’Estad siempre despiertos’


La Palabra de Dios

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Diciembre 01, 2018 10:20 hrs.
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Sábado 1º de diciembre 2018

Primera lectura
Apoc 22, 1-7
El ángel del Señor me mostró a mí, Juan, el río del agua que da la vida, reluciente como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En el centro de la plaza de la ciudad y en cada lado del río, crecía un árbol de la vida, que daba doce cosechas al año, una cada mes, y sus hojas sirven para dar la salud a las naciones. Ahí no habrá ya ninguna maldición.
La Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

En la ciudad estará el trono de Dios
y el del Cordero,
y sus servidores le darán culto,
lo verán cara a cara,
y llevarán su nombre en la frente.
Ahí no habrá ya noche
ni habrá necesidad de lámparas o de sol,
porque el Señor Dios los iluminará con su luz
y reinarán por los siglos de los siglos.

Luego el ángel me dijo: "Estas palabras son verdaderas y dignas de crédito. El Señor Dios, que inspiró a los profetas, ha enviado su ángel para comunicar a sus servidores lo que tiene que suceder en breve. Ya estoy a punto de llegar. Dichoso quien le hace caso al mensaje profético contenido en este libro".

Salmo Responsorial
Salmo 94, 1-2. 3-5. 6-7
R. Demos gracias al Señor.
Vengan, lancemos vivas al Señor,
aclamemos al Dios que nos salva.
Acerquémonos a él llenos de júbilo
y démosle gracias.
R. Demos gracias al Señor.
Porque el Señor es un Dios grande,
es un rey más grande que todos los dioses:
en sus manos están los abismos de la tierra
y son suyas las cumbres de los montañas;
el mar es suyo, pues él lo hizo,
y también la tierra, pues la formó con sus manos.
R. Demos gracias al Señor.
Vengan, y puestos de rodillas,
adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo,
pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo,
él nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
R. Demos gracias al Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Lc 21, 36
R. Aleluya, aleluya.
Velen y oren,
para que puedan presentarse sin temor
ante el Hijo del hombre.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 21, 34-36
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Estén alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre’’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
Dichoso el que preste atención a las palabras proféticas de este libro
En el libro del Apocalipsis hay pasajes de muy difícil comprensión, son visiones que nos pueden quedar muy lejanas, pero no es así con el extracto que hoy nos ocupa.

Se nos regala por mano de la Iglesia en este día un texto con una explosión de vida y de vida en plenitud. Se nos habla de agua viva y del árbol de la vida con sus doce cosechas, una para cada mes. Y es que así es Dios para la vida del creyente.

Dios es manantial, río, fuente, agua viva; árbol de vida, de cuyos frutos que son los sacramentos nos alimentamos y recobrados fuerzas para seguir caminando por la senda del bien y la verdad; Dios es luz sin tiniebla alguna, es la lámpara que arde y brilla en medio de la oscuridad que los hombres sembramos en este mundo por medio de nuestra indiferencia, nuestro egoísmo, por la oscuridad de nuestra mente. Por todo ello quien quiere vivir para Dios y en el servicio a los hermanos nada le ha de faltar para el presente y por tiempos venideros.

Terminamos hoy el año litúrgico y tanto al final de él, como al comienzo se nos ofrece la invitación de ser hombres y mujeres que vivan la palabra de Dios de lleno y con profundidad, así podemos leer también hoy " dichoso el que preste atención a las palabras proféticas de este libro"; de este libro y de toda la Escritura, para que ellas nos hagan conocer cada vez más verdaderamente al Dios de nuestras vidas.

’Velad y orad en todo tiempo"
Nos encontramos con el final del discurso escatológico de Jesús en el Evangelio de San Lucas y las primeras palabras que nos indican el texto son: "procurad que vuestros corazones no se emboten..." Vivir con el corazón embotado es vivir en un espejismo, vivir como fuera del tiempo real, como dentro de una película; es vivir tan solo con la mirada y el corazón fijos en mi yo, en mis problemas, en mis ganas o mis desganada, así como si no existiera nada en el mundo fuera de lo soy, tengo o me sucede. Y debemos de tener claro que nada tan opuesto a la realidad y al querer de Dios es esto. Dios no quiere despiertos, atentos a los dolores, angustias y alegrías propias y ajenas. Que nuestra vida sea vivida en plenitud, es decir, desde lo profundo, desde nuestro ser interno hacía fuera, así es como la vida toma sentido, color, gusto y plenitud.

’Velad y orad en todo tiempo", sí, claro velad y orad, son dos actitudes indispensables para quien pretenda considerarse discípulo de Jesús; tanto para la vida personal, como la comunitaria. No podemos entender una sin la otra, porque no somos entes aparte, sino seres en relación con Dios y con los iguales.

La vigilancia y la oración van unidas, caminan de la mano, ya que una ayuda a la otra a no dejarnos llevar por corrientes que nos alejen de Dios y se alimentan mutuamente. La vigilancia sobre pensamientos, palabras y obras; la vigilancia sobre el ritmo que acoge nuestras vidas y la sociedad en la que vivimos; vigilancia sobre los proyectos de salvación que nos llegan desde cualquier otra orilla que no es la evangélica.

Oración para vivir unidos a la raíz, que es Cristo; oración para que nuestro corazón sea ensanchado para amar; oración para que Dios nos haga conocer cuáles son los pasos a seguir; oración para mantenernos en pie ante el Hijo del hombre o mejor para cogernos de su mano para siempre.

Feliz Adviento, hermanos.
Monasterio Sta. María la Real - MM. Dominicas
Bormujos (Sevilla)

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