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Hidalgo y la Iglesia acusadora

Rodolfo Villarreal Ríos

Hidalgo y la Iglesia acusadora

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Periodismo

Septiembre 14, 2018 22:25 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com

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Hoy, 15 de septiembre, habrá de festejarse el aniversario número 208 de lo que oficialmente hemos adoptado como el inicio de la lucha para concluir los, entonces, casi tres siglos de dominio español en contubernio con la iglesia católica. El dominio de los primeros concluiría en 1821, con los segundos todavía tendrían que pasar 36 años más para que dejaran de inmiscuirse directamente en los asuntos de gobierno. Al mencionar la gesta independentista, la primera imagen que viene a nuestra mente es la de quien diera inicio a dicho movimiento libertario, aun cuando no necesariamente ese haya sido el objetivo primario, Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor. Dado que no somos expertos en ese período especifico de nuestra historia y es mucho lo ya analizado acerca de dicha gesta, en esta ocasión habremos de ocuparnos de cómo las autoridades eclesiásticas católicas arremetieron en contra de quien, entonces, ponía en riesgo la asociación de la corona española y la iglesia católica, al cual resultó muy productiva. Cuando no existen elementos de peso soportados por la razón, entonces no queda sino invocar la herejía y la anatema para dar a las acusaciones un cariz celestial. En ese contexto, revisaremos los documentos contenidos en el libro ’Los procesos militar e inquisitorial del padre Hidalgo y otros caudillos insurgentes’ (1953), el cual está basado en la obra ’Colección de documentos para la historia de la guerra de independencia,’ publicada en1887. Repasemos el tema, precisando la salvedad de que los textos que tomaremos serán trascritos conforme a la ortografía y redacción actual con la finalidad de facilitar su lectura.

Además de enfrentar a un tribunal militar, don Miguel tuvo que vérselas con los miembros de esa institución comprometida, a costa de lo que fuera, con salvar las almas de los herejes, aquella que de santo solamente tenia el nombre, el Tribunal del Santo Oficio comúnmente conocido como la Inquisición. Esta, desde tiempo atrás, ya lo tenia en la mira y así lo asentó en el edicto que la enviaron, el 13 de octubre de 1810, citándolo para que se presentara ’a contestar los cargos de herejía, apostasía, etc. de que ha sido acusado.’ Vayamos a revisar el contenido de ese documento.

Iniciaba mencionado su nombre y lo llamaba ’Cura de la Congregación de los Dolores en el Obispado de Michoacán, titulado Capitán General del Ejercito de los Insurgentes.’ Acto seguido, le comunicaba que ante ellos compareció ’…el señor Inquisidor Fiscal de este Santo Oficio e hizo presentación en forma de un proceso que tuvo principio en el año de 1800, y fue continuado a su instancia hasta el de 1809, del que resulta probado contra vos el delito de herejía, y apostasía de nuestra Santa Fe Católica, y que sois un hombre, sedicioso, cismático y hereje formal por las doce proposiciones, que habéis proferido, y procurado enseñar a otros; y han sido la regla constante de nuestras conversaciones, y conducta, y son en compendio las siguientes.’ Cada una las aseveraciones en que estaban basadas las acusaciones eran derivadas de las declaraciones presentadas por denunciantes diversos.

La primera imputación estaba fundada en las aseveraciones que un fraile de nombre Joaquín Huesca, ’Mercenario y lector de filosofía, hizo ante el Comisario de Valladolid (hoy Morelia) el 16 de julio de 1800,’ mismas que ratificó tres días mas tarde. Se acusaba a Hidalgo de

negar ’…que Dios castiga en este mundo con penas temporales:’ según Huesca, cuando él increpó a Hidalgo diciéndole que ’que si castigaba y era de fe,’ Hidalgo respondió que ’no era de fe; y que solo era propio de la Ley antigua el castigar con penas temporales, como plagas y langostas, y que si no ¿de donde estaba que fuera de fe?’ al respecto, el denunciante le contestó que en la Epístola de San Pablo a los Corintios…’ Retornando al texto de la Inquisición, este afirmaba que Hidalgo había dudado de ’la autenticidad de los lugares sagrados de que consta esta verdad: Habéis hablado con deprecio de los Papas y del Gobierno de la Iglesia, como manejado por hombres ignorantes , de los cuales uno, que acaso estaría en los infiernos estaba canonizado.’ A quien se refería era a Ildebrando di Sovana, Gregorio VII (1073-1085), aquel quien intentó imponer el papado sobre los poderes seculares hasta el punto de defender que también correspondía al papa la designación de los reyes, por tener éstos un poder delegado de Dios. Además, el antiguo monje toscano fue quien, en el Concilio de Roma de 1074, proclamó el celibato de los eclesiásticos, eso que hasta nuestros días sigue generando inmundicias. Ante esto, nadie podrá negar que el párroco de Dolores no solamente tenía toda la razón, sino que hasta adelantado a su tiempo estaba sobre lo que provocaban las mediadas tomadas por el ciudadano di Sovana a quien calificaba de haber ’… sido muy nocivo para la iglesia por su ignorancia…’ Pero continuemos con el rosario de acusaciones.

Se le imputaba a Hidalgo asegurar que ’…ningún judío, que piense con juicio, se puede convertir, pues no consta [en el texto original de la Escritura…], la venida del Mesías: y negáis la perpetua Virginidad de la Virgen MARÍA.’ Según Huesca, cuando ’en prueba de la venida del Mesías, le refirió el texto de Isaías Ecce Virgo concipiet, et pariet,’ Hidalgo le espetó que ’no había tal voz Virgen en el texto, sino otra voz hebrea, que significaba mujer corrompida…’ Dado que nosotros somos legos en asuntos teológicos, nos concretamos a reproducir el alegato que aún tenía cuerda. Los inquisidores imputaban al guanajuatense de adoptar ’…la doctrina de Lutero en orden a la divina Eucaristía y confesión auricular, negando la autenticidad de la Epístola de San Pablo a los de Corinto y asegurando que la doctrina del Evangelio de este Sacramento está mal entendida, en cuanto a que creemos la existencia de Jesucristo en él.’ Este cargo era derivado de lo que, el 20 y 24 de agosto de 1800, refirió el fraile Manuel Estrada, Mercenario y predicador, quien aseguraba haber escuchado a Hidalgo decir que ’la sagrada Eucaristía no se conoció en los términos que hoy se enseña en la iglesia, hasta mediados del siglo tercero, que antes se tuvo por pan bendito; y hasta entonces no se conoció la Confesión auricular.’ Al respecto, cabe anotar que la razón le asistía a Hidalgo, el ignorante era otro. Lo que sigue no es apto para mentes puras y castas, pero los inquisidores iban por todo.

Entraban a terrenos escabrosos cuando afirmaban que el cura líder del movimiento insurgente tenia ’…por inocente, y licita la Polución [antes de que alguien vaya a pensar que los religiosos de entonces eran ecologistas tempranos, la palabra es utilizada como sinónimo de eyaculación], y fornicación como efecto necesario, y por consiguiente al mecanismo de la naturaleza, por cuyo error habéis sido tan libertino, que hicisteis pacto con vuestra manceba de que os buscase mujeres para fornicar, y que para lo mismo le buscaríais a ella hombres…’ O sea que don Miguel no solamente le daba gusto al cuerpo, sino que, según la iglesia, hasta le hacía de conseguidor. Pero no es todo. Quien lo acusaba originalmente, era una dama de

nombre ’María Manuela Herrera, casada y de 41 años mujer de buena nota, [¿se referirían a que facturaba bien?] que frecuentaba los sacramentos, [quien] se presentó ante el Comisario de Querétaro en 4 y 5 de mayo del año pasado de 1808…’ Según ella, quien ’llevó amistad ilícita…’ con Hidalgo, en una ocasión ’…estando ambos en conversación, le dijo: ’¿Qué querrá vuestra merced creer que hay infierno, y que hay diablos? No creas eso Manuelita, que esas son soflamas…’ La ciudadana en cuestión afirmaba que hacia ’…la denuncia por mandato de su confesor, y en descargo de su conciencia.’ Aún faltaban más cargos.

Le echaban en cara de ser ’…tan soberbio, que decís que no os habéis graduado de Doctor en esta Real Universidad por ser su claustro una cuadrilla de ignorantes; y dijo, que temiendo, o habiendo llegado a percibir , que estabais denunciado al Santo Oficio, os ocultasteis en el velo de la vil hipocresía, de tal modo, que se aseguró en informe, que se tuvo por verídico, que estabas tan corregido, que habíais llegado al estado de un verdadero escrupuloso, con lo que habéis conseguido suspender nuestro celo, sofocar los clamores de la justicia, y que diésemos una tregua prudente a la observación de vuestra conducta…’ Aun los inquisidores desconocían la declaración que, por escrito, les presentaría, el 7 de noviembre de 1810, Joseph Ignacio Muñiz, cura de Xocotitlan, quien afirmaba ’que la juventud escolar de Valladolid bautizó a este reo [Hidalgo] con el nombre de Zorro como que previo en el un abismo de astucias….’ Pero como la revuelta estaba ya en marcha, no les quedaba sino reprocharle ’…que vuestra impiedad represada por temor había prorrumpido como un torrente de iniquidad por estos calamitosos días, poniéndoos al frente de una multitud de infelices , que habéis seducido, y declarando la guerra a Dios, a su Santa Religión, y al Patria: con una contradicción tan monstruosa que predicando según aseguran los papeles públicos, errores groseros contra la fe, alarmáis a los Pueblos para la sedición con el grito de la Santa Religión con el nombre y devoción de María Santísima de Guadalupe, y con el de Fernando séptimo, nuestro deseado y jurado Rey; lo que alegó en prueba de nuestra apostasía en la fe católica, y pertinencia en el error; y últimamente nos pidió que lo citásemos por edicto y bajo la pena de excomunión mayor os mandásemos que comparecieses en nuestra Audiencia en el término de treinta días perentorios que se os señale por termino desde la fijación de nuestro edicto, pues de otro modo no es posible hacer la citación persona.’ Acto seguido procedían a darle trato de forajido.

Lo acusaban de haberse burlado de la ’misericordia del Santo Oficio…’ como si esa hubiera existido alguna vez. Asimismo, mandaban que su carta ’se fije en todas las iglesias de nuestro distrito, y que ninguna persona la quite, rasgue, ni cancele bajo de la pena de Excomunión mayor, y de quinientos pesos aplicados para gastos del Santo oficio, y de las demás que imponen el derecho Canónigo, y Bulas Apostólicas contra los fautores de herejes; y declaramos incursos en el crimen de fautoría y en las sobre dichas penas a todas las personas sin excepción, que aprueben vuestra sedición, reciban vuestras Proclamas, mantengan vuestro trato, y correspondencia epistolar, y os presten cualquier género de ayuda, o favor, y a los que no denuncien, y no obliguen a denunciar, a los que favorezcan nuestras ideas revolucionarias, y de cualquier modo las promuevan, y propaguen, pues todas se dirigen a derrocar el Trono y el Altar, de lo que no deja duda la errada creencia, de que estáis denunciado, y la triste experiencia de vuestros crueles procedimientos, muy iguales, así como

la doctrina , a los del pérfido Lutero en Alemania.’ El negocio se veía amenazado y no era cosa de dejarlo ir, así como así. La carta era firmada, desde la Inquisición de México, por el doctor Bernardo de Prado y Obejero, el licenciado Isidoro Sainz de Alfaro y Beaumont y Por mandado del Santo oficio, el doctor Lucio Calvo de la Cantera, secretario.

Por supuesto que Hidalgo jamás compareció por voluntad propia. Como todos lo sabemos, enfrentó el proceso inquisitorial en Chihuahua tras de que el traidor Ignacio Elizondo lo atrapó en Acatita de Bajan, Coahuila. Una vez afrontando el proceso militar le cuestionaron si había tenido conocimiento de la carta antes mencionada e Hidalgo respondió que ’…si supo de tal edicto por una carta que desde Querétaro escribieron a un soldado del ejercito en que se referían los artículos de que se le acusaba, pero no [había] leído el edicto, ni trató de hacerlo mediante que no pensaba comparecer temeroso de ser castigado, no por los delitos de herejía de que s le acusa, sino por el partido en que estaba empeñado…’ Pero si la carta inquisitoria nos parece despiadada, leamos la que, el 23 de septiembre de 1810, había emitido Manuel Abad y Queipo, obispo de Michoacán, en ella mostraba hasta dónde puede llegar el fanatismo encubierto en ropajes celestiales. Revisemos algunas de esas líneas.

Invocando la autoridad del Gran Arquitecto, el obispo lo llamaba Dios, y toda la corte celestial, Abad escupía: ’…sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, ex cura del pueblo de Dolores, le excomulgamos y anatematizamos desde las puertas del Santo Dios Poderoso; lo separamos para que sea atormentado, despojado y entregado a Datán Abirán…Que el Padre que creó al Hombre lo maldiga que el Hijo que sufrió por nosotros le maldiga; que el Espíritu Santo que se derrama en el Bautismo le maldiga…’ Así, seguía invocando a cuanto habitante celestial recordaba hasta escribir ’sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla en donde quiera que esté, ya sea en la casa, en el campo, en el bosque, en el agua o en la Iglesia.’ Acto seguido para que no fuera a escapársele nada de la maldición, Abad y Queipo invocaba ’Sea maldito en vida y muerte. Sea maldito en todas las facultades de su cuerpo. Sea maldito comiendo y bebiendo, hambriento, sediento, ayunando, durmiendo, sentado parado, trabajando o descansando y sangrando…’ Después, seguía maldiciendo cada uno de los órganos del cuerpo de Hidalgo hasta finalizar mencionando que todo eso le sucediera, ’…a menos que se arrepienta y haga penitencia.’ Ni quien pueda dudarlo, la piedad cristiana en todo su esplendor. Pero aun faltaba el epilogo, una vez que Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez fueron ejecutados, pleno de fervor religioso y seguro de obtener un titipuchal de indulgencias, Félix María Calleja del Rey, Conde de Calderón, ordenó que, junto a la exhibición de las cabezas de los cuatro citados, ’en letras grandes y al óleo, se pusiera la inscripción ’las cabezas de [los nombres de los independentistas] insignes facinerosos, y primeros caudillos de la ynsurreccion que robaron bienes del culto de Dios y el real erario. Saquearon y arruinaron las casas y haciendas, derramaron con la mayor atrocidad la inocente sangre de sacerdotes fieles y magistrados justos, de sus conciudadanos, amigos y parientes; arrojaron, por las calles y por los campos, desnudos, insepultos, y para pasto de las fieras, los venerables cadáveres de aquellas victimas de su furor; ahuyentaron a los prelados de sus yglesias; rebelaron contra legitimas potestades, divina y humana, para sustituir la impiedad, desolación y anarquía. Aquí clavadas por mandado del señor general Don Félix María Calleja del Rey, ylustre vencedor de Aculco, Guanajuato y Calderón y restaurador de la América.

Serán el testimonio de la justicia y el escarmiento de los impíos, traidores, rebeldes ladrones y asesinos.’ Ni quien lo dude, Abad y Calleja eran dignos defensores del negocio, perdón de la fe.

En esa forma concluía la primera etapa de ’…la… insurrección [que] tuvo principio en el expresado pueblo [Dolores Hidalgo, Guanajuato] el día diez y seis de septiembre próximo pasado como a las cinco de la mañana, [cuyos] principales motores de ella fueron el que declara [ Hidalgo] y Don Ignacio Allende…’ Así lo dejó Hidalgo asentado el 7 de mayo de 1811 durante su proceso militar efectuado en la ciudad de Chihuahua. Simplemente para recordar la historia a quienes de pronto olvidan algunos pasajes en medio de la luz cegadora que el éxito genera. vimarisch53@hotmail.com

Añadido (1) Estamos ciertos de que, a usted, lector amable, aun le sobrará fervor patrio para entonces. Por ello, lo invitamos para que este martes 18 de septiembre a las seis de la tarde, se dé una vuelta por Francisco Y. Madero No. 1 en San Ángel, CDMX, sitio en donde se ubican las instalaciones del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). En ese lugar, habremos de ofrecer una charla sobre un tema que usted, sin duda, conoce, ’Las Conferencias de Bucareli.’ ¿Pero qué tal si lo que nos han narrado no se apega a lo acontecido hace 95 años? Esperamos verlo por ahí para comentarlo.

Añadido (2) El CEO de la trasnacional más antigua no encuentra como resolver la revuelta que vive la empresa. La epidemia generada por las alteraciones hormonales de un número significativo de los representantes en diversos puntos de venta ha provocado un enfrentamiento interno que cimbra el negocio. Ante la urgencia del problema, el CEO convocó a sus empleados a una reunión a realizarse dentro de cinco meses. En ella, se discutirá como resolver el asunto. Así que quienes aquí lo buscan para que los asesore acerca de cómo lograr la paz, ya tienen la primera lección a la mano basada en la máxima del filósofo poblano, Antonio Espino Mora, ’Momento. La cosa es calmada...’

Añadido (3) Ante las acusaciones, el gobierno español emitió un comunicado aceptando que quien lo preside, Pedro Sánchez, al elaborar su tesis doctoral solamente plagió el 13 por ciento de su contenido y eso es aceptable!!! O como diría aquel, ’que tanto es tantito,’ íbamos a escribir otra cosa, pero…

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