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Marzo 14, 2019 21:01 hrs.

Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

Entretenimiento Nacional › México Ciudad de México


Los Hombres de Negro, para no decir nuestra corte suprema, aprobaron –-Y a la mejor también probaron--, sembrar, vender y fumar libremente en México la verde. La mota, el cannabis. Vaya la mariguana.
Conseguirla, sin problema legal alguno, a la vuelta de la esquina, como lo hacían las abuelas para sus fricciones aliviadoras.
No queremos caer en la trampa al reproducir el comentario del colega don Octavio García. Estamos totalmente seguros que se inspiró en su lúcida capacidad cultural, que siempre aplaudimos. De ninguna manera en ’La Juanita’. Porque él ni fuma.
Su comentario Mexamérica emociona al leerlo:
’Cuántos hemos anhelado un México sin corrupción y con una gran cárcel llena de depredadores prianistas; pero también, cuántos han soñado con que seamos el estado número 51 de la Unión Americana, casi todo en orden y más o menos limpio.
Viejos son los chistes que se referían a la invasión gringa a nuestro territorio, a lo que seguía la pregunta: ¿Y cómo van a caber 110 millones de mexicanos en las Islas Marías?; o bien: ¿Se construirá un muro en la frontera con Guatemala después de enviar a Centroamérica a toda la población Brown?
Terminé de leer ’El american dream’, la primera sátira mexicana de la era Trump, escrita por Enrique Berruga Filloy, ex representante permanente de México ante la ONU y embajador de nuestro país ante once naciones.
En su obra explora la nada descabellada posibilidad de la unión, de una vez y para siempre, de los tacos con las hamburguesas.
¿México podría ser la estrella 51 en la bandera de los Estados Unidos? ¿Quién lamentaría la pérdida de la podrida clase política mexicana? ¿Sería posible que al fin «se nos haga» y los mexicanos podamos disfrutar del American Way of Life? ¿Desaparecerán de nuestro lenguaje la vernácula «mordida», el generoso «moche», el proverbial «ayúdeme a ayudarle» para convertirnos en una nación de primer mundo?
En el libro, Hillary declara, «Me habría encantado ser la primera presidenta de México»; mientras que Trump externa: «¿Y saben quién pagará por el muro?… ¡Guatemala!».
La novela nos traslada a un mundo utópico en el que, aprovechando una temporada de vacaciones en que gobernadores, secretarios de estado, diputados y senadores, así como muchos millonarios del neoliberalismo mexicano son detenidos en los Estados Unidos y obligados a regresar todo lo que se robaron, cantidad suficiente para restaurar la economía nacional.
Miles aceptan eufóricos la unión, la desaparición del muro trumpitiano y la llegada –por fin- del orden al país. Claro, hay quienes organizan la oposición, encabezados por la Iglesia Católica que ve con malos ojos la caída de sus ingresos y el control de su poder.
La ficción que nos presenta Enrique Berruga Filloy podría ser, como están las cosas, una realidad en cualquier momento. El nazi populismo, está a la vuelta de la esquina, y no sería remota la aspiración de absorber a México de un zarpazo. Por el momento, uno de cada diez gringos es mexicano, además de los colados no contabilizados.
En un diálogo virtual con mi gran amigo José Rosovsky le decía que para, a quienes Él nos dio dos neuronas de más, estamos seguros que lo que viene es peor para nuestras vidas. Los cambios que se avizoran no los ven las mayorías y les caerán, para bien o para mal, en menos tiempo de lo que creen.
¿Seremos el estado 51 de la Unión Americana o vendrá una balcanización del territorio mexicano?
Las propuestas neo revolucionarias de los chalecos amarillos son la advertencia de que lo que viene no nos va a gustar, diría el maestro Leonard Cohen.
Como epílogo escribiríamos nosotros ’Vivan los ministros que aprobaron fumarla’
craveloygalindo@gmail.com

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