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Marzo 01, 2019 20:58 hrs.

Norma L. Vázquez Alanís › Club Primera Plana

Salud Nacional › México Ciudad de México


Durante más de dos siglos la humanidad vivió con la idea de que las bacterias eran microorganismos dañinos para la salud y debían combatirse. Fue desde que Anton van Leeuwenhoek descubrió en 1676 ’pequeños animales’ dentro de una gota de agua de un lago gracias a un rudimentario microscopio, y las bacterias fueron estudiadas como culpables de infecciones y enfermedades.

Esta situación dio paso a finales del siglo XIX al desarrollo del tema de asepsia y esterilización, y durante la Segunda Guerra Mundial a la evolución de los antibióticos, y gracias a esos avances se han salvado millones de personas.

Pero en el umbral de la tercera década de esta centuria, la ciencia ha demostrado que las bacterias no sólo pueden ser buenas para el organismo del género humano, sino que incluso resultan imprescindibles para su salud.

Esta revolución médica empezó a gestarse en los años 30 del siglo XX, cuando aparecieron las primeras informaciones sobre los estudios científicos que hablaban de la relación entre las bacterias del colon y la salud mental, e incluso investigaciones que revelaban mejoras en la salud de enfermos mentales con esquizofrenia y bipolaridad cuando incluían en su dieta bacterias contenidas en alimentos fermentados.

La médica Irina Matveikova -una rusa que reside en Madrid desde 2003-, especialista en endocrinología y nutrición clínica, asegura que el 90 por ciento de las células que hay en el cuerpo humano son bacterias, esto es, casi dos kilogramos de células bacterianas que llevan milenios en convivencia y evolución con el hombre, por lo cual existe una relación muy estrecha e importante.

’Se ha creado una simbiosis en la que nos ayudamos mutuamente bacterias y humanos; una especie de fusión metabólica, genética, neurológica, funcional, como si en conjunto fuésemos un solo ecosistema formado por células humanas y microorganismos’, explica Matveikova, miembro de la Sociedad Europea de Neurogastroenterología y Motilidad, y de la Asociación Británica de Medicina Herbal.

Asegura también que todo apunta a que esa unión aún podría ser más íntima, ya que las bacterias tienen 300 veces más material genético que los humanos y al parecer es posible utilizar sus metabolitos para regenerar, reparar o cicatrizar, como si fuesen un pequeño taller de reparaciones para todo el cuerpo, porque estos microbios son los primeros interesados en la salud humana.

La especialista, perteneciente a la Sociedad Científica Internacional Microbiota Intestinal para la Salud, dice que gracias al Proyecto Microbioma Humano (el microbioma es el conjunto de microbios que viven en el intestino humano) se investiga cuántas bacterias conviven con los individuos; actualmente ya se conocen entre 300 y 400 especies que muestran ser beneficiosas para la salud física y mental, y algunas se encuentran en los complementos alimenticios conocidos como probióticos.

A través del Proyecto Microbioma Humano, que utiliza un enfoque metagenómico consistente en extraer todo el ADN y secuenciarlo en masa, los científicos comienzan a descubrir las enzimas y rutas metabólicas importantes para los humanos, sobre todo para generar aminoácidos, los componentes de las proteínas.

Tenemos dos cerebros:

uno en el cráneo y otro en el intestino

Al referirse a los estudios científicos que relacionan las bacterias del colon y la salud mental, la médica -autora de varios libros y con estudios de posgrado en medicina holística- ratifica la teoría del doctor Michael Gershon, quien en 1999 publicó su obra ’El segundo cerebro’, con las investigaciones que llevó a cabo en la Universidad de Columbia, Estados Unidos, sobre la red neuronal del intestino.

Considerado el padre de la neurogastroenterología -una nueva rama de la ciencia médica- descubrió que entre la capa mucosa y la muscular del intestino, existe una red formada por unos 100 millones de neuronas idénticas a las cerebrales, que suministran moléculas, neurotransmisores y algunas hormonas necesarias para un buen funcionamiento del cuerpo, pero también del cerebro, como la serotonina y la dopamina.

Matveikova agrega que ahora se estudia la manera en que el sistema nervioso entérico -el que hay en los intestinos- puede jugar un papel importante en las emociones, la estabilidad psicológica, así como en parámetros mentales y de calidad de vida. En el sistema digestivo se produce y almacena el 90 por ciento de la serotonina del cuerpo humano, cuya función esencial es la absorción, el aporte nutricional y los movimientos musculares. Es la misma sustancia que en un diez por ciento se crea en el cerebro superior y de la cual depende el bienestar del individuo.

Así, el cerebro de las entrañas funciona en conexión con el del cráneo y en parte determina el estado mental de la persona, además de que desempeña un papel clave en determinadas enfermedades que afectan al organismo, pues además de neuronas en el aparato digestivo están presentes todos los tipos de neurotransmisores, hormonas y moléculas químicas que produce el cerebro.

Por ello es recomendable tomar regularmente alimentos probióticos en forma de yogures y otros productos fermentados lo más naturales posible, o bien suplementos de probióticos que contengan diez mil millones de bacterias vivas, generalmente más fuertes que las del yogur, que llegarán en mayor cantidad al intestino, comenta Matveikova.

En un futuro será inevitable que los probióticos se prescriban para tratar molestias digestivas y todas las enfermedades crónicas, muchas veces de origen metabólico o inmunológico, y en general con un componente inflamatorio, como diabetes, obesidad y fibromialgia.

Está documentado que el 80 por ciento de la inflamación se genera en el intestino delgado, donde hay un íntimo contacto entre el sistema inmune y las bacterias intestinales, por ello la salud de éste repercute en el estado de ánimo, pues hay una relación continua de intercambio de información entre los dos cerebros; un estreñimiento crónico puede suponer una falta de serotonina y quien lo padezca será una persona pesimista y con baja libido.

Por último, la especialista menciona que el Síndrome de Colon Irritable y la Enfermedad Inflamatoria Intestinal son dos claros ejemplos de las consecuencias de una comunicación defectuosa del eje intestino-cerebro; ahora, dijo, para estos trastornos se prescriben los suplementos de probióticos específicos.

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