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Mayo 12, 2019 14:23 hrs.

Armando Fuentes Aguirre › guerrerohabla.com

Periodismo Nacional › México Coahuila



‘Dime, Chinguetas, ¿por qué cada vez que hacemos el amor me traes flores al final?’
Un ventrílocuo de teatro iba en su automóvil por la carretera y el vehículo tuvo una descompostura grave. Llamó por celular a una ciudad cercana y pidió una grúa. Cerca vio a un ranchero, y mientras llegaba la ayuda entabló conversación con él. ’¿Qué tal la vida aquí?’ –le preguntó–. ’Muy aburrida –respondió el sujeto–. No tiene uno con quién platicar’’. Al ventrílocuo se le ocurrió una idea para divertirse. Le dijo al campesino: ’¿Por qué no platicas con tus animales?’. Contestó el labriego, suspicaz: ’Los animales no hablan’. ’Claro que hablan –replicó el ventrílocuo–. Mira’. Fue a donde estaba el burro: ’Dime, burrito: ¿qué hiciste anoche?’’. En seguida, con su voz de ventrílocuo, imitó la respuesta del asno: ’Comí pastura y me dormí’. El ranchero quedó boquiabierto. Lugo el ventrílocuo se dirigió a la gallina: ’Y tú, gallinita ¿qué hiciste?’. El ventrílocuo hizo como que la gallina respondía: ’Puse un huevito; comí maíz y después me dormí también’. Azorado y nervioso el ranchero le pidió al ventrílocuo: ’A la chiva no le vaya a preguntar lo que hizo anoche. Es muy mentirosa’… Pepito lloraba desconsoladamente. La maestra, preocupada, le preguntó: ’¿Qué te sucede?’. Entre hipidos y sollozos respondió el chiquillo: ’Es que cuando tuve apendicitis me quitaron el apéndice, y ahora el doctor dice que tengo colitis’… Otro de Pepito. Una noche estaba recitando sus oraciones. De rodillas ante su camita, cerrados los ojitos, las manitas juntas, pidió devotamente: ’Diosito: cuida a mi mamita, cuida a mi papito, cuida a mis hermanitos, cuida a mis abuelitos, cuida a mis tíos y a mis primos, cuida a mis amiguitos, cuida a mi perrito. Y de paso cuídate tú también, porque si a ti te pasa algo a todos nos va a llevar la chingada’… El señor le comentó a su hija: ’Por más esfuerzos que hago no puedo recordar el nombre de una canción que dice: ‘Poniendo la mano sobre el corazón...’’. ’¿Sobre el corazón? –repitió la chica–. Ha de ser una canción muy antigua’... Un hombre en competente estado de ebriedad fue haciendo eses –y emes, y enes y eles– a donde estaba un policía y le preguntó con tartajosa voz: ’Perdone, mi general: ¿en dónde estoy?’. Le respondió el gendarme: ’En la esquina de MacLane y Ocampo’. ’Olvídese de los detalles –se impacientó el beodo–. ¿En qué ciudad?’… Eran los tiempos en que se usaban aún camas cuyos colchones se ponían sobre el llamado ’tambor’, una armazón metálica con alambres y resortes. El botones del hotel llamó a la puerta de la habitación donde los recién casados estaban celebrando su noche de bodas. El novio, molesto por la enojosa interrupción, se puso una bata y abrió. Le dijo el botones: ’Perdone la molestia, joven. Por órdenes de la gerencia, y atendiendo una petición unánime de los huéspedes del hotel, vengo a aceitar los resortes de la cama’… Después de algunos años de casados, a doña Macalota le llamó la atención una extraña costumbre que adquirió don Chinguetas, su marido: al terminar de hacer el amor con ella se levantaba del lecho, traía un ramo de flores y se lo ponía encima. Intrigada le preguntó una noche: ’Dime, Chinguetas, ¿por qué cada vez que hacemos el amor me traes flores al final?’. Explicó el marido: ’Es que como no te mueves nada pienso que estás muerta’. (Nota: También le hacía una guardia y le dedicaba un minuto de silencio)… Casó Meñico Maldotado, infeliz joven con quien la naturaleza se mostró avara en la parte correspondiente a la entrepierna. La noche de bodas cumplió su deber de marido. Al final le preguntó a su mujercita: ’¿Es la primera vez que haces esto?’. Exclamó ella, sorprendida: ’¿Qué ya lo hiciste?’… FIN.
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