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Septiembre 07, 2019 14:29 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


El Partido Acción Nacional, a través de sus más radicales líderes, Mariana Gómez del Campo, Fernando Rodríguez Doval y Riult Rivera, acudieron a la OEA para presentar una alerta democrática por la posición autoritaria adoptada por Morena para retener la Presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.


Sin embargo, a menos de 24 horas de que se fotografiaron en las puertas de la dependencia que maneja la Casa Blanca en México, Morena había soltado la Mesa directiva en favor del PAN, y seguramente debieron desechar dicha demanda, quedando en ridículo ante el organismo.


Ante la tardanza por elegir a la panista que ocupe la mesa directiva, los declarantes habían consideraron que la democracia que ahora defienden después de haberla maltratado con sus presidentes, al decir: ’Queremos que no pase desapercibido que a tan sólo un año de la llegada del gobierno de López Obrador, en México hemos visto con preocupación el debilitamiento de nuestra democracia’.


Acostumbrados a ver en la OEA una organización no sólo de derecha sino a las órdenes de la Casa Blanca, los panistas consideraron que podría ser su refugio como víctimas y su cuartel para reorganizarse primero como oposición y luego como contrapeso.


La OEA, según cuenta la historia, está más cerca del fascismo que la democracia; sin embargo la propaganda sigue pensando en que puede ser un agente imparcial en la armonía del mundo.


La OEA dice tener cuatro objetivos: fortalecer la democracia, defender los derechos humanos, coadyuvar a la seguridad e impulsar el desarrollo de los países miembros. Nada de eso lleva a cabo de manera sistemática o desinteresada. Sirve a los intereses de los patrocinadores de los huéspedes de la Casa Blanca.


Es por ello que el PAN necesita de esta alianza como puente a dar a conocer sus protestas en el extranjero.


Desde 1960, la OEA fue un instrumento agresivo contra la recién concluida Revolución Cubana, como lo ha sido contra el gobierno de Nicolás Maduro actualmente. En esos años, en San José de Costa Rica se llevó a cabo la reunión de la OEA, con el único fin de condenar a Cuba por su presunta exportación de la Revolución a la región.


En esa época el compositor Carlos Puebla, y su grupo Los Tradicionales, da a conocer la canción ’La OEA es cosa de risa’, que cuestionaba la verdadera intención de esa organización supuestamente imparcial y justa. Es decir hace 59 años.


Recientemente, la OEA aprobó una resolución que pide la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a Venezuela. La solicitud fue hecha por el supuesto líder de la Asamblea, autodenominado presidente de ese país Juan Guaidó.

A pesar de que esto representa un acto ilícito, la OEA no sólo reconoce ese nombramiento espurio sin que actúa en seguimiento a la petición del disidente.


La embajadora de México, quien a pesar de expresar la preocupación por el informe de la Alta Comisión de los Derechos Humanos, dijo que la aprobación de esta resolución pondría en entredicho la razón de ser de la OEA, ya que es un tema político, y que insisten en una solución diplomática a la crisis en Venezuela.


El embajador de Nicaragua ante el organismo, conocedor de la verdadera esencia de la OEA, manifestó su apoyo al gobierno de Venezuela. Dentro de este mismo paquete reaccionario de derecha el organismo nombró a cinco miembros que integran una comisión que llevará a cabo ’esfuerzos diplomáticos a los más altos niveles’ para buscar ’una solución pacífica y efectiva’ a la crisis en Nicaragua, cuando en realidad haya crisis o no en ese país, es responsabilidad de su gobierno y no puede haber extranjeros investigando en su territorio.


Meses antes, Carlos Trujillo, subsecretario para asuntos de América señaló: "Es hora de reconocer que el gobierno de Nicaragua está violando todos los principios de la carta democrática de la OEA’.


Esa es la OEA a la que acude el PAN en México, una especie de dependencia de Estado al servicio de la Casa Blanca, que defiende los intereses de Estados Unidos.

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