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Febrero 01, 2019 21:24 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


Cuando el usurpador sólo tiene su versión sin pruebas de la realidad que lo motiva a luchar y sólo tiene como fuente de información a sus propios medios de información incondicionales por lo regular se trata de un movimiento fantasma, sin bases sociales ni vinculación con la realidad.
Cuando la manipulación informativa rebasa el sentido común y la lógica, la sociedad comienza a darse cuenta de que el golpe de estado no es la lucha por los derechos humanos sino por el petróleo, el gas, el oro y el uranio de Venezuela. Ahora que el espacio dedicado al golpista Juan Guaidó, éste debe radicalizar su discurso para que los reflectores no lo abandonen.
La estrategia de reunir venezolanos en México y en Venezuela les ha salido mal a los opositores.
En Venezuela dejaron de entrar clandestinamente a una serie de personas, a quienes desde las oficinas de la oposición acreditaron como periodistas extranjeros y a la hora que las autoridades les exigen los documentos necesarios para ingresar a ese país carecen de ellos, por lo que son deportados a sus países de origen, acción que Guaidó y sus secuaces califican de atentado a la libertad de expresión.
Habrá que estar muy atentos porque este tipo de métodos que no se cansa Estados Unidos de utilizar, podría ser usado en México manipulado desde la Casa Blanca, en unos años más.
Por lo pronto, aquí, desde hace un par de años, cuando Miguel Ángel Osorio Chong, encabezaba la Secretaría de Gobernación, injustificadamente empezaron a obtener permisos de residencia miles de venezolanos, cuyo ingreso a México no sólo era permitido sino subsidiado a través de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, donde era común ver a jóvenes venezolanos de las oficinas de Dinamarca 84, con cheques en la mano.
Eran cientos de venezolanos que diariamente llegaban por permisos, cheques, autorizaciones, quienes después se integraron a la vida de México abriendo restaurantes, misceláneas, estéticas, consultorios de masajes, terapias de rehabilitación muscular, gimnasios, etc.
Ese grupo de venezolanos disfrazados de refugiados, quienes era evidente que carecían de la más mínima idea política, eran lo que esperaban ver reunidos el 23 de enero a las afueras de la embajada de Venezuela en México. No se reunieron ni 60 personas.
Al parecer Osorio Chong quería crear una colonia de venezolanos, que llegaron como plaga a la ciudad de México y se quedaron ahí. Pero como no se trató de una marcha de inmigrantes hondureños sino prácticamente un soterrado exilio al estilo Miami, no hubo rechazo como sucedió con los hondureños, quienes no se quedaron ni 500, pero ahora hay miles de venezolanos con sus propios negocios, auspiciados por la anterior administración, a quienes consideraron los grandes partidarios del líder de oposición, que después derivó en Guaidó. Pero los venezolanos que alcanzaron suelo mexicano mostraron una gran indiferencia por la política de su país y desairaron la convocatoria para impugnar la presidencia de Nicolás Maduro, a quien, involuntariamente fortalecieron, al ser considerado un fracaso el mitin del 23 de enero frente a su embajada.
En México no tuvo eco la asonada de Guaidó, pesar de que fueron varias organizaciones las que convocaron a eso que fue una marcha abortada porque al ver que eran muy poco únicamente pronunciaron algunas palabras en ese lugar. Los grupos sin capacidad de convocatoria fueron Venemex, Venezuela Somos Todos, Venezuela Unidos en México y lo que queda del PAN, azuzador por la prima de Margarita Zavala, Mariana Gómez del Campo.
La mayoría de los mexicanos entienden que este tipo de maniobras forma parte de la política de Estados Unidos que repite una y otra vez desde hace muchos años en América Latina y que suele encontrar eco entre los desinformados o en los rencorosos, para quienes todo lo que no huela a Estados Unidos, está equivocado, atenta contra los derechos humanos, anacrónico, inhumano, etc.
El conocimiento de la historia no sólo desenmascara sino que otorga conciencia sobre la realidad.

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