Opinión

Hablemos de volver al pasado o de las promesas fallidas l

Sergio Enrique Castro Peña

Hablemos de volver al pasado o de las promesas fallidas l

Temas clave / POLITICA

Periodismo

Mayo 11, 2019 23:30 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Sergio Enrique Castro Peña › guerrerohabla.com

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Existe un retorno eterno entre lo que vivimos, lo que creemos que vivimos y lo que soñamos que viviremos. Esta tendencia de añorar ese ’tiempo pasado’ el cual es moldeado según sean las circunstancias y las ocasiones que lo requeriríamos. Podemos pensar que el pasado es algo inamovible, como una fotografía instantánea y que no es factible cambiar. Es un error muy humano, pero también su mejor salida para poder enfrentar el presente. El pasado, así como el presente, está conformado por diferentes ángulos, percepciones e interpretaciones. Como toda actividad humana, pueda que exista una sola acción, pero no una sola percepción y por lo tanto una sola interpretación, de ahí su valor cuando queremos evadirnos de un presente que evade cualquier intento de controlar que se resiste a ser diferente a ese mundo que esperamos y soñamos forzándonos a creer ’que todo tiempo pasado es mejor’. Pero, el pasado también tiene una función, quizás la más importante, es un punto de referencia, un punto de evaluación. Cuando queremos definir si una acción, estrategia o política es mejor, igual o peor tenemos que partir de un punto dado y, a partir del mismo, lo comparamos con lo acontecido antes o después de él. Para ello, debemos con anterioridad definir los indicadores y parámetros de medición. Dicho lo anterior, concentrémonos en la selección del punto de referencia del pasado que nos interesa tratar.
Lo anterior viene a colación por los constantes señalamientos al presidente de que quiere vivir en el pasado, que no necesariamente es el tiempo del ’desarrollo estabilizador’, aun cuando así lo haya afirmado., Para nosotros el señalamiento de dicho período por López Obrador fue más un distractor que una realidad. No existe ninguna relación entre lo que expone en sus estrategias y políticas que las ligue con el período en cuestión. Sin embargo, dados sus antecedentes educativos y de formación política, así como la similitud de ideología podemos inferir que la época a la que realmente quiere hacer similitud es la vivida en el sexenio del presidente Luís Echeverría Álvarez (LEA). Somos, de antemano, conscientes de que, el sexenio del presidente Echeverría es satanizado tanto por la derecha como por la izquierda. Los primeros, lo acusan de quiso llevar al país al socialismo <real>, mientras los segundos, señalan que es el culpable de la matanza de Tlatelolco y de la opresión política. Sin embargo, para efectos en la determinación de período, tan arbitrario como cualquier otro, que represente un punto de inflexión en la historia moderna de nuestro país el sexenio de 1970-76 contiene elementos, no solo internos sino también externos que lo hacen más atractivo y emblemático que otros. Enfoquémonos primero en lo foráneo.
Al seleccionar el factor de comparación externo, consideramos que Corea del Sur, cuyo inicio como república, prácticamente se dio en 1952, con la declaración del cese de hostilidades entre EU y Corea del Norte y China. Por su parte México, con el fin de las hostilidades mundiales, entraba en una clásica etapa de desaprovechamiento de las ventajas que le otorgaban la cercanía y la frontera con EU. En aquel tiempo, se iniciaba una nueva era, que posteriormente se identificaría como la de globalización y de libre comercio internacional. En 1952, México contaba con una población de casi 29 millones, un PIB de 63,941 Millones De Dólares (MDD) y un Ingreso per cápita anual (IPCA) de 2,208 Dls. Mientras que Corea del Sur con un poco más de veinte millones de habitantes (70 por ciento de la población de México), un PIB de 17,693 MMDD y un IPCA de 855 Dls. (un 39 por ciento del de México). Asimismo, hay otro punto, que por ser ultimo no es el más importante es que mientras que nuestro país tiene una frontera con EU de 2,000 Km., Corea del Sur se encuentra a más de 20,000 Km. Sin embargo, para 1970, fecha de inicio del período presidencial de LEA y punto de inflexión para la vida de nuestro país, las cosas comenzarían a mostrar cambios sustantivos, negativos para México y positivos para Corea del Sur. En la relativo al factor poblacional, entre 1952 y 1970, está se incrementó en un 77 por ciento en México, mientras que en Corea solo lo hizo en un 54 por ciento, un 23 por ciento menos. Para 1970-1976, la tendencia poblacional, en México fue del 21.1 por ciento y en Corea del Sur de 12.3 por ciento. En relación al PIB durante el periodo 1952-1970, México tuvo un incremento del 202.1 por ciento y, en ese mismo período Corea obtuvo un 298.3 por ciento. En este mismo renglón, entre 1970-76, México obtuvo paso de 193,141 a 276,406 MMDD, lo cual representa crecimiento de 43.1 por ciento. Por su parte, Corea del Sur manifestó un crecimiento del 76.8 por ciento. En relación del IPCA entre 1952 y1970 en México se tuvo un incremento del 71 por ciento, mientras que Corea logró un avance del 158.2 por ciento. Entre 1970 y 76 el IPCA en México tuvo un avance del 18.2 por ciento y en Corea del Sur fue del 57.4 por ciento manifestándose una tendencia que en la actualidad se hace patética. En 2017 el IPCA de México es del orden de los 8,910.3 dólares y el de Corea del Sur de 29,742.8 dólares un 233.8 por ciento, superior al que tiene México. Entre 1952 y 2017 el IPCA de nuestro país presentó un incremento del 404 por ciento y en Corea del Sur dicho aumento fue del orden de los 3,478.7 por ciento, una diferencia poco menos que patética.
Si bien es cierto que México, en 1952, era un país que vivía en relativa paz, subyacía una división que prevalecía desde su acto independentista. Y, si bien no era totalmente visto, se percibía como algunas escenas de las películas de Buñuel, congeladas en el tiempo y en donde los personajes sólo despertaban para realizar de nuevo su eterno actuar sin que nada fuera modificado. Por tal motivo es conveniente señalar, que a pesar de haber transcurrido un poco menos de 140 años, dos Guerras Mundiales y una Revolución el actuar y la conformación social se mantuvieron intocables. Los procesos de asignación de las oportunidades en la escala económica y social, seguía intacta. Podía surgir algún personaje que sin provenir directamente del grupo del poder, el mismo Adolfo Ruiz Cortines, ascendiera hasta la etapa superior de la política la presidencia de la república. Una explicación que podemos encontrar, aparte de la innegable capacidad, era la temporabilidad del puesto y la casi imposibilidad de perpetuarse en él. Sin embargo, la incapacidad que hemos mostrado para evolucionar en nuestro proceso de movilidad social y de encontrar una concepción unificada del concepto de ’Nación’, dejando de lado la perversa dualidad de ideología política-sentido de país que tanto en el pasado como en el presente ha sido causa vital en la búsqueda fallida de una identidad. No la que surge en los tiempos de festejos, borracheras, sino la que nos puede impulsar en el quehacer de la cotidianidad. Esta carga de identidad pesa sobre nuestra comprensión de nuestro pasado, no solo como acto histórico sino como significación de nuestro hoy y factor determinante del tiempo por construir. El peso del romanticismo histórico, añoranza del pasado, es más que una carga, un lastre, que al pasar el tiempo no disminuye, al contrario se acrecentara.
Con respecto a Corea del Sur, su punto de inflexión lo tiene con el cese al fuego entre los Estados Unidos con Corea del Norte Y China con la precaria seguridad que le proporcionaban las fuerzas armadas de la ONU, lideradas por EU. Corea del Sur era un país eminentemente agrícola con una pobreza extrema, bajo dos externalidades que fueron aprovechadas plenamente: el gasto de los soldados y la de proporcionar mantenimiento a los equipos del ejército norteamericano y, posteriormente a su fuerza naval. Ante tal situación, Corea del Sur inicio una agresiva política educacional <política adoptada por Japón, Taiwán, Malasia, Singapur, Tailandia y Filipinas>, en donde, por una parte se ampliaba y se exigía a la población una educación básica obligatoria, hasta el nivel de secundaria de acuerdo a nuestro modelo y, en donde a partir de la preparatoria se establecieron sistemas de evaluación muy estrictos y de alto nivel con el fin de que solamente los más capaces y capacitados pudieran acceder a los niveles superiores y al sistema de becas para estudiar en el extranjero. Asimismo, privilegiándose las carreras ligadas a las ciencias exactas con son las áreas de ingeniería y química con énfasis en las matemáticas, el lenguaje y la tradición cultural. Está política, no estaba fundamentada bajo criterios de superioridad sino bajo la realidad de que se debían utilizar lo mejor posible los escasos recursos con que contaba él país. En 1952, existían pocas razones para que la población de Corea del Sur pudiera esperar más ayuda que la que ellos no buscaran y obtuvieran, por más escasos que fueran, de igual forma, sus expectativas eran casi nulas, pero eran consientes de que no podían lograr todo de la nada, por lo que se dedicaron a aprovechar las escasas oportunidades y las maximizaron, con mucho trabajo, ahorro e inversión en tecnología, en industrias nacientes como la electrónica y la construcción de barcos gigantes para la transportación de petróleo y contenedores de carga.
En 1970, una de las principales metas que se proponía el gobierno de México era la de terminar la repartición de la tierra. Nuestra sociedad y primordialmente nuestra clase ’intelectual’ es agrarista hasta la médula y las actividades industriales y servicios son considerados un poco menos que males ineludibles. De igual forma, sin que nunca se mencionara se inicio una lucha ideológica entre la izquierda-intelectual (su nicho se encontraba mayormente en las universidades estatales, <incluyendo la UNAM> y más apegado a la cultura francesa que a la mexicana; la derecha que encontraba una afinidad ideológica en la Democracia Cristiana, conformada por un empresariado (mayormente del sector comercial) y una significativa participación de la Iglesia Católica, y; por último, el gobierno del presidente Echeverría proveniente de las filas del PRI, conformado por una combinación amorfa de un sistema de un partido de gobierno con una base significativa clientelar, que sin llegar a ser un partido de corte de la social democracia sus políticas y estrategias económicas eran similares. Por otra parte, en lo ideológico, contenía en su proceder elementos con dicha corriente dada su disposición, inicialmente, a la apertura de la participación de otros partidos aunque sólo fuera más de forma que de fondo, una forma disfrazada de pluralismo sin llegar a constituirse.
La estrategia que siguió el gobierno en su lucha con esos dos grupos fue diferente para lograr una cohesión, son en lo particular si en lo general, los resultados para el gobierno fueron poco que menos catastróficos. Con la izquierda, logró una especie de cese de hostilidades, sin que llegara a un término de hostilidades. El gobierno aumentaría los recursos a las universidades y las becas a los intelectuales, principalmente a Francia, <país preferido>, así como el otorgamiento de embajadas y dirección de organismos internacionales o representaciones ante la ONU, UNESCO, CEPAL, etc. Por su parte, la estrategia seguida con el sector empresarial se tradujo en subsidios en diversos proyectos de inversión, cuyos resultados fueron muy cuestionados, control de precios y salarios así como del actuar de los sindicatos. Las consecuencias no fueron una alianza gobierno-empresarios por lo contrario produjo la creación, en 1975, del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) como un organismo cúpula de carácter político destinado a defender y difundir los derechos de la empresa privada y su ideología integrado por la Concanaco, Concamín, la Copramex, la Asociación de Banqueros, la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros y el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios. Una de las consecuencias de ésta política fue la actuación laxa del gobierno, como concesión a los sindicatos, en la frontera norte con las maquiladoras, lo que origino al final una emigración de esas empresas a los países del Sureste Asiático y, con ello, la pérdida de la oportunidad de nuestro país de subirse en la ola del cambio tecnológico y de reconversión industrial bajo un nuevo modelo de globalización. El presidente Echeverría en su afán de que el sector comprendiera los cambios que se estaban realizando en todo el mundo, realizo giras en las cuales incluyó a grupos de empresarios de las diferentes ramas, por su ignorancia y miopía la supuesta iniciativa privada, solo pudo concluir de las giras que los aviones utilizados por el gobierno eran más similares a ’camiones de redilas’, como los utilizados para llevar a jornaleros del campo, que de aviones de transporte de pasajeros. Las giras en cuestión al final fueron un desastre, pero definió la postura del empresariado ante los gobiernos Priistas o como decía nuestro Padre, con relación a de que no le hacían el ’fuchi’ a los subsidios, pero sí a la solidaridad y la coperación, ’no querían al santo, pero sí, los milagros’. De ahí que las políticas de industrialización y apertura económica fueran rechazadas y atacadas, pero no los subsidios, con consecuencias poco favorables para nuestro país, pero eso serán temas para tratar en nuestra siguiente entrega. sergiocastro6@yahoo.com.mx
Anexo. De acuerdo con los datos económicos publicados sobre crecimiento e inflación en el primer trimestre, la preocupación del presidente y sus funcionarios del área económica, en lugar de seguir la política de la avestruz, deben concentrarse en evitar que la economía caiga en la mayor problemática ’la estagflación’, depresión con inflación.



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