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Octubre 23, 2019 23:10 hrs.

Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

Entretenimiento Nacional › México Ciudad de México


Recibir respuesta a nuestros recuerdos, es un estímulo al pasado, casi inmediato.
Ello nos permite reproducirlas, con especial orgullo.
Hablan todos de Chiconcuac, del Estado de Morelos y sus manantiales.
No Chinconcuac, con dos ’n’ del estado de México, donde venden ropa, a la mejor esa sí china, con la que la doctora Rosa Chávez Cárdenas confunde: ’Me han dicho que en Chinconcuac, casi todas las tiendas pertenecen a chinos ¿has escuchado algo de eso?
Nunca. El comercio es de productos autóctonos. Y la mayoría propiedad de gente del lugar.
Del doctor en economía, licenciado en periodismo y alto funcionario del respetado y respetable Club Primera Plana, don Virgilio Arias Ramirez:
Precioso relato Maestro Carlos: porque los recuerdos nos devuelven la vida, las vivencias idas son gotas de perfume que oxigenan nuestros sentidos, y la conciencia adormecida.
Su servidor y mi familia, también vivimos algo similar los fines de semana, en el pequeño valle de Coahuixtla, próxima a la colindancia con Guerrero, cerca de una presa, donde cosechábamos maíz, maracuyá, limón, toronja, mango, nanche, etcétera.; la huerta la cruzaba un pequeño arroyo aún limpio.
A las faldas de las lomas cercanas íbamos con mis hijos a buscar ilamas, en Chiapas le llamamos papausa; pero ese bello rincón de Morelos los dejamos de ver hace unos ocho años, cuando se dieron los primeros secuestros por esos rumbos.
Todos en la familia añoramos esos días que pasábamos en la alberca, asar elotes, o comer, cecina, o caldos de gallina de patio y tortillas hechas a mano.
Maestro así es la vida, bien sabemos que nada es eterno, ahora nos llenamos el corazón. Añoramos las horas llenas de risa y dulzuras que nos brindó la fortuna en otros tiempos.
Reciba mi abrazo fraternal.
De José Antonio Aspiros Villagómez
En el camino entre la casa de Tetecalita de nuestro amigo Dr. y el pueblo de Chiconcuac, hay una barda interminable que Octavio me comentó que era "la casa de Pedro Ferriz".
Del bueno, se entiende, quien ya falleció.
Yo desconocía esa inmensa propiedad suya hasta con un lago en su interior; sólo estuve donde tenía un búngalo en Acapulco y en su casota del Pedregal.
Pero de regreso a lo de Chiconcuac, además de sus ilustres habitantes y magníficos anfitriones, tiene la virtud de que "importa" cecina de la cercana Yecapixtla (también la traen a San Juan del Río) y es una delicia comerla junto con otros manjares frente a la terminal de autobuses.
No envidio los maracuyás y demás, sino las noches que me imagino límpidas y propicias para que Anita –haga madrina de Octavio-- saque su telescopio y redescubra las estrellas como yo lo hice en mi infancia en Tacubaya, un lugar hoy con su cielo lleno de natas contaminantes.
En mi pueblo actual – San Juan del Río, Querétaro--también hay algunas noches medio propicias, pero me falta el telescopio.
Saludos.
Del ingeniero Alejandro Gómez Cobián.
Chiconcuac...recuerdos de mi infancia feliz; un paraíso escondido que mis padrinos descubrieron y me convidaron.
Al día, guardo gratas imágenes del lugar, de nuestras aventuras y de esa sensación de libertad y bienestar que no he vuelto a experimentar.
Un bello entorno natural casi virginal en esos años; ´pero más que nada, la gente que me rodeaba es lo que más valencia tiene en mi memoria: sentirme querido por mis seres queridos...
Cuanto te agradezco todo lo que me diste y que ha complementado la belleza de vivir.
Siento la tutela como cuando tus hijos y yo éramos libres. Gracias a tu protección, nos sentíamos dueños de nuestros actos y tú nos dejabas creerlo.
Padrinos Bety y Carlos: gracias por Chiconcuac; es un remanso de paz en mis momentos aciagos, porque los bellos recuerdos, son el paraíso de donde ya nadie puede expulsarte.
Te quiere el Pollo,--así le decimos aún, por seguir muy robusto-- su ahijado.
craveloygalindo@gmail.com

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