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Agosto 11, 2019 09:06 hrs.

Alejandro Cea › diarioalmomento.com

Cultura Nacional › México Ciudad de México


CICERON.- De Senectute

Marco Tulio Cicerón defendió y dio testimonio de los últimos momentos de la República Romana. Por su obra heredamos lo mejor del pensar y del hablar de Roma. De entre ella destaca su De Senectute, su Diálogo sobre la Vejez. Difícilmente se encontrará un testimonio de tal sabiduría para enfrentar a la más importante de las consecuencias de la vida: a la vejez.

De la traducción hecha por Jesús Pimentel y editada por la UNAM, se presentan algunos párrafos acompañados de pequeñas líneas para ligarlos entre si y comprenderlos mejor.

Al final algunas preguntas que pueden ayudar a recordar y aprovechar la sabiduría de este pensador.


Para aliviarse de la carga de la vejez nada mejor que la reflexión…que la filosofía.
En efecto, de esta carga de la vejez, que me es común contigo, la cual ya nos oprime o ciertamente no cesa de acercarse, quiero que tanto tú como también yo mismo seamos aliviados; aunque sé de cierto que en verdad la sobrellevas y la sobrellevarás con paciencia y sabiduría, como todas la cosas.

A mí en verdad me fue tan agradable la composición de este libro, que no sólo me disipó todas las molestias de la vejez, sino que también me hizo dulce y agradable la vejez. Nunca, pues, podrá ser bastante dignamente alabada la filosofía, pues quien la obedece puede pasar sin molestia toda la etapa de su existencia.

En efecto, para quienes no tienen en sí mismos recurso alguno para vivir bien y dichosamente, toda edad es pesada. Más quienes buscan todos los bienes en sí mismos, a éstos no puede parecerles malo nada que aporte la necesidad de la naturaleza.


¿Por qué quejarse de la vejez?
A la vejez, todos desean alcanzarla y, una vez que la alcanzan, la acusan de todos los males. ¡Tan grande es la incoherencia y la depravación de la necesidad! Dicen que ella los sorprende más pronto de lo que habían pensado. En primer lugar ¿Quién los forzó a pensar en una falsedad? ¿Por qué, en efecto, la vejez sorprende a la juventud más pronto que la juventud a la niñez? En segundo lugar, ¿Por qué sería menos pesada para ellos la vejez si vivieran ochocientos años, que si vivieran ochenta? En efecto, habiéndose desvanecido el tiempo pretérito, por largo que sea, ningún consuelo podría calmar a una vejez necia.

Yo, Cicerón soy famoso y sé que ustedes me consideran sabio ¡que ojala mi vida fuera digna de sus opiniones! Soy sabio únicamente: en que sigo como a un dios la naturaleza, óptima guía, y la obedezco, pues no es verosímil que, habiendo ella distribuido bien las otras etapas de la existencia, haya descuidado el último acto, como un poeta falto de arte.


Las quejas principales son por la falta de placeres y por la soledad. La virtud vence estos daños.

En efecto, muchas veces asistí a las quejas de los de mi edad –mas, según el antiguo proverbio, ora porque carecían de placeres, sin los cuales pensaban que la vida es nula, ora porque eran desdeñados por aquellos que habían solido respetarlos.

Las armas absolutamente más aptas de la vejez son las artes y la práctica de las virtudes que, cultivadas en toda edad, cuando se ha vivido larga e intensamente, dan maravillosos frutos. Las virtudes nunca nos abandonan, ni siquiera en el último momento de la vida. Además la conciencia de la vida bien llevada y el recuerdo de muchas buenas obras son muy agradables.


Una buena vejez se prepara desde antes
De una existencia llevada tranquila, pura y honorablemente es plácida y dulce la vejez, como hemos sabido que fue la de Platón, quien murió escribiendo a los ochenta y uno años de edad; como la de Isócrates, quien dice que escribió el libro que se intitula Panatenaico a los noventa y cuatro años, y vivió después cinco más; cuyo maestro Gorgias de Leontini cumplió ciento siete años y nunca cesó en su estudio y trabajo; el cual, como se le preguntara por qué quería estar en la vida tan largo tiempo, dijo: ’No tengo nada de que acusar a la vejez.’ ¡Preclara respuesta y digna de un hombre docto!


En la vejez hay grandes riquezas que deben descubrirse.
Cuando reflexiono, hallo las causas por las que parece miserable la vejez la primera, porque apartaría de administrar los negocios; la segunda, porque haría más débil al cuerpo; porque estaría no lejos de la muerte. Veamos, si os place, cuán importante y cuán justa es cada una de estas causas.

Las grandes acciones no se ejecutan con las fuerzas o la agilidad o celeridad de los cuerpos, sino con la sabiduría, con la autoridad, con el pensamiento; cosas de las cuales ordinariamente no sólo no está privada la vejez, sino que inclusive se enriquece con ellas.

Permanecen los ingenios en los viejos, si es que permanece su dedicación e industria, y no sólo en los varones ilustres e investidos de cargos públicos, sino también en la vida privada y quieta.

En efecto, al igual que los sabios viejos se deleitan con los jóvenes dotados de buena índole, y se hace más leve la vejez de aquellos que son tratados y apreciados por la juventud, así los jóvenes se gozan con los preceptos de los viejos, con los cuales son conducidos al gusto por las virtudes; y tengo entendido que yo no le soy a ustedes menos agradable que ustedes a mí.

La vejez no sólo no es lánguida ni inerte, sino que inclusive es laboriosa y siempre hace y emprende alguna cosa, tan naturalmente, cual fue la tendencia de cada quien en la etapa anterior de tu vida.

Y ni siquiera ahora echo de menos las fuerzas del joven –éste era, en efecto, el segundo punto sobre los defectos de la vejez-, no más que, siendo joven, echaba de menos las del toro o las del elefante.


El lenguaje y la relación con el viejo son un gran don
Mas sin embargo, el lenguaje sereno y pausado del viejo es decoroso, y el discurso cuidado y suave de un viejo elocuente se hace escuchar por sí mismo.

Yo, por mi parte, menos quisiera ser viejo largo tiempo que ser viejo antes de serlo. Y así, nadie hasta ahora ha querido visitarme, para el cual haya estado ocupado.


La vejez como todas las etapas de la vida tiene frutos que ofrecer
Hay un curso determinado de la existencia y un camino de la naturaleza, y además simple, y a cada periodo de la existencia le ha sido dado un carácter propio, de manera que tanto la debilidad de los niños como el ímpetu de los jóvenes y la gravedad de la edad ya adulta y la maduración de la vejez tienen algún fruto natural que a su tiempo debe recogerse.

En consecuencia, el ejercicio y la templanza pueden conservar, aun en la vejez, algo del vigor anterior.

Es cierto: no hay fuerzas en la vejez; pero tampoco se le exigen fuerzas a la vejez. En consecuencia, tanto por las leyes como por las costumbres, nuestra edad está dispensada de esas funciones que sin las fuerzas no pueden sostenerse. Y así, no sólo no somos forzados a hacer lo que no podemos, sino ni siquiera cuanto podemos.


Es bueno tener cuidados en la vejez y ser autónomos.
Es necesario tener cuidado de la salud, practicar ejercicios moderados, emplear sólo la comida y bebida necesarias para que se rehagan las fuerzas, no para que sean oprimidas. Y por cierto, no sólo se ha de auxiliar al cuerpo, sino mucho más a la mente y al alma, pues también estas cosas, a no ser que se les ponga aceite como a una lámpara, se extinguen con la vejez

En efecto, la vejez es honorable sólo si se defiende a sí misma, si mantiene sus derechos, si no está sujeta a nadie, si hasta el último aliento, domina sobre los suyos.


Estar consigo mismo es un gran bien….también estar con los amigos.
Las traiciones a la patria, los trastornos de la república, las inteligencias clandestinas con los enemigos; los crímenes y las malas acciones, son impulsados por el deseo de placer. Por cierto, los estupros y los adulterios u toda la infamia semejante no son provocados por otros atractivos sino por los del placer. Para el hombre nada más importante que la mente y, no debemos olvidar que nada es tan enemigo de este divino regalo y don como el placer.

El placer, en efecto, impide la reflexión, es enemigo de la razón, ofusca, por así decir, los ojos de la mente y no tiene relación alguna con la virtud.

Pero ya viejo, me deleito con los convivios prolongados, y no sólo con los de mi edad, de los cuales quedan muy pocos, sino también con los de ustedes. Por ese motivo tengo una enorme gratitud a la vejez, la cual me ha incrementado el deseo de la conversación y me ha quitado el de la bebida y comida.

Además, ¡de cuan grande valor es esto: que el alma, como teniendo ya cumplido el servicio a la sensualidad, a la ambición, a las rivalidades, a las enemistades y a todas las pasiones, esté consigo y, como se dice, consigo viva!

Y en verdad éstos son los gustos por la cultura, los cuales en los prudentes y bien formados crecen juntamente con la edad, de manera que es honorable aquello de Solón que, como dije antes, afirma en cierto verso: que él envejecía aprendiendo muchas cosas cada día. Ciertamente ningún placer puede ser mayor que éste del alma.


El goce del campo a nada se compara
Y por cierto las cosas del campo son agradables no sólo por las mieses y los prados y las viñas y arboledas, sino también por los jardines y huertas, así como por el apacentamiento de rebaños, los enjambres de abejas y la variedad de todas las flores. Y deleitan no sólo los plantíos, sino también los injertos, nada más ingenioso que lo cual descubrió la agricultura.

Cuando contemplo su quinta –pues no está lejos de la mía-, no puedo admirar como los samnitas le llevaron a Curio, que estaba sentado junto al hogar, una gran cantidad de oro, y los rechazó. Les dijo que no le parecía preclaro tener oro, sino imperar sobre aquellos que tenían oro. ¿Podía un alma tan grande no hacer agradable la vejez?

Lo diré brevemente: nada puede ser ni más rico en utilidad ni más adornado en su aspecto que un campo bien cultivado, para disfrutar del cual no sólo no estorba la vejez, sino que inclusive invita y atrae a ello. ¿Dónde, en efecto, puede esa edad o calentarse mejor, ya sea con la toma de sol, ya sea con el fuego, o por el contrario refrescarse más saludablemente con las sombras o las aguas?

Y nada de mayor orgullo que decir ante un jardín, ante un campo: yo medí todo eso; mías son las filas, mía la planeación, incluso muchos de esos árboles fueron plantados por mi mano.


La vejez no ofrece de por si autoridad
Ni los cabellos blancos ni las arrugas pueden procurarnos repentinamente la autoridad, sino que la etapa anterior de la existencia, empleada honorablemente, recoge los frutos de la autoridad al final.

Por consiguiente, ¿qué placeres del cuerpo son comparables con los premios de la autoridad? A mi parece que quienes los han utilizado espléndidamente, han representado hasta el final el drama de la vida y que no se derrumbaron, como malos actores, en el último acto.


La aspereza del carácter no es propia de la vejez
Se dice que los viejos son malhumorados y angustiados e iracundos e intratables; y, si lo indagamos, también avaros. Sin embargo, afirmo que estos estos defectos son de las costumbres, no de la vejez.

Así son las cosas: en efecto, al igual que no todo vino así no todo carácter se agria con el tiempo. En la vejez apruebo la severidad pero, como en otras cosas, la moderada; la aspereza, de ninguna manera.

Por lo demás, ¿quién es tan necio, por muy joven que sea, que esté seguro de que vivirá hasta la tarde? Más aún, aquella edad tiene muchas más ocasiones de muerte que la nuestra: los jóvenes caen más fácilmente en enfermedades, enferman más gravemente, más difícilmente se curan.


Se debe estar contento con el tiempo que se tiene
En efecto cuando éste llega, aquello que ha pasado se ha desvanecido; sólo permanece lo que se ha conseguido con la virtud y las buenas obras; ciertamente se van las horas y los días y los meses y los años, y jamás retorna el tiempo pasado y no puede saberse lo que sigue. Cada quien debe estar contento con el tiempo que se le da para vivir.

En efecto, ni el histrión, para agradar, necesita representar una obra hasta el final, con tal que sea aprobado en cualquier acto en que haya aparecido, ni lo sabios necesitan llegar hasta el ’Aplaudid’, pues un breve tiempo de existencia es bastante largo para vivir bien y honestamente; pero si llegare más lejos, no hay que dolerse más de lo que se duelen los agricultores de que, transcurrida la dulzura del tiempo primaveral, hayan llegado el verano y el otoño

En efecto, la primavera significa, por así decir, la juventud, y muestra los frutos futuros, mientras que las demás estaciones son apropiadas para cosechar y recoger los frutos.

Más el fruto de la vejez es, como he dicho a menudo, el recuerdo y la abundancia de los bienes antes adquiridos.


La muerte es fruto de la madurez.
Y así, me parece que los jóvenes mueren como cuando la fuerza de la flama es sofocada por una gran cantidad de agua, y los viejos como cuando el fuego se extingue, consumido espontáneamente sin ninguna fuerza empleada; y así como las frutas, si están verdes, son arrancadas de los árboles mediante la fuerza, y si están maduras y sazonadas se caen, así la fuerza quita la vida a los jóvenes, a los viejos la madurez, la cual ciertamente me es tan agradable, que cuanto más me acerco a la muerte, me parece como que veo tierra y que finalmente voy a llegar al puerto después de una larga navegación.

Esto significa lo que Solón respondió al tirano Pisístrato, pues se dice que al preguntarle éste en que cosa confiado le hacia resistencia tan audazmente, le respondió. ’En la vejez’. Pero el mejor final del vivir es cuando, estando íntegra la mente y seguros los sentidos, la propia naturaleza, la misma que le ha ensamblado, disuelve su obra.


Es tan inmensa y bella el alma humana que no puede ser mortal; seguiremos viviendo y viéndonos después-
Yo considero que sus padres: el tuyo, Escipión y el tuyo, Cayo Lelio, varones muy esclarecidos y muy amigos míos, viven, y ciertamente, esa vida que es la única que debe llamarse vida. En efecto, mientras estamos encerrados en estas estructuras del cuerpo, cumplimos una función impuesta por la necesidad, y una tarea pesada; pues el alma, celeste ha sido precipitada desde un altísimo domicilio y como hundida en la tierra, lugar contrario a su naturaleza divina y a su eternidad.

Estoy persuadido que siendo tan grande el recuerdo de las cosas pretéritas y la previsión de las futuras, tantas las artes, tantos los descubrimientos, no puede ser mortal esas sustancia que contiene tales cosas.
El alma como lo atestiguamos todos los días al decidir lo que vamos a realizar, es decir a ser libres no tiene algo que la mueva, que la dirija su movimiento porque se mueve a sí misma, tampoco tendrá un fin de su movimiento porque nunca ha de abandonarse ella misma y ya que la naturaleza del alma es simple y no tiene mezclado en ella nada extraño y diferente a ella, no puede ser dividida; y así no puede desaparecer

En verdad nunca pudo persuadírseme de que las almas viven mientras están en cuerpos mortales, y que mueren cuando salen de ellos, ni tampoco que el alma se hace ignorante en el momento en que se evade de un cuerpo ignorante, sino que, cuando liberada de la mezcla del cuerpo, comienza a ser pura e íntegra, entonces es sabia.

Ciertamente me dejo arrebatar por el deseo de ver a nuestros padres, a quienes honré y aprecié y ansío encontrarme no sólo con esos a quienes yo mismo conocí, sino también con aquellos de quienes oí hablar o yo mismo leí y escribí.

No me agrada, en efecto, deplorar la vida, cosa que muchos, doctos inclusive, hicieron a menudo, y no me pesa haber vivido, porque he vivido de tal manera que considero que no nací en vano, y me alejo de la vida como de una hospedería, no como de una casa, pues la naturaleza nos ha dado un albergue para hacer un alto, no para habitar en él.

ESTAS SON LAS PALABRAS DE CICERÓN. LA VEJEZ COMO MOMENTO DE LA VIDA: DE REPOSO, DE SABIDURÍA, DE ENCUENTRO CONSIGO.

LA VEJEZ COMO UN MOMENTO PREVIO PARA LA PERFECCIÓN DE CADA UNO: PARA EL ENCUENTRO CON LOS QUE QUISIMOS, PARA SER PUROS E INTEGROS.

LOS RIESGOS QUE EMPOBRECEN E IMPIDEN VIVIR EN PLENITUR SON: AÑORAR O QUERER SEGUIR SIENDO JÓVENES, OLVIDAR QUE ESTO SE ACABA, PENSAR QUE NO HAY NADA DESPUÉS.

PARA APROPIARNOS DEL TEXTO DE CICERÓN ALGUNAS PREGUNTAS:

¿ME ACEPTO COMO VIEJO? ¿COMPRENDO QUE YA SE ACABÓ EL TIEMPO DE LA JUVENTUD Y MADUREZ? ¿TRATO DE SEGUIR HACIENDO LO MISMO QUE ANTES O HE CAMBIADO DE ACTIVIDADES? ¿DISTINGO Y BUSCO A QUIENES ME OFRECEN SABIDURÍA, REFLEXIÓN O MANTENGO LAS RELACIONES PÚBLICAS QUE ME DIERON PODER O RIQUEZA?

¿ACEPTO LA SOLEDAD, ESTAR CONMIGO MISMO, REFLEXIONAR, ESTUDIAR? ¿BUSCO LA DIVERSIÓN COMO REMEDIO A MI SOLEDAD, O BUSCO LA SABIDURÍA? ¿COMO VIEJO QUE SOY, ACEPTO LOS CAMBIOS EN LOS DEMÁS, ADMIRO LO QUE OCURRE? ¿O ME OPONGO A TODO?

¿ACEPTO QUE MI VIDA SEGUIRÁ DESPUÉS DE LA MUERTE Y TENDRÉ UN ENCUENTRO CON EL AMOR? ¿CONSIDERO QUE ESTO SE ACABA DEFINITIVAMENTE?

¿QUÉ PIENSO DE LA FRASE: COMAMOS Y BEBAMOS QUE MAÑANA MORIREMOS? ¿QUÉ PIENSO DE LA FRASE: EN VERDAD TE DIGO QUE HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO? ¿CUAL DE LAS DOS ES LA VERDADERA?
aceaolivares@gmail.com

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