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Febrero 20, 2019 22:03 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


La UNAM se caracteriza por estar fuera de cualquier partido político, más aún su rector. Juan Manuel de la Fuente, muy amigo del actual rector y del propio Narro, se cuidó excesivamente de ser relacionado con cualquier organización política.

De la Fuente rechazó más de un cargo que pudiera identificarlo con alguna bandera o partido; sin embargo, esta delicada tarea, digna de un universitario, la descuida Narra desde los últimos meses del gobierno de Enrique Peña Nieto, de cuyo gabinete formó parte inexplicablemente y para decepción de muchos universitarios.

La UNAM siempre fue considerada fuera del mundo de la política y mientras más podredumbre emergía de las actividades políticas mejor se consideraba el prestigio de la Máxima Casa de estudios. Semillero de profesionales que en su momento dotó de presidentes de la república, cuando la discreción en las corruptelas formaba parte dela disciplina institucional.

Ahora, frente al descaro y el cinismo de los priístas, que día tras día segrega lodo de las estructuras de sus gobiernos y de la arquitectura ideológica de su partido, la UNAM debe estar cada vez más cerca.

Sin embargo, personajes de tibia fortaleza y de blandengue dignidad, como José Narro Robles, quien nunca pensó un solo segundo antes de aceptar ser secretario de salud de uno de las administraciones púbicas más corruptas de la historia del país.

Ahora, ante la posibilidad de llenarse de orgullo dentro de esa podredumbre le ex rector, intentan luchar por lo que queda de la presidencia del CEN del PRI, que sabemos que se trata de un cargo donde el que manda no es el que parece sino el que se esconde.

Ese poder tras el trono en el PRI convertirá a su próximo presidente nacional en un títere, que ungido por años como universitario distinguido, lo cual representaría un agravio a la UNAM.

Desde luego que la Universidad no es un ejemplo de transparencia financiera ni de pureza y honestidad, pero se trata de la mejor universidad de América Latina y de las mejores del mundo, simplemente por esto el ex rector debería resignarse a abandonar definitivamente los reflectores que le otorgaron en ocasiones algún prestigio como universitario y como ser humano para dejar que el vehículo partidista se hunda con el lastre de la corrupción y deje de aferrarse a tablas de náufrago que manchan a la Máxima Casa de Estudios

Se sabe que el operador de Narro Robles para alcanzar la nada envidiable cúpula, es David Penchyna, el ex director del Infonavit, quien cobraba en ese cargo 700 mil pesos al mes.

La capacidad negociadora de Penchyna, a pesar de su rostro adusto, evitó en años anteriores, enfrentamientos entre el grupo de Osorio Chong y los itamitas comandados por el presidente sin nombramiento Luis Videgaray.

Narro sabe que en el PRI hace falta alguien sin grupos, sin capillas, sin equipo, sin vergüenza. Desde luego que Narro limpiaría la imagen del PRI, pero se ensuciaría el prestigio de la UNAM, que podría de ahora en adelante convertirse en lo que fue en los años cincuenta del siglo pasado: en un trampolín político.-

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