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Octubre 30, 2019 06:00 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Entretenimiento Nacional › México Ciudad de México


La oposición quiere que todas las promesas de campaña sean cumplidas de inmediato. Quiere señales no sólo de que se cumplirán rápido sino que presionan para que la política cambie de rumbo.

Por otra parte, los mexicanos que están del otro lado también se preguntan cómo sería el México de hoy si la oposición dejara gobernar al ganador en las urnas.

La oposición duerme con un ojo, pero nunca ve hacia adentro, desconoce todavía el recuento de daños que dejó la derrota electoral, pero quiere contagiar del desastre al ganador, como si se tratara de una epidemia de mala suerte. Sólo sabe que está en guerra.

La oposición perdió que es un resultado autónomo y el partido en el poder ganó, que es otra contabilidad, juntos dieron una victoria.

Pero nadie quiere admitir su derrota sino que adjudica todo lo que sucedió en las urnas a factores subjetivos que le impiden reconocer que la derrota electoral los dejó en ruinas. Por ello las ruinas quieren que lleguen también al gobierno y que alcancen a deteriorar la imagen de todo lo que tiene que ver con la Cuarta Transformación.

Es decir, la oposición no gobierna sino que ataca para no permitir gobernar. Ya que ellos no pueden gobernar nadie podrá hacerlo libremente, lo cual acusa una irresponsabilidad que se asocia en el pensamiento de la población con las razones de la victoria de Morena y la derrota de la oposición, factores que confluyeron para arrojar la realidad política que se vive en el país.

Más allá de estas condiciones la sistemática acción de impedir gobernar empieza a deteriora a la oposición sin que el capital político del actual régimen padezca daños en su imagen. Lo único que logran es que el PAN, el PRI y el PRD se ubican por elección propia, en la derecha. No sólo por sus acciones antipopulares cuando fueron gobierno sino que saben que deben estar juntos y del mismo lado para poder intentar un contrapeso.

Sin embargo, esta ubicación ideológica los coloca precisamente en el mismo lado que a Juan Manuel Piñeira, que Jair Bolsonaro, que Iván Duque Márquez, que actualmente carecen de consenso popular. Es precisamente la derecha la que al obedecer los designios de Estados Unidos se echa encima al pueblo. Para eso quieren el poder, para darles más a quienes más tienen y, de paso, llevarse una rebanada de poder y de dinero.

Más de un partido de los arriba mencionados se unirá a la petición de repetir las elecciones en Bolivia y no porque haya habido fraude sino porque ganó Evo Morales, cuya política les estorba para seguir haciendo negocios. La derecha se va quedando en el pasado, tuvo su participación vergonzosa en la historia de América Latina, parte del continente que no puede ser gobernada por la derecha porque esa misma derecha colocó a la mayoría de sus habitantes en la miseria.

No puede avanzar más el beneficio de unos pocos ante la pobreza d ela mayoría que es lo que ahora hace Piñeira, Duque y Bolsonaro con las consecuencias que podemos ver en los medios.

La geografía ideológica, la geometría política resurge ante la necedad de una derecha que siente que América Latina se leva de las manos. Pero votar por ellos significa masoquismo y persistir por rescatar el poder es saña.

Todavía no conocen que en la historia puede haber revoluciones democráticas, pacíficas, son impulsores de la muerte, de la sangre, de la violencia. Es evidente que la derecha en el continente vota por la agresión hasta sus últimas consecuencias. La violencia es el signo del liberalismo.

Lo que sucede en Bolivia es algo similar de lo que sucede en México, allá es la violencia, el pleito por el cobre, los intereses de Estados Unidos a través de gobiernos títeres, proclives a los intereses que representa ese país. Aquí, la derecha también está en guerra, su campo de batalla son los medios. Por desgracia.

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