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Septiembre 21, 2019 12:14 hrs.

Jorge Herrera Valenzuela › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


¿Cuándo eras chiquito, qué programas veías en la tele?
La inocente pregunta de mi nieta Aura tuvo una inmediata contestación: ’no existía la televisión’.
La inquieta chiquita lanzó otra interrogante: ¿entonces, qué hacías?
La respuesta: ’oíamos la Dobleú, papá, mamá y mis hermanos’.
El diálogo que hace meses tuve con Aura, lo recordé el pasado miércoles 18. Se cumplieron 89 años del comienzo de las transmisiones de la XEW, La voz de la América Latina, desde México. Correspondió a Leopoldo de Samaniego abrir el micrófono, hacer sonar un tinglado para identificar a la estación radiofónica que proyectó e hizo realidad don Emilio Azcárraga Vidaurreta. Cumplió su sueño. Heredó a México un emporio que se convirtió en líder, primero de la radiodifusión y después de la televisión.
Desde sus inicios en los rudimentarios estudios, en la planta alta del edificio de la céntrica calle de 16 de Septiembre 23, comenzó la era de la radiodifusión mexicana. En esa dirección la planta baja la ocupaba el Cine Olimpia, también propiedad del tampiqueño que a sus 35 años de edad creó la radiodifusora que sería la cuna de actores, actrices, cantantes, compositores, argumentistas, locutores y surgía una inagotable fuente de trabajo.
Por cierto, antes de comentar sobre algunos pasajes de la ultrafamosa W, me encontré con un dato curioso e interesante: doce días antes de que se escucharan las voces de maestros en la locución como don Pedro de Lille, Leopoldo de Samaniego, Manuel Bernal y Ricardo ’El Vate’ López Méndez, había nacido el sábado 6 en San Antonio, Texas, Emilio Azcárraga Milmo y la estación principió el jueves 18 de septiembre. El niño traía su torta de superlujo.
ESCUELA FORJADORA DE ESTRELLAS
El señor Azcárraga Vidaurreta desde joven se introdujo en la incipiente industria radiofónica, a los 20 años dedicó su tiempo al comercio y después entró a la tarea que lo absorbería para siempre: la radio y con gran visión estructuró una empresa que en corto tiempo sería la escuela práctica, la casa de los soñadores artistas, el recinto que albergó a las grandes estrellas del espectáculo.
Mi comentario abarca algunos pasajes de la historia de la W, pues es muy amplio el tema. Si cito a todos locutores, a los señores de la voz gruesa y modulada, a los hombres del micrófono, abarcaría muchas páginas. He aquí algunos nombres, comenzando con el maestro Alonso Sordo Noriega, Nacho Santibáñez, Guillermo Núñez Keith, Pedro Ferriz Santacruz, Alfonso García, Luisito Cáceres, Luis M. Farías, Pepe Laviada y perdón por las omisiones involuntarias en este grupo de locutores nones. Los domingos por la tarde era imprescindible oír la transmisión de la corrida de toros, desde la Monumental Plaza México, en las voces del ’hondo y profundo’ Paco Malgesto y del carismático Carlos Albert, quien hablaba del patrocinador, la cerveza Corona.
Una etapa inolvidable fue la que intérpretes de la canción como Juan Arvizu, Néstor Mesta Chaires, Alfonso Ortiz Tirado, la primera que atrajo la atención en esos días fue la tapatía Lucha Reyes, pionera de la canción ranchera y que triunfó con ’El Herradero’, ’La Panchita’, ’La Tequilera’ y una docena más. Muchos años después la W abrió las puertas a Lola Beltrán y a Lucha Villa, por citar a dos de las grandes. En la década de los años 50 surgió con estilo propio, con vestidos pegados a su esbelto cuerpo, otra tapatía, María Victoria, hoy con 86 años a cuestas.
La lista de ellos, los cantantes, los compositores, los músicos también es extensa, anote Usted: Jorge Negrete, Pedro Infante, Luis Aguilar, Pedro Vargas, Agustín Lara, Hugo Avendaño y actores como Germán Valdés, Tin Tan, y Mario Moreno, Cantinflas. En esos estudios de las calles de Ayuntamiento 52, en pleno Centro de la Ciudad, Francisco Gabilondo Soler, Cri Cri, se convirtió en el ídolo de los niños, los que también eran atraídos por los cuentos vespertinos del querido ’Tío Polito’, nada menos que el personaje de don Manuel C. Bernal.
PROGRAMAS PARA LA FAMILIA
En cierta ocasión, terminada nuestra labor en la redacción del diario La Prensa, el gran amigo Fernando Marcos me comentó como la televisión había propiciado parte de la desintegración familiar y cómo la radio mantuvo por casi veinte a la familia en torno a los programas radiofónicos, por supuesto los de la XEW, sobre todo los sábados y domingos. La programación era apta para el público de todas las edades.
Por supuesto que a las nuevas generaciones, nacidas después de la mitad del siglo pasado, oír que había extraodinarios programas radiofónicos de entretenimiento, de diversión y de cultura, les suena muy raro. A mis hijos les tocó el juego del ’Nintendo’ y ’el Atari’, pero ya de radio, ¡nada! Y de Cri Cri si acaso lo conocieron por la película que protagonizó Ignacio López Tarso.
La familia se reunía para escuchar a los participantes en el programa de música mexicana ’Así es Mi Tierra’, con las voces de moda. Se distraía con las puntadas de Arturo Manrique, ’El Panzón Panseco’, junto con el yucateco Ramiro Gamboa, quien después tendría su serie como Tío Gamboín. Otro muy escuchado fue, los lunes, La Banda de Huipanguillo con el mazatleco José Ángel Espinosa, Ferrusquilla y su grupo de actores.
Con el galán y exlocutor Arturo de Córdova la novela de suspenso ’Apague la Luz y Escuche’, así como don Alejandro Cianguerotti en los episodios dominicales de ’La Sombra’ y qué decir de ’Las Aventuras de Carlos Lacroix’ con Tomás Perrín. De las series radiofónicas recuerdo ’Cárcel de Mujeres’, ’Chucho el Roto’ (aquí debutó el actor, hoy retirado, Manuel López Ochoa), Patricia Morán y Eusebia Cosme estremecían al radioescucha en el drama ’El Derecho de Nacer’ y hay mucho que comentar de esos años felices de la radio y en especial de la W, pero el espacio se acaba. Apuntaré que no podíamos perdernos ’El Monje Loco’ con Salvador Carrasco.
Se queda mucho en el tintero –así decíamos antes, al no incluir todo lo que reporteábamos --, solo añadiré que todos los días, especialmente por las tardes, había las largas filas de personas para entrar a los estudios, desde donde se transmitía ’en vivo’ la programación, en que también intervenían las orquestas de Juan García Esquivel, Pablo Beltrán Ruiz, Venus Rey, Juan García Medeles, Ismael Díaz, interpretando las composiciones de Gonzalo Curiel, Gabriel Ruiz, Agustín Lara y muchos más.
Divertidos los programas de concurso: ’El Cochinito’, donde el participante tenía que adivinar el nombre de la canción que se tocaba; ’Peso por Palabra’, al concursante le decían una letra y debía decir palabras con esa inicial; ’El Doctor IQ’ conducido por Jorge Marrón, ’servidor de Ustedes’, daba premios en efectivo a quien respondiera a sus preguntas sobre conocimientos generales, famoso por sus frases ¡Arriba a mi Derecha! y ¡Abajo a mi Izquierda! El más concurrido: ’Los Aficionados’, donde hombres y mujeres interpretaban canciones y a los desentonados ’el campanero’ los eliminaba. Ana María González ganó un concurso y después fue una de las intérpretes de Agustín Lara.
Habrá otra oportunidad para continuar con los recuerdos.
P.D. El miércoles pasado en el diario El Universal me llamó la atención la opinión emitida por el respetable y respetado jurista, catedrático y gran amigo Ignacio R. Morales Lechuga, quien escribió el artículo ’Perdón al narco y cárcel a contribuyentes’, del cual transcribo un párrafo y recomiendo busquen el texto completo. ’…se teje día con día otra monstruosidad que dará forma jurídica a considerar la evasión fiscal como un hecho criminal equiparable con el narcotráfico, el secuestro y la venta ilegal de combustibles. ¿Por qué el gobierno ruega y suplica a los narcos y delincuentes violentos que ayuden a conservar la paz social, y a los empresarios, productores y propietarios los amenaza de este modo con cárcel y les da tratamiento de delincuentes? El exrector de la Escuela Libre de Derecho profundizó en el desarrollo del tema. No se lo pierda.
jherrerav@live.com.mx

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