En las Nubes

Lascivia o lujuria

Carlos Ravelo Galindo

Lascivia o lujuria

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Septiembre 30, 2018 21:25 hrs.
Entretenimiento Nacional › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

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Al hermano periodista Jorge Reyes Estrada nuestro más profundo dolor por la pérdida del amor de su vida, Georgina Acero Moreno. A sus hijos Jorge Luis, Mónica e Isabel. A sus nietos Alejandro, Marco y Ana Paulina. A los hermanos de Coquis, como la llamábamos con dulzura, Gabriel y Gustavo, un beso con ternura de alguien que ya conoció la pena. Descansa en paz, igual que Bety su cuñada.
Cierto, no tenemos vergüenza. Los géneros compiten por el feminismo mal enfocado. Antiguamente muy guardado en secreto. Hoy, hasta aparecen en los teléfonos portátiles de senadores. Y le llaman pornografía. Antes era lascivia o lujuria. Ellas y ellos, se lanzan la culpa. Al cambiar impresiones con la escritora y médico Rosa Chávez Cárdenas, que por su profesión conoce mucho del tema, nos permite afirmar que el feminismo de estos últimos años se volvió también un rechazo a los hombres. Misantropía es el odio a los hombres y a la sociedad. Término, similar al machismo. Vaya, para entenderlo mejor, la misoginia de los varones. Hace unos días, nos platica doña Rosa, se dieron los resultados del Estudio ’Diagnóstico Acoso y otras formas de violencia Sexual en el Espacio Público’. Entre los indicadores el más destacado en las mujeres mayores de 15 años fueron las miradas lascivas en un 78 por ciento de las encuestadas. Confirmamos según el diccionario de la Real Academia Española, que la lascivia es la propensión a los deleites carnales, el deseo sexual o la lujuria sin control. La persona con lascivia mira al prójimo de manera morbosa o con intenciones sexuales. Otro de los indicadores son los piropos groseros y las ofensas verbales sobre su cuerpo. Según las encuestadas el lugar donde se sienten más inseguras es en la calle, y en el transporte público. Nos confiesa la también poeta jalisciense que ’sería bueno que pregunten más a fondo, porque sabemos los que tratamos el abuso sexual y la violación, que el agresor casi siempre está en su familia. Así las agresiones verbales, los golpes y el abuso sexual en los niños se debe a familiares cercanos. La mujer ha ganado a través de muchos años de esfuerzo el lugar que le corresponde en la sociedad. Hoy por hoy es independiente, autónoma, desempeña tareas que antes eran exclusivos de los hombres. La mujer no es inferior, ni superior al hombre, y no es indispensable competir contra ellos como a veces lo expresan. Las mujeres necesitan, un buen nivel de autoestima, seguridad en sí mismas, mantener el equilibrio sin perder su femineidad. No es necesario masculinizarse para desempeñarse en su vida laboral. Las que detestan a los hombres están convencidas que no los necesitan. Puede ser que padecen androfobia, un trastorno clínico, igual a cualquier otra fobia, según la persona en función de su miedo. Los síntomas se presentan con ansiedad, dificultad para respirar, sudoración excesiva, náuseas, temblores. Las fobias surgen de acontecimientos externos, eventos traumáticos, violación, abuso sexual, físico, abandono, emociones reprimidas, y los indirectos las creencias de las mujeres cercanas. Las que padecen androfobia aplican medidas para evitarlos. Y a pesar del temor a los hombres, llegan a casarse, igual que los hombres misóginos, porque la presión social es fuerte. Desde hace unos años vemos un feminismo muy al estilo norteamericano, en donde parece que el hombre es enemigo de las mujeres, donde ellas son víctimas y al hombre es el agresor. Es preocupante, en lugar de avanzar en cuanto a equidad de género, nos fuimos al otro extremo, porque esas campañas de la ONU, no abonan a la equidad de género. Las mujeres adultas, nos explica, pueden tomar consciencia, poner límites, denunciar ante un abuso sexual. Las niñas por miedo o amenazas en ocasiones no pueden defenderse. Tenemos que enfocarnos en instruir a los niños para que aprendan a identificar las señales de acoso, no con sobreprotección sino enseñarlas a poner límites. Tiene toda la razón cuando afirma que los hombres no siempre son un peligro. También hay mujeres que los acosan para obtener beneficios económicos y sexuales. El peligro si está en la calle en donde los delincuentes están al acecho de victimas para despojarlas de sus pertenencias, es ahí donde las mujeres son vulnerables. El gran problema es la impunidad. La delincuencia encuentra un campo libre como estafadores, vendedores de ilusiones, de productos milagro, las llamadas telefónicas, los cajeros de los bancos, hasta en los semáforos. Ahí es donde necesitan sentirse seguras. La anterior es una de las funciones a las que debe enfocarse la autoridad que a pesar de los recursos destinados, no ha cumplido. Porque la impunidad en nuestro país es uno de los principales problemas que nos aquejan. Sean los ciudadanos del género que sean. Así de simple.
craveloygalindop@gmail.com

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