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Marzo 07, 2019 23:09 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


Cuando México entró a la OCDE fue con la intención de comprobar que la economía mexicana entraba a las grandes ligas. Desde el 18 de mayo de 1994, en pleno salinato, la organización se ha dedicado a tratar de orientar encausar, dirigir, pero sobre todo a regañar a los gobiernos mexicanos en materia de educación, economía, finanzas, etc.

OCDE es una especie de mensajera de los grandes bancos para dictar lineamientos de toda índole a los países miembros. No se trata de un club de economía de élite como quiso, en su momento, considerar Carlos Salinas de Gortari, al contrario es un grupo de países que se afilia ante la soledad que pueden arrojar ser amigos de Estados Unidos y no pueden menos que tratar de agruparse sin lograr contrapeso sino complicidades.

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos no ha aportado nada a México desde que Salinas introdujo a México con calzador a la organización, que cuenta actualmente sólo con 34 países.

Es decir, hay asesorías, cursos, diplomados, cabildeos, etc. Como ventajas para los países que la integran, pero todo está encaminado hacia la sumisión de la banca internacional.

A partir de que encabeza dicha agrupación el salinista José Ángel Gurría, la OCDE se ha convertido en una suerte de faro de luz para los salinistas y de paso para los presidente de México.

Desde esa perspectiva por demás parcial, el tamaulipeco, ex director general de Nafinsa con Salinas y ex secretario de Hacienda con Ernesto Zedillo, bajó, en nombre de su organización, a 2% su pronóstico del Producto Interno Bruto, para 2019, desde el 2.5% que proyectó en noviembre del año pasado. Y para 2020 también bajó su estimación a 2.3% desde el previo de 2.8%.

Gurría Treviño se ha eternizado en el cargo de secretario general de la OCDE, desde junio de 2006, lo que quiere decir que hace mejor trabajo como mercenario de finanzas que como mexicano, de otra manera lo hubieran sacado los principales socios que son Estados Unidos y Canadá. De los 25 años que tiene México en la organización, 13 años ha dictado sus directrices bajo la dirección de Gurría.

Seguramente la OCDE seguirá creciendo en cuanto a su número de miembros hasta declararse una organización política, que en esencia eso es. Una especie de hija de la OEA, pero con ramificaciones en todo el mundo.

La OCDE es un club de amigos, que se fortalece con las consignas de los gobiernos sumisos y los gobernantes ingenuos para presionar y encausar las políticas hacia los intereses de los poderosos. Descalificar el crecimiento del país es una expresión natural en organizaciones de esa índole.

De esta manera es como se crean los organismos internacionales injerencistas al estilo del Grupo de Lima, en la OCDE vemos la génesis de una tendencia conservadora de la economía que tratará de imponer sus criterios y condicionar préstamos, o avales o simples calificaciones a cambio de anuncios como el que hizo respecto al crecimiento económico de México.

Seguirán surgiendo grupos, encabezados por hombres como Gurría que no puede considerarse mexicano pero sí un ciudadano universal del conservadurismo trasnochado e injerencista.

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