¡Cosas Veredes, Chonito!

Honradez

Mario Andrés Campa Landeros

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Cultura

Septiembre 10, 2018 09:46 hrs.
Cultura Nacional › México Ciudad de México
Mario Andrés Campa Landeros › diarioalmomento.com

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¡Cosas Veredes, Chonito!

Honradez

Mario Andrés Campa Landeros

La simple rectitud de propósitos en un hombre es un bien en su carrera.
El carácter es una propiedad.

Ningún hombre, dijo una vez el inglés Benjamin Rudyard, está obligado a ser rico o grande, no, ni a ser sabio; pero todo hombre está obligado a ser honrado. Sus miras deben ser no solamente honradas, sino también inspiradas por principios sólidos, y seguidas, sin apartarse jamás, de la verdad, de la integridad y rectitud. Sin principios, un hombre es como un buque sin timón y sin brújula, abandonado para ser impelido de aquí para allá, por cualquier viento que sople. Es como uno que no tuviera ni ley, ni regla, ni orden, ni gobierno.
El carácter es el más noble de todos los bienes; es un hecho a la aprobación general, y al respeto de los hombres. Aquellos que busquen ahí el verdadero bien, no llegarán quizá nunca a las riquezas de este mundo, pero encontrarán su recompensa en la estimación y en la reputación que habrán adquirido honrosamente.
Los principios morales, dice Hume, son de naturaleza social universal. Forman en cierto modo el partido de la especie humana contra el vicio y el desorden, que son sus enemigos comunes.
Un día, Epicteto recibió a un célebre orador que se dirigía a Roma para un proceso, y quiso saber del estoico algo de su filosofía. Epicteto recibió fríamente a su visitante, no creyendo en su sinceridad, le dijo:
’No haréis más que criticar mi estilo y no trataréis de retener mis principios’.
-Pero, replicó el orador, si yo adoptara vuestras ideas, no sería más que un pobre miserable como vos, sin vajilla de plata, sin trenes, sin tierra.
-Yo no tengo necesidad de todas esas cosas, respondió Epicteto, y además, vos sois más pobre que yo, después de todo. Ser amo o no serlo, ¿qué me importa? A vos sí, os importa. Soy más rico que vos. No me ocupo de lo que César piensa de mí. No adulo a persona alguna; esto es lo que poseo.
Y añadió:
Vos tenéis vajilla de plata, pero vuestras razones, vuestros principios y vuestros apetitos son de barro. Mi espíritu para mí es un reino, y me procura abundantes y agradables ocupaciones, mientras que vos no tenéis sino una pereza sin descanso. Todas vuestras posesiones os parecen pequeñas, las mías me parecen grandes. Vuestro deseo es insaciable, el mío está satisfecho.
El talento no es raro en el mundo, ni aún el genio.
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