente contra López Obrador. Les hacen falta enemigos del nuevo régimen y les sobra imaginación y mala voluntad.

El hecho de que una persona no quiera un cargo en el nuevo gobierno, o que deba cambiarlo por otro es decisión de quien lo ocupa. Pero esta decisión, personal o no, es traducida en el idioma de la tenebra que quieren disfrazar algunos de análisis inútilmente, como un enemigo a la vista.

Desde luego que ni qué hablar de su responsabilidad social y de la dignidad que se desprende de su ejercicio periodístico. Esos los dejaron en el cajón donde guardan los sobres.

Ser conductor de un programa televisivo de noticias implica ya un salario no sólo muy diferente al de la mayoría de los periodistas sino una posición social que los acerca a la nobleza de la clase política, por eso trabajan para un poder que hacer parecer más monárquico de lo que es.



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