Kafkiana, calificación de los Ratones Verdes a octavos de final


El Tri enfrentará a Brasil el próximo lunes


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Junio 28, 2018 22:03 hrs.
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Jesús Yáñez Orozco › diarioalmomento.com

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+Pese a que perdió 0-3 ante Suecia

+Goles de Corea de Sur, y atajadas de su portero, artífices del surrealista pase mexicano

+ Lloró el balón a los pies de tricolores

Ciudad de México, (Balón Cuadrado).-Hay quienes afirman que si Franz Kafka estuviera vivo, habitaría en México. El surrealismo que caracteriza a esta nación sería fuente inagotable de su creación literaria. El futbol no es la excepción. Hoy se confirmó. Quién sabe si gustara del balompie. Pero, podría ser cronista de los Ratones Verdes que hoy sufrieron lo indecible contra Suecia. Están, ya, empero, en octavos de final de Rusia.

Tri llegó ahí tras la victoria 1-0 sobre, Alemania –campeona en ese momento–, el 2-1 a Corea del Sur, y pese a la goleada 0-3, esta tarde, ante Suecia –que también pasa– a la siguiente ronda, emuló a Gregorio Samsa –personaje central de la célebre Metamorfosis– que un día despierta convertido en una especie de insecto –escarabajo–.

Fue pequeño, insignificante, todo el partido

Sin embargo, en las surrealistas veleidades que tiene este deporte, México calificó de panzazo, insólito, gracias al triunfo 2-0 de coreanos sobre el cuadro germano, al término de la fase del Grupo F de Rusia 2018.

Que se recuerde, México nunca –en su historia de 17 ediciones mundialistas– había sufrido tanto para conseguir el boleto a la fase siguiente. Ahora enfrentará al pentacampeón, Brasil. El partido se jugará el lunes próximo a las 9:00 horas locales.

Los escandinavos repitieron así el 3-0 a la llamada Decepción Nacional, de la Copa del Mundo de Suecia 1958, en el único choque entre ambos países en una edición de la máxima fiesta del balompié.

Con los tres clavos suecos en su ataúd, los pupilos de Juan Carlos Osorio, esperaban como expectantes estatuas de sal, sobre el césped, al término del encuentro entre alemanes y coreanos, mientras que en las gradas, los aficionados de ambos equipos estaban absortos, en espera del resultado definitivo de ese juego.

Sobre todo porque goles ambos cayeron en los estertores del partido, después del minuto 90 donde fue determinante el VAR.

La ‘Mannshaft’ quedó fuera de la competencia, por primera vez en su historia, gracias a un gol en el tiempo agregado que validó la repetición –luego de que en un principio se marcara un fuera de juego–, y otro tanto tras un error de Manuel Neuer al 97.

Curioso que el verdadero héroe mexicano no estuvo en la cancha de Ekaterimburgo. Sus 35 mil 696 aficionados, incluida la hinchada sueca, estaban expectantes del resultado en sus móviles, en la Arena Kazan, de esa ciudad rusa, a más de 900 kilómetros de distancia.

Con el 3-0 en favor de los suecos, en las gradas, los aficionados oteaban sus móviles el juego lejano.

Y fue el portero Cho Hyun-Woo quien, como personaje de Kafka, salvó a su equipo de los letales embates alemanes. Tuvo una destacada, más bien sublime, actuación bajo los tres palos. Acciones que sublimaron a sus compañeros para superar a los panzer germanos que fueron de juguete a los largo del torneo.

Esta tarde, la oncena mexicana se miró al espejo de cómo se vio la escuadra alemana, el día que la venció, el 17 de junio, con un magistral, impensable, juego de conjunto e individual. Porque hoy, sus jugadores se sintieron en los zapatos de los germanos porque se vieron avasallados los 90 minutos por Suecia. Esta vez fueron antítesis no escrita de aquél juego.

No ataron ni desataron.

Fueron, literal, inconmensurables Ratones Verdes.

Hay dioses del estadio que suelen ser injustos. Pese a todo, el Tri, no hay otra explicación, salió con el trébol de cuatro hojas. Calificó de churro, como se dice popularmente.

Durante los 90 minutos, el juego se caracterizó por su rispidez. Mucho despliegue físico y poco futbol. La escuadra tricolor se desdibujó a lo largo y ancho de la cancha. Carlos Vela, cerebro del equipo, fue un fantasmal personaje hamletiano sin guión. Pocas veces tuvo el balón en sus pies. Nunca hiló fino. En consecuencia el ataque verde fue magro, nimio; hoja al viento.

Deslucido estuvo México todo el juego por la marca férrea del rival. No hubo espacios para crear y recrear su juego. La desesperación e incertidumbre se esculpió en los rostros, contrito, graníticos, de sus jugadores. A diferencia del juego contra Alemania, no hubo sonrisas de sandía.

Esta vez nunca tuvo la manija del juego.

Guillermo Ochoa, el guardameta, tenía dibujada en la cara el mismo desamparo como cuando fue goleado 7-0 por Chile, hace dos años en Copa América. Gracias a sus atajadas, tres cuando menos, esta vez, el resultado no fue otro escándalo. Temió que se le viniera, de nuevo, el mundo encima.

El ataque sueco, por lo general, fue por alto, aunque no le rindió frutos. Intentó sacar ventaja de la estatura de sus jugadores. Hoy demostró por qué fue el verdugo de la siempre poderosa Italia, a la que eliminó de Rusia.

El técnico del cuadro mexicano, Juan Carlos Osorio, la expresión desencajada, a la orilla de la cancha, gritaba, desaforado, a sus desatinados jugadores. Daba nerviosos sorbitos de agua de una botella. Antes de terminar el primer tiempo se antojaba la salida de Vela. Pero, inexplicablemente, lo sostuvo.

Nadie osó echarse a cuesta al equipo. Ni Hirving Chucky Lozano, Andrés Guardado. Miguel Layún… Héctor Herrera, sólo y su alma, lograba algunas pinceladas futboleras. Únicamente eran suspiros esféricos. Más por esfuerzo propio que producto del juego de conjunto.

El balón lloraba a los pies de los 11 mexicanos. Nadie sacó un pañuelo.

De las tres anotaciones, dos fueron más fortuitas de lo que suelen ser. Un penalti inexistente que cobró el capitán Andreas Granqvist, y el primero de Ludwig Augustinsson, a bocajarro, y un tercero, autogol de Edson Álvarez, que lloraba desconsolado, cual plañidera, al término del encuentro por la pifia.

Al final del primer tiempo los rostros de la oncena del Tri, rumbo al vestidor, denotaban que no hallaban cuadratura al círculo. No se miran cómodos como en la victoria sobre Alemania. Acusaban desazón.

El segundo tiempo fueron variaciones sobre la misma mediocridad. Por más que lo intentaron recuperar, los mexicanos perdieron el equilibrio mental que mostraron los dos juegos anteriores. En particular contra Alemania.

Fue una calca de la primera mitad, con el valor agregado del cardiaco final, por el resultado entre Corea del Sur y Alemania.

México consiguió, así, su séptima clasificación consecutiva a segunda ronda en copas del mundo: Estados Unidos 1994 (con Miguel Mejía Barón como técnico), Francia 1998 (Manuel Lapuente), Corea del Sur-Japón 2002 (Javier Aguirre), Alemania 2006 (el argentino Ricardo Antonio Lavolpe), Sudáfrica 2010 (Javier Aguirre) y Brasil 2014 (Miguel Herrera).

Seguro Franz Kafka, esta vez, estará muerto de risa en su ataúd tras la derrota mexicana y cómo logró su clasificación.

Fueron escarabajos, no roedores.

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