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Septiembre 24, 2019 10:42 hrs.

Mario Andrés Campa Landeros › diarioalmomento.com

Cultura Nacional › México Ciudad de México


’Gratuitamente hemos recibido, den
Pues, también ustedes gratuitamente’

Granitos de oro.
Cuentan los que saben de esas cosas que había una vez un hombre pobre, que acostumbraba pedir limosna por las calles y todos los caminos de las ciudades.
Un día vio acercarse un rico carruaje con su séquito. ’Debe ser un hombre rico’, pensó el mendigo y, como de costumbre, tendió su mano, con la esperanza de recibir una ayuda.
Cuando el carruaje estuvo cerca, se paró, y cual no fue la maravilla del pobre en ver que el mismo rey, ataviado con sus mejores galas, estaba bajando del vehículo y se le acercaba.
’Seguramente se apiadó de mí, y ahora me va a dar una buena limosna’, se dijo entre sí el mendigo.
Pero, con gran asombro del pobre, el rey le tendió su mano como a la espera de una limosna. El mendigo se quedó pasmado, y poniendo su mano en su bolsa, sacó tres granitos de trigo.
El rey, sin decir palabra, los recibió, subió al carruaje y se marchó.
Llegada la noche, en su pobre casa, el mendigo estaba vaciando su bolsa y entre los puñados de trigo, vio que algo brillaba y lo deslumbraba; eran tres granitos de oro…
Lo entendió todo.
Amargamente lloró de no haber tenido corazón para dárselo todo...
¡Cosas Veredes, Chonito!

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